Caso Monika Silva: La historia desconocida de la activista anticorrupción
Criada por madre soltera, la polaca trabajó desde pequeña, estudió gracias a una beca en Inglaterra y dedicó su vida a combatir la corrupción en Santa Elena

Amistad. Su amigo Ítalo asegura que ella se enamoró de Ecuador por su gente, sus paisajes y la comida.
Las claves que debes saber
- Monika Silva llegó a Ecuador en 2014 y convirtió a Montañita en el centro de su vida.
- Desde 2020 denunció presunta corrupción en Santa Elena y creó la fundación La Integridad.
- Amigos revelan amenazas y desgaste antes de su muerte ocurrida el 8 de junio de 2026.
“Mi Monika amada... fuiste mucho para un país donde todo se consigue con corrupción”. La frase apareció en Facebook la noche del 8 de junio de 2026, pocos minutos después de que se conoció la muerte de Monika Silva Koniuszek. La escribió Ítalo Pincay, abogado y uno de sus amigos más cercanos en Ecuador.
No era un comunicado, tampoco una reflexión elaborada. Era el desahogo ‘en caliente’ de alguien que todavía intentaba entender lo ocurrido.
Casi un mes después, aún no asimila la pérdida. Había acompañado a Monika durante años, no solo en procesos legales, como el divorcio de su expareja, un brasileño del que conservó el apellido Silva, sino también en las causas sociales que marcaron la última etapa de su vida.
Pero antes de convertirse en una de las voces más incómodas para autoridades y políticos de la provincia de Santa Elena, existió otra Monika. Una que llegó a Ecuador y en cuyos planes no estaba quedarse para siempre.
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Una fractura que los unió
Año 2014. Ítalo trabajaba en el área administrativa del Hospital Liborio Panchana, en Santa Elena, cuando llegó una turista polaca con un tobillo fracturado, tras sufrir un accidente mientras recorría el famoso balneario de Montañita.
Intercambiaron algunas palabras, luego sus contactos en redes sociales y cada uno siguió su camino. Durante los años siguientes mantuvieron una amistad distante. Monika continuó viajando por distintos países, más tarde se casó y hacia 2017 decidió establecerse definitivamente en Montañita.
Nunca le explicó con mucho detalle por qué eligió quedarse. Simplemente se había enamorado de Ecuador. “Le encantó Montañita, su gente, la comida ecuatoriana. Le gustaba esa unión entre la playa y la vegetación”, recuerda Ítalo.
La niña que recogía fresas
Aunque rara vez hablaba de sí misma, en algunas conversaciones le contó fragmentos de una infancia que estuvo lejos de ser sencilla. A su madre, quien era profesora, le tocó criar sola a Monika.
Desde pequeña la ayudaba trabajando en la recolección de fresas para aportar a la economía familiar. Creció sin la figura paterna. A pesar de esas dificultades, consiguió una beca para estudiar en Inglaterra por su rendimiento académico.
Ella amaba este país. Soñaba con un Ecuador donde la gente no se dejara vencer por la corrupción.
Según le contó a Ítalo, cursó la universidad en una de las instituciones más prestigiosas del mundo, donde se graduó en idiomas. Hablaba cinco lenguas con fluidez, una habilidad que después le permitió viajar y desenvolverse en distintos países antes de llegar a Ecuador.
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Cambio de rumbo
Para Ítalo, la Monika activista ‘nació’ recién en 2020. Durante la pandemia comenzó investigando presuntas irregularidades en contrataciones públicas del Municipio de Santa Elena. Él la orientó sobre cómo acceder a información pública y cuáles eran los límites legales al momento de hacer denuncias.
Pronto dejó de necesitar esa guía. Aprendió a revisar documentos, solicitar información oficial y contrastar datos antes de publicar cualquier acusación.
Las investigaciones sobre el sistema de alcantarillado y la planta de tratamiento de aguas residuales de Montañita marcaron el inicio de una actividad que ya no abandonaría. “Era muy investigadora. No se quedaba solo con la denuncia. Buscaba documentos y respuestas”.
La integridad
Con recursos propios viajaba constantemente entre Santa Elena, Guayaquil y Quito para asistir a audiencias, presentar documentos o impulsar las causas que defendía. “Nos enseñó a no quedarnos callados frente a las injusticias”, destaca Ítalo. Esa convicción también dio origen a la Fundación La Integridad (laintegridadec.org).

Monika Silva era de origen polaco y residía en Santa Elena.
Aunque desde la pandemia ya gestionaba ayuda para familias vulnerables, en 2024 decidió formalizar la organización. Ítalo la acompañó en el proceso legal.
La fundación quedó integrada únicamente por ella. No quiso incorporar ni siquiera a sus amigos. Su explicación fue sencilla: no quería que nadie más terminara siendo perseguido por acompañarla.
La organización mantuvo el trabajo social que Monika realizaba, repartiendo alimentos, medicinas y ayuda humanitaria, pero también nació con otro objetivo que para ella era irrenunciable: combatir la corrupción.
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“Estoy acorralada”
Ítalo admite que en los últimos meses la notó distinta. Conserva todavía un audio que prefiere no volver a escuchar. “Ítalo, estoy acorralada, estoy cansada”, le habría dicho la activista polaca.
Las múltiples demandas judiciales, las sanciones económicas y las amenazas habían comenzado a desgastarla. Años antes incluso tomó la decisión de sacar temporalmente a sus hijas de Ecuador, pues consideró que ya no estaban seguras.
Al principio atribuía esas intimidaciones a organizaciones criminales. Después comenzó a mencionar también a actores políticos.
Aun así, nunca dejó de insistir en que Ecuador era el país donde quería vivir. “Ella amaba este país. Soñaba con un Ecuador donde la gente no se dejara vencer por la corrupción”, menciona.
Ítalo guarda una mezcla de admiración y culpa. Dice que Monika encontró en Ecuador el lugar donde decidió criar a sus hijas, construir una comunidad y dedicar buena parte de su vida. Por eso lamenta que, pese a las denuncias públicas sobre las amenazas que recibía, nunca haya sentido que el Estado pudo protegerla. “Puedo dar fe de lo brillante, capaz y comprometida que fue Monika”, concluye.