análisis
Vía a la Costa atrapada: el problema que deja a miles sin rutas alternas
Gusta repetir que es un polo de desarrollo, pero es más un sánduche de tercermundismo. Falta mirar hacia adentro y construir hacia arriba

La vía a la Costa durante una fuerte carga vehicular.
Vía a la Costa: tres claves para entender el caos vehicular
- Sin vías alternas: Un accidente puede colapsar la vía a la Costa por la falta de rutas capaces de absorber el tráfico.
- Crecimiento desordenado: Urbanizaciones, comercios, industrias y colegios se expandieron en un corredor limitado por manglares y bosques protectores.
- Carga pesada: Se plantea restringir su circulación en horas pico como una medida para reducir la congestión y los riesgos viales.
La mañana del miércoles 23 de septiembre de 2026, la vía a la costa amaneció con el tráfico colapsado debido a un accidente de tránsito que había ocurrido a la altura del kilómetro 12. Una escena ya bastante frecuente para los habitantes del sector, producto de su crecimiento plano, lineal y desordenado desde la fundación de sus primeras urbanizaciones en las décadas de los ochentas y noventas.
Para mayor agravio de algunos residentes de la zona, la autoridad competente se pronunció para dar una recomendación bastante risible: “tomar vías alternas”. “¿Cuáles vías alternas?” es la pregunta (en su versión amigable para todas las edades) que seguramente se hicieron.
Y es que tal vez ya sea muy tarde para que vía a la costa construya rutas alternas que realmente sirvan para redirigir el tráfico en caso de accidentes: por un lado está el manglar, protegido, y por el otro los bosques protectores. El único intento de construir una especie de vía alterna, el controvertido proyecto del túnel de Cerro Blanco, ni siquiera fue pensando para alivianar la carga del tráfico en el sector o para racionalizar de alguna forma el diseño urbano de la amorfa y atrofiada ciudad de Guayaquil.
Su objetivo era facilitar el acceso al proyecto del nuevo aeropuerto en Daular, una propuesta socialcristiana en la que algunas personas ya habían invertido, pero que el Gobierno Nacional ha descartado en pro de construir una nueva terminal aérea regional en la zona de Taura (a donde no se mete ni el Cuco por estos días).
"Guayaquil, si busca un futuro sostenible, debe mirar hacia adentro y construir hacia arriba".
¿Polo de desarrollo o tercermundismo?
A todo el mundo le gusta repetir que vía a la costa es un polo de desarrollo, pero resulta más adecuado llamarla un sánduche de tercermundismo: una montón de ciudadelas, plazas comerciales, centros educativos, plantas industriales y canteras emparedadas entre el manglar y los cerros, o un montón de compuestos urbanos embutidos en una fina lámina metida entre dos panes orgánicos.
Guayaquil
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En ese sentido es muy parecida al otro polo de la metrópolis guayaquileña, la vía a Samborondón, atrapada entre dos ríos, aunque al final se encuentren en cantones distintos. El problema es que son habitados por la misma gente con su misma necedad y deseo de hacerse muy ricos muy rápido apostándole a las rentas adquiridas a través de la explotación del suelo. Cosa, por supuesto, muy criolla.
Pero no debemos pensar que todo está perdido. Es posible, aunque conviene darle la palabra primero a los expertos, el imaginar una alternativa real para mejorar el flujo del tráfico, sobre todo después de los accidentes. Claro, también habría que pensar en cómo cuidar que los municipales de ahora (si es que ahí siguen) o los del futuro (que a lo mejor resulten ser los mismos del pasado) no hagan su feria otorgándole permisos de construcción a Raimundo y todo el mundo alrededor de esa hipotética vía.
Otra cosa que puede y debe hacerse: implementar una ordenanza para restringir el tránsito de la carga pesada que va al puerto de Posorja a ciertos horarios, idealmente nocturnos o al menos alejados de las horas pico.
Guayaquil
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Reclamarán, por supuesto, las empresas del puerto y algunas exportadoras, pero habrá que contestarles con los hechos: los accidentes provocados por los vehículos de carga pesada son frecuentes y las sanciones contra sus conductores van en aumento. Habrá que recordarles también que la congestión prolongada del tráfico causada por ellos le genera pérdidas económicas y de calidad de vida (es decir, económicas) a un montón personas.
Un tema de fondo en discusión
El tema de fondo, sin embargo, y uno que si lo interiorizamos nos puede ahorrar muchos dolores transitando por las vías del futuro, es que los guayaquileños no tenemos un concepto de ciudad ni de vecindad, a duras penas conoceremos alguna idea semejante a la civilización (y esto es cierto de muchísimos otros ecuatorianos, tan solo hay que ver el crecimiento desordenado y las propuestas de desmembramiento cantonal en la capital de la República). Sin tantas garitas y muros ni garitas detrás de garitas (cosa más ridícula que uno se topa con frecuencia en vía a la costa) y sin tanto miedo a la densidad, es decir, a la vecindad íntima, el trazado de la ciudad se desarrollaría de una forma menos difícil de transitar y de administrar.
Guayaquil, si busca un futuro sostenible, debe mirar hacia adentro y construir hacia arriba. Pero antes podría también mirar el reloj y ponerle orden a sus vías.