El 11S no terminó aquel día: enfermedades y recuerdos persiguen a bomberos 25 años después
Miles de bomberos y rescatistas que trabajaron entre el polvo y los escombros de las Torres Gemelas viven hoy con enfermedades y secuelas de salud mental

El colapso de las Torres Gemelas dejó una enorme nube de polvo y escombros sobre Nueva York durante los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Las Torres Gemelas cayeron hace 25 años, pero para quienes corrieron hacia ellas mientras miles de personas intentaban escapar, el 11 de septiembre de 2001 nunca terminó del todo. El humo desapareció de Manhattan, los escombros fueron retirados y Nueva York reconstruyó el lugar donde ocurrió el peor atentado de su historia. En los cuerpos de miles de bomberos y rescatistas, sin embargo, quedó otra Zona Cero: 4.257 miembros del Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY) han sido diagnosticados con cáncer y 12.161 padecen al menos una enfermedad atribuida a la exposición a las toxinas del World Trade Center.
Aquella mañana, mientras Nueva York se convertía en un escenario de destrucción, miedo y muerte, ocurrió también una imagen que definiría el 11S: miles corrían para alejarse de las Torres Gemelas mientras policías, bomberos y equipos de emergencia avanzaban exactamente en la dirección contraria. Entraron para buscar sobrevivientes sin saber que el polvo que respiraban y que cubría sus cuerpos podía acompañarlos durante décadas.
Joe Conzo fue uno de ellos. Entonces era técnico de emergencias médicas. Hoy es uno de los miembros del Departamento de Bomberos diagnosticados con cáncer. “Veinticinco años es mucho tiempo, pero no hay un solo día en que no recuerde ese día”, cuenta a EFE.
Internacional
Donald Trump afirma que EE.UU. usará "todo su poder" para impedir otro ataque como el 11S
Agencia EFE
Corrieron hacia las Torres Gemelas
Conzo y su compañero escucharon que un avión había impactado contra una de las torres y se dirigieron al lugar. Cuando llegaron se encontraron con una ciudad huyendo. “Miles de personas” corrían para ponerse a salvo y únicamente policías y bomberos avanzaban hacia el desastre, recuerda.
Entonces escuchó un sonido que todavía puede describir 25 años después. Estaba entrando a un edificio cuando oyó un ruido parecido al de un tren. Su compañero comenzó a correr. Una de las torres se estaba desplomando.
La nube de polvo y humo se extendió por el Bajo Manhattan y Conzo fue alcanzado por los escombros. Lograron sacarlo. Buscó agua, se limpió el rostro y llamó a su madre. Después intentó localizar a su compañero para comprobar que seguía con vida. Y regresó.

Fotografía del 31 de agosto de 2026 que muestra a una persona observando el casco del capitán Patric John Brown, victima de los ataques del 11 de septiembre.
Permaneció en la Zona Cero hasta el día siguiente ayudando a sobrevivientes, muchos de los cuales fueron trasladados a hospitales de Nueva Jersey. Lo que respiró durante aquellas horas tardaría años en mostrar sus consecuencias.
En 2019 fue diagnosticado con cáncer de hígado. Después llegó otro diagnóstico: cáncer de páncreas. Las enfermedades, atribuidas a su exposición a las toxinas, terminaron obligándolo a retirarse. Actualmente lleva siete años en remisión y se dedica a la fotografía, una actividad que aprendió cuando era niño en El Bronx.
“Perdí a muchos amigos y todavía hay muchos enfermos”, dice a EFE.
El polvo que no desapareció con los años
Después de los atentados, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) aseguró que, tras realizar un “riguroso monitoreo”, tanto el agua potable como el aire del Bajo Manhattan eran seguros. Un cuarto de siglo después, las cifras muestran la dimensión de los problemas de salud que enfrentan quienes trabajaron en el World Trade Center.
Según el informe citado por EFE, 12.161 miembros del FDNY han sido diagnosticados con al menos una enfermedad atribuida a la exposición a las toxinas. De ellos, 10.562 están certificados por alguna afección de salud física y 4.496 por al menos un problema relacionado con la salud mental.
Internacional
Claves de la reanudación de los combates en Yemen: más de 500 muertos tras la tregua
Agencia AFP
El cáncer ocupa un lugar especialmente duro en esas estadísticas. 4.257 miembros del Departamento de Bomberos han recibido ese diagnóstico y alrededor de un millar ha padecido más de un tipo de cáncer.
Pero detrás de cada número existe una historia como la de Conzo. O como la de Izzy Miranda.
“Parecía algodón en la boca y no podía respirar”
Miranda era instructor en la academia de bomberos cuando ocurrió el atentado. Posteriormente llegaría a presidir el sindicato de técnicos de emergencias médicas, paramédicos e inspectores de incendios del Departamento de Bomberos. Asegura que los recuerdos de aquella jornada permanecen guardados como en una “cajita” dentro del cerebro.
Cuando supieron que un avión había impactado contra una torre, Miranda salió de la academia junto con otros técnicos, policías y bomberos. En medio del caos y de una enorme congestión vehicular, detuvieron un autobús de la ciudad, hicieron bajar a los pasajeros y lo utilizaron para dirigirse hacia el World Trade Center. Llegaron antes de que cayera la primera torre.

Fotografía del 31 de agosto de 2026 que muestra personas observando el camión de bomberos Ladder 3 del FDNY gravemente dañado.
Desde abajo veían humo y objetos descendiendo desde los edificios. Al principio podían parecer papeles. Cuando miraban con atención entendían que no lo eran. Eran personas lanzándose desde las torres.
Miranda estaba dentro de uno de los edificios buscando sobrevivientes cuando escuchó un estruendo que comparó con un terremoto. La estructura estaba cayendo. Intentó alejarse, pero la gigantesca nube de polvo terminó alcanzándolo.
“Parecía como algodón en la boca y no podía respirar”, recuerda a EFE. Se refugió debajo de un camión y utilizó un pañuelo para cubrirse la nariz y la boca mientras le ardían los ojos.
Unos 15 minutos después consiguió entrar a un edificio para lavarse. Y, como Conzo, también regresó.
Antes buscaban sobrevivientes; después, cómo identificar los cuerpos
Miranda permaneció tres días en la Zona Cero. Las primeras horas estuvieron dedicadas a sacar personas con vida. Después del derrumbe de las torres, el trabajo cambió brutalmente.
“Antes de caerse las torres, sacábamos gente que trabajaba ahí. Después, la mayoría eran cuerpos desmembrados”, relata.
Entonces comenzó otra tarea: buscar cualquier elemento que permitiera devolverle un nombre a los restos encontrados. Un tatuaje, una sortija, una joya. Cualquier detalle podía ayudar a identificar a una víctima. Miranda también trabajó en la morgue improvisada instalada en el lugar.
Años más tarde, desde el sindicato lucharía para conseguir beneficios médicos para los compañeros afectados por el 11S. Él tampoco escapó de las consecuencias. Fue diagnosticado con apnea del sueño debido a problemas en las vías respiratorias y tuvo que someterse a dos operaciones de nariz por los efectos de la exposición a los químicos.

Fotografía del 31 de agosto de 2026 que muestra una flor puesta en el Monumento y Museo Nacional del 11 de Septiembre en Nueva York (Estados Unidos).
Más de 600 miembros del FDNY han muerto
El paso del tiempo añadió víctimas a una tragedia cuyo balance no quedó cerrado el 11 de septiembre de 2001. De acuerdo con el Departamento de Bomberos citado por EFE, más de 600 miembros del FDNY han muerto por enfermedades que se sospecha están relacionadas con el 11S.
Son hombres y mujeres que sobrevivieron al derrumbe o participaron posteriormente en las labores de emergencia, pero cuya exposición al polvo, humo y sustancias presentes en la Zona Cero terminó marcando su salud.
Por eso, para muchos rescatistas, conmemorar los 25 años del atentado no significa únicamente recordar a quienes murieron cuando cayeron las Torres Gemelas. Significa también mirar a quienes lograron salir de allí y continúan enfrentando las consecuencias.
Nueva York reconstruyó la Zona Cero. Ellos tuvieron que aprender a vivir con ella.