MUNDIAL DE FÚTBOL
Donald Trump mete faul con la política en la Copa del Mundo y deja al fútbol herido
Si bien en el pasado siempre existieron sospechas sobre la intervención de los gobiernos en el fútbol, ahora ha quedado oficialmente registrado

Donald Trump reconoció que llamó a Infantino para abogar para levantar la sanción del goleador del equipo de Estados Unidos.
Lo que debes saber
- La intervención del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para lograr el levantamiento de la sanción al futbolista Folarin Balogun marcó una ruptura de la independencia del fútbol frente al poder político.
- La actuación de la FIFA tras la llamada de Trump alimentó cuestionamientos sobre la influencia política en las decisiones deportivas y afectó la credibilidad de la organización.
- Este episodio revive antecedentes históricos de injerencia política en el fútbol, como los ocurridos durante los mundiales de 1934 y 1978.
Hasta el cierre de esta edición no se conocía el resultado del partido entre las selecciones de Estados Unidos y Bélgica. Sin embargo, reinaba una certeza: pasara lo que pasara en la cancha, la institucionalidad del fútbol ya no sería la misma y, por ende, este deporte tampoco volvería a ser igual. Así gane Estados Unidos o Bélgica, ese partido y los que vengan en el futuro quedarán marcados para siempre por el hecho de que se rompió una regla sagrada del fútbol: la política se metió en el juego y lo hizo de la mano de un mandatario autoritario que, además, es el hombre más poderoso del mundo: Donald Trump.
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Si bien en el pasado siempre existieron sospechas sobre la intervención de los gobiernos en el fútbol, ahora ha quedado oficialmente registrado que lo que ocurra en la organización de los torneos puede estar determinado por los intereses del poder político.
La historia comenzó durante el partido entre EE. UU. y Bosnia-Herzegovina. En un momento del encuentro, la estrella del equipo estadounidense, Folarin Balogun, chocó con un adversario y le propinó un planchazo en el tobillo que, según muestran los videos, pudo haberle provocado una fractura de consideración. El árbitro consultó con el VAR y decidió mostrarle la tarjeta roja. Con ello, Balogun quedaba fuera de ese partido y del siguiente, previsto para ayer frente a Bélgica.
Pero Balogun no es un jugador cualquiera, sino la gran figura y goleador del equipo estadounidense. Y es aquí que entra el poder. Donald Trump llamó a Gianni Infantino, presidente de la FIFA y amigo suyo, y le pidió que ese organismo revisara la decisión. Dicho y hecho: pocas horas después, la FIFA decidió levantar la sanción contra Balogun y habilitarlo para disputar el partido frente a Bélgica.
Lo insólito es que este episodio no se manejó con la reserva con la que tradicionalmente se han tratado asuntos similares en la historia del fútbol. Por el contrario, los propios protagonistas lo contaron abiertamente. Durante la presentación en la Casa Blanca de un programa de cuentas de ahorro para bebés, el presidente de EE.UU. habló del tema sin el menor empacho e, incluso, con orgullo.
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Ginno Zambrano
¿Qué dijo Donald Trump?
“Lo que me pareció horrible fue la actuación del árbitro. De eso nadie habla. Todo el mundo habla de la tarjeta roja como si fuera lo normal, pero nadie habla de la decisión del árbitro. Yo ni siquiera sabía qué demonios era una tarjeta roja. Cuando me lo explicaron, dije: ‘Tiene que ser una broma’. Este tipo simplemente levanta la mano y, de repente, tu mejor jugador no puede jugar la semana siguiente o el próximo partido. Luego miré su historial y, bueno, digamos que no era precisamente muy bueno”.
Poco después, Infantino confirmó que había recibido la llamada de Trump, aunque intentó restarle dramatismo al episodio al asegurar que le había respondido que era necesario respetar la independencia de las instituciones del fútbol mundial. Más tarde, Mauricio Pochettino, seleccionador de EE.UU., también expresó su satisfacción por la decisión.
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Las suspicacias y la indignación surgieron de inmediato, pues el mandatario estadounidense y el presidente de la FIFA mantienen desde hace años una estrecha amistad. Es una relación construida sobre halagos y mutuas conveniencias entre dos personalidades complementarias: Trump busca permanentemente reconocimiento, mientras que Infantino ha demostrado ser un experto en complacer a los hombres más poderosos del planeta. No por casualidad, poco antes del Mundial le entregó un premio creado por él mismo: el Premio FIFA por la Paz. Lo hizo precisamente cuando Trump se quejaba de que la Academia Sueca no le había concedido el Premio Nobel de la Paz.
Los casos de intromisión de la política en los Mundiales
La intromisión de la política en el fútbol no es nueva. Sin embargo, ha sido tan perjudicial para la credibilidad del deporte que sus antecedentes son considerados pecados capitales.
Durante el Mundial de 1934 en Italia, Benito Mussolini intervino personalmente en la designación de los árbitros que dirigían los partidos de la selección italiana. Según el historiador Nacho Montes de Oca, el dictador cenaba con ellos la noche anterior a cada encuentro para dejar claro qué esperaba de su actuación.
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Valeria Alvear
En los cuartos de final frente a España, el árbitro belga Louis Baert permitió un juego extremadamente violento por parte de los italianos, especialmente contra las principales figuras españolas. En la semifinal frente a Austria, el árbitro sueco Ivan Eklind convalidó un gol italiano en una jugada en la que varios futbolistas empujaron al arquero austríaco dentro de su propia portería. Después de ese partido, Mussolini volvió a designar a Eklind para dirigir la final contra Checoslovaquia. Antes del pitazo inicial, el árbitro se ubicó frente al palco presidencial y realizó el saludo fascista dirigido al dictador. Italia terminó imponiéndose por 2-1, tras la prórroga.
También está, entre muchos otros casos, el evidente acuerdo entre la dictadura argentina y la selección peruana para que esta se dejara golear en el Mundial de 1978. Argentina ganó 6-0, cuando necesitaba vencer por cuatro goles de diferencia para avanzar a la siguiente fase, una hazaña que parecía improbable considerando la gran calidad del equipo peruano. Años después, varios futbolistas peruanos reconocieron que algunos de sus compañeros recibieron dinero, y salieron a la luz versiones sobre acuerdos políticos y económicos entre las dictaduras de Argentina y Perú.
El verdadero escándalo de esta historia no es únicamente que Trump llamara, sino que la FIFA reconociera la llamada y modificara una sanción firme.