Un vecino incomprendido: conoce a la zarigüeya, el marsupial que se pasea por Guayaquil
'Didelphis marsupialis' es el nombre científico de las zarigüeya frecuentemente encontrada en el perímetro urbano de la ciudad

Las zarigüeyas son animales silvestres que llegan a la ciudad en busca de comida y refugio. Tras alertas ciudadanas, personal de Segura EP los rescatan para devolverlos a su hábitat.
Lo que debes saber
- Se alimentan principalmente de insectos y vertebrados pequeños.
- Son importantes para la dispersión de semillas y el control de ciertas plagas.
- No representan un peligro para humanos ni mascotas.
Se las suele confundir con ratas gigantes por sus colas, pero no son roedores: la zarigüeya común de orejas negras (Didelphis marsupialis) es la especie de marsupial más grande del país, y los guayaquileños la pueden ver con frecuencia en ciertas partes del perímetro urbano, pues la ciudad está edificada sobre su hábitat.
A pesar de tener mala fama, se trata de un animal importante para la dispersión de semillas, y el control de ciertas plagas.
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Un animal incomprendido
Los marsupiales, animales cuyas crías dejan prematuramente el útero y terminan de desarrollarse en sus bolsas abdominales, no viven solamente en Australia.
También se los puede encontrar en las calles y alrededores de Guayaquil: la zarigüeya común de orejas negras todavía es parte de la fauna urbana comúnmente observada por los ciudadanos.
La población ecuatoriana de esta especie, que está distribuida desde el noroeste de México hasta Bolivia, vive principalmente en provincias costeras, pero también se la registra en la Sierra y la Amazonía.
Son omnívoras, pues se alimentan tanto de insectos y vertebrados pequeños como de frutos, dependiendo de lo que esté disponible.
Esta flexibilidad en su dieta las hace aptas a vivir en contextos intervenidos por humanos, pero esta cercanía las pone en riesgo.
Frecuentemente son atacadas por perros, por ejemplo, y por personas que piensan que van a atacar a sus gallinas o que las confunden con ratas.
Además son habitualmente atropelladas y electrocutadas por rejas que delimitan propiedades.
Expertos recomiendan dejarlas solas o llamar a las autoridades ambientales mediante el 911 si se encuentran en lugares donde podrían estar bajo amenaza, como en domicilios.
Su única reacción al peligro es entrar en un estado catatónico involuntario, por lo que no representan un riesgo para seres humanos ni mascotas.
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