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Reencuentro. Una treintena de vicentinos, de unos ochenta que conforman la confraternidad de vicentinos de la promoción que se graduó en 1970.Christian_Vasconez

Vicentino para toda la vida

La confraternidad Ab. Antonio Sánchez Poveda cumple 50 años de graduada, entre nostalgias y orgullo.

Han pasado 50 años desde que se incorporaron. Tienen canas, algunos caminan ayudados con bastón, otros prefirieron tomar el ascensor para acceder al lugar de la cita, en un tercer piso, y otros tantos no pudieron llegar.

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Los que vinieron a EXPRESO están uniformados, como en lunes. Planchados, casi almidonados. Con la camisa blanca, el respectivo bolsillo institucional con un ‘VR’ azul marino bordado, el pantalón caqui, los zapatos negros... Solo le faltaron las mochilas. Esas viven en el recuerdo de esta, la Confraternidad de Vicentinos de la Promoción 1969-1970 Ab. Antonio Sánchez Poveda.

Es miércoles 22 de enero de 2020 y ellos cumplen la visita a este Diario como parte de su agenda de actividades para celebrar los 50 años de su graduación.

De la promoción de ese año salieron 213 bachilleres, 30 de ellos fallecieron ya. Y, de los restantes, al menos el 50 % es parte de este grupo que ayer se citó en un hotel de Guayaquil en nombre de la nostalgia.

Recuerdan a la ciudad de 1970, con su Urdesa como símbolo de ‘aniñadez’ y a las aguas del Salado tan transparentes que cualquiera se metía en ellas después de clases.

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Era el Vicente Rocafuerte, en aquel tiempo, ese colegio fiscal al que muchos preferían, incluso los no tan pobres, por su prestigio y reconocida educación, avalada por los trece presidentes que pasaron por sus aulas. El más sonado, Jaime Roldós. Washington Orrala, uno de los fundadores de la confraternidad, lo recuerda.

“Cuando él entraba al aula, lucía siempre impecable. No necesitaba alzar la voz para que lo escuchen. Sus clases de Literatura Española parecían aprendidas de memoria. Eran cátedras de oratoria. A mí sí me dio clase”, remarca. Vicente Ripalda, uno de sus compañeros, lo confirma entre risas. “Sí pues, tú te quedaste para (el examen de recuperación de) abril. ¿Te acuerdas?”. El auditorio estalla en carcajadas.

  • 213 estudiantes pertenecen a la promoción 1969-1970. Treinta de ellos fallecieron, más de la mitad pertenece al grupo.
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Ofrenda. Un arreglo floral fue colocado en el busto de Vicente Rocafuerte.Christian_Vasconez

Una ola de recuerdos aparece en los labios de muchos, una vez retomado el silencio.

Marcelo Ortiz resalta al Comité de Festejos de ese tiempo. “Era el más importante de la ciudad. Los vicentinos buscábamos a las reinas de todos los colegios y, en una noche de gala, elegíamos a la reina de reinas. Llegaban todos los estratos sociales a ver las cuatro orquestas y bailar con guaguancó”.

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Eran días en que al colegio Dolores Baquerizo, que quedaba cerca, llegaban a estudiar solo “las aniñadas de Urdesa”, pinta sobre el rompecabeza de momentos Vicente Ripalda. “Un día llegaron unos del Aguirre a tirar piedras a ese colegio y los del Vicente las defendimos. Luego de ese suceso, las que antes nos trataban de ‘cholos’ empezaron a hablarnos, incluso una delegación del Vicente fue invitada a hacer un show”. Ripalda se casó con una del Dolores Baquerizo.

Marco Molina rescata la “rebeldía real” de aquellos tiempos. “Éramos laicos. Exigíamos una ciudad correcta. Rodeamos a (José María) Velasco Ibarra (expresidente) cuando querían tocarles el bolsillo a nuestros padres. La acción rebelde vicentina se hizo notar siempre”.

Sobre ese aspecto, José Idrovo recuerda la inolvidable toma de la Casona Universitaria, para la supresión de exámenes de ingreso a la universidad, el 9 de mayo de 1969.

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Si de algo están orgullosos los vicentinos es de su preparación. Marcelo Ortiz saca pecho. “Es una institución de instituciones, que tuvo a maestros de maestros. Llegamos a conocer bibliotecas que ni siquiera sabíamos que existían, y cuando entrábamos a la universidad, aprobamos con las mejores calificaciones”, recuerda. De allí que, de esa promoción, más del 80 % logró profesionalizarse.

La confraternidad nace formalmente hace 25 años, luego de que un grupo de vicentinos eche sobre la mesa la idea, en una conversación convencional en el Club Casa del Médico. Allí estaban Jorge Coello, Miguel Cobeña, Arturo Cevallos, Santiago Rangel y Washington Orrala. Todos médicos, todos exalumnos.

Se unió a la causa, en ese tiempo, Antonio Sánchez Poveda (+), el entusiasta que más colaboró con los esfuerzos de hallar a otros compañeros y cuyo nombre se inmortalizó en el de la confraternidad.

No fue fácil engordar la lista hasta la cifra de ochenta almas. Hace 25 años no había redes sociales. “Teníamos que buscarnos con canto de gallo y señales de humo”, bromea uno de los presentes.

Han pasado 50 años desde que se graduaron. Ellos terminaron su reencuentro con la entrega de una ofrenda floral, una misa y una cena. Vendrán otras citas de este tipo. Después de todo, se es vicentino para toda la vida.

  • Los Profesionales

El 80 % de la promoción 1969-1970 logró un título profesional. De 213 alumnos, 34 son médicos.

  • Edades

Los graduados oscilan entre los 67 y 70 años. Por tratarse de lo que ellos llaman “una edad delicada”, no todos pudieron asistir.

  • Maestros queridos

Jaime Roldós, Alejandro Román, Francisco Jiménez y Teo Constante fueron algunos de los maestros favoritos.