incendio
Unos vecinos le prestaron la cama para que pueda descansar en compañía de sus gatos.Cortesía

El damnificado de un incendio duerme en una covacha de zinc y palos quemados

Los parientes le construyeron una casa temporal a Ángel Alberto Plazarte, de 55 años. El flagelo fue en el Paraíso de Flor de Bastión, noroeste de Guayaquil

El incendio le quitó todo, menos sus esperanzas. El pasado martes 25 de octubre, un flagelo consumió la vivienda de caña de Ángel Alberto Plazarte, ubicada en el Paraíso de Flor de Bastión, noroeste de Guayaquil.

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El hombre, de 55 años, no ha querido moverse del sitio, que para él tiene gran significado e importancia porque allí vivió con sus padres y ese terreno es parte de su herencia.

Sus dos hermanas han querido llevarlo a dormir a sus casas (una vive en Pascuales y la otra por la Ladrillera), pero él insiste en permanecer en su vivienda. Les dice que no se preocupen, que es solo una prueba de Dios, que confía en su misericordia y que su presencia estuvo con él aquel día.

Parientes con algunos zinc y palos que quedaron del flagelo le construyeron una covacha, y un vecino le prestó una cama para que duerma. Debajo de este mobiliario ajeno están sus acompañantes, cuatro gatos pequeños y su madre. En el incendio, dos mininos de Ángel murieron calcinados.

Ángel se dedicaba a vender productos de higiene (papel higiénico, pasta dental y cepillos de dientes) y hasta eso perdió. Él no reniega. Está triste, pero no reniega, pues tiene la certeza de que superará esta dura prueba.