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Diario Expreso Ecuador

25 años del 11s

Vuelo 93 del 11S: las 40 víctimas y el último acto de valentía que salvó vidas

Los pasajeros y tripulantes descubrieron en pleno vuelo lo que ocurría en Nueva York y Washington. Supieron que su avión sería utilizado como arma

Fotografía que muestra el Memorial del Vuelo 93 de United Airlines.

Fotografía que muestra el Memorial del Vuelo 93 de United Airlines.EFE

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El vuelo 93 de United Airlines debía cruzar Estados Unidos de costa a costa. Salió de Newark, Nueva Jersey, rumbo a San Francisco, California, a las 08:42 de aquel martes 11 de septiembre de 2001. Había despegado con retraso y llevaba 44 personas a bordo. Para casi todos era simplemente otro viaje. Solo cuatro de ellos sabían que el avión nunca llegaría a su destino.

Veinticinco años después, aquel retraso aparece como una circunstancia decisiva dentro de una de las historias más dramáticas del 11S. Mientras el Boeing 757 avanzaba hacia el oeste, Estados Unidos estaba siendo atacado. Los pasajeros comenzaron a enterarse de lo que sucedía en tierra y comprendieron algo aterrador: ellos también estaban dentro de uno de los aviones secuestrados y su aeronave probablemente sería utilizada como un arma.

Lo que hicieron después convirtió al vuelo 93 en el único de los cuatro aviones secuestrados aquel día que no alcanzó el objetivo previsto por los terroristas de Al-Qaeda. Los 40 pasajeros y tripulantes murieron, pero su decisión de enfrentarse a los secuestradores evitó que el avión llegara a Washington y, potencialmente, salvó cientos de vidas, según reconstruye la agencia EFE desde el Memorial Nacional del Vuelo 93, en Pensilvania.

Mientras Estados Unidos era atacado, ellos seguían volando

Apenas cuatro minutos después de que el vuelo 93 despegara, a las 08:46, el primer avión impactó contra la Torre Norte del World Trade Center, en Nueva York. A las 09:03, un segundo aparato golpeó la Torre Sur. A las 09:37, otro avión secuestrado se estrelló contra el muro occidental del Pentágono. Para entonces, la dimensión de lo que estaba ocurriendo empezaba a quedar clara.

En el vuelo 93, los cuatro secuestradores actuaron unos 46 minutos después del despegue. Irrumpieron en la cabina, se cree que asesinaron a los dos pilotos y tomaron el control del Boeing 757. Pero el retraso con el que había salido el avión jugó en su contra: dio tiempo para que pasajeros y tripulantes recibieran información sobre los otros atentados.

Stephen Clark, encargado de supervisar el parque nacional que preserva el lugar donde cayó el avión, explicó a EFE que 13 personas realizaron 37 llamadas a familiares y operadores de servicios de emergencia. Aquellas conversaciones les permitieron reconstruir lo que estaba ocurriendo fuera de la aeronave.

Ya no se trataba únicamente de un secuestro.

Entendieron que su avión iba a ser usado como arma”, explicó Clark a EFE. Cuando supieron que otro avión había impactado contra el Pentágono, comprendieron la dimensión de la amenaza y decidieron actuar.

Personas visitan el Memorial del Vuelo 93 de United Airlines, que recuerda veinticinco años después del 11S.

Personas visitan el Memorial del Vuelo 93 de United Airlines, que recuerda veinticinco años después del 11S.EFE

Una decisión tomada a miles de metros de altura

Según el relato recogido por EFE, los pasajeros y tripulantes se organizaron y votaron a favor de intentar recuperar el control del avión. No sabían si podrían lograrlo ni cuánto tiempo les quedaba. Pero también sabían qué podía ocurrir si permanecían sentados.

Las grabaciones recuperadas de la cabina de mando permitieron reconstruir parte de esos últimos minutos. Los secuestradores se dieron cuenta de que los pasajeros preparaban una reacción y el piloto terrorista comenzó a realizar maniobras para impedir que llegaran hasta la cabina.

En una de las grabaciones se escucha una voz que parece pertenecer a uno de los pasajeros gritando: “¡A la cabina, a la cabina, o moriremos!”, según recoge EFE.

La lucha continuó mientras el avión perdía estabilidad. El objetivo más probable de los secuestradores se encontraba en Washington, pero nunca llegaron hasta allí.

A las 10:03 y 11 segundos, el vuelo 93 cayó en un campo próximo a Shanksville, Pensilvania, aproximadamente 200 kilómetros al noroeste de la capital estadounidense. Clark explicó que la aeronave estaba completamente invertida, viajaba a unas 563 millas por hora —aproximadamente 906 kilómetros por hora— y descendía con un ángulo cercano a los 40 grados.

Faltaban alrededor de 18 minutos para llegar a Washington.

Los 40 murieron, pero el avión no alcanzó su objetivo

Ninguno de los 40 pasajeros y tripulantes sobrevivió. Tampoco los cuatro secuestradores. Sin embargo, el vuelo 93 fue el único de los cuatro aviones tomados por terroristas aquel 11 de septiembre que no consiguió completar el ataque planeado.

Los otros tres habían golpeado las Torres Gemelas y el Pentágono. Los atentados dejaron alrededor de 2.977 muertos, sin contar a los 19 secuestradores, y cambiaron para siempre la historia de Estados Unidos.

En el caso del vuelo 93, nunca podrá determinarse cuántas personas habrían muerto si el Boeing hubiese alcanzado Washington. Pero la resistencia a bordo impidió que una cuarta aeronave fuera utilizada contra otro objetivo lleno de personas.

“Creo, tal como han afirmado varios presidentes estadounidenses, que este fue el primer contraataque contra el terrorismo” en Estados Unidos, señaló Clark a EFE. Para él, lo extraordinario es precisamente quiénes protagonizaron aquella reacción: personas comunes que, enfrentadas a una situación extrema, decidieron resistir.

Fotografía que muestra flores en el Memorial del Vuelo 93 de United Airlines, que recuerda veinticinco años después del 11S, a los 40 pasajeros y tripulantes que perecieron en un campo de Pensilvania.

Fotografía que muestra flores en el Memorial del Vuelo 93 de United Airlines, que recuerda veinticinco años después del 11S, a los 40 pasajeros y tripulantes que perecieron en un campo de Pensilvania.EFE

Un campo convertido en lugar de memoria

El sitio donde terminó el vuelo es hoy el Memorial Nacional del Vuelo 93. El espacio conserva la memoria de los pasajeros y tripulantes mediante exhibiciones al aire libre, un muro con sus nombres, un museo y la denominada Torre de las Voces.

Allí también es posible reconstruir la cronología de aquellos minutos y escuchar algunos de los últimos mensajes que los pasajeros dejaron a sus familiares. Son registros de personas que, mientras intentaban despedirse de quienes amaban, también comprendían que debían decidir qué hacer frente a los secuestradores.

A 25 años del 11S, esa memoria enfrenta además un nuevo desafío: explicar lo ocurrido a generaciones que nacieron después de los atentados y para quienes las imágenes de las Torres Gemelas pertenecen ya a los libros, documentales y archivos de internet.

“Si olvidamos el 11 de septiembre o, en este caso, lo ocurrido con el vuelo 93, creo que estaríamos fallándole a nuestra comunidad y a las personas de todo el mundo”, dijo Clark a EFE.

El vuelo 93 nunca llegó a San Francisco. Tampoco llegó al lugar de Washington contra el que los terroristas pretendían utilizarlo. Terminó en un campo de Pensilvania con la muerte de todos sus pasajeros y tripulantes. Pero, en sus últimos minutos, 40 personas que entendieron que probablemente no podrían salvarse decidieron intentar salvar a quienes estaban en tierra.

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