Recontruyendo la ciudad
Construir sin borrar lo que existe: la arquitectura parasitaria que estudiantes prueban en Guayaquil
La Universidad de Guayaquil llevó a la realidad un proyecto de arquitectura parasitaria. Estudiantes crearon un módulo adaptable con madera y ensambles

La Organización Modular Lineal pasó de ser una propuesta académica a un espacio utilizado por la comunidad universitaria para descansar y estudiar. En la imagen, algunos de los autores del prototipo.
Los puntos claves
- Un grupo de 45 estudiantes de Arquitectura de la Universidad de Guayaquil convirtió un ejercicio académico en un módulo construido que ya usa la comunidad universitaria.
- La Organización Modular Lineal (OML) fue diseñada para aprovechar una estructura existente sin dañarla y crear nuevos espacios para descansar, estudiar o trabajar.
- La arquitectura parasitaria propone reutilizar edificios, terrazas y espacios desaprovechados para crecer dentro de la ciudad sin ocupar nuevos terrenos.
- Docentes del proyecto consideran que este modelo podría aplicarse en Guayaquil para recuperar espacios urbanos subutilizados y transformar edificaciones existentes.
A simple vista parece una banca de madera más. Sin embargo, basta observar cómo se sostiene para descubrir que no descansa sobre el suelo, sino que se abraza a un edificio sin alterar su estructura. Esa es la esencia de la arquitectura parasitaria o parásita, un concepto poco conocido en Ecuador que un grupo de estudiantes de la Universidad de Guayaquil decidió sacar del papel para demostrar que también puede convertirse en una herramienta para repensar la ciudad.
Del aula a la ciudad: una estructura que dejó de ser maqueta
Todo comenzó con planos, maquetas y largas jornadas de diseño. Pero en lugar de quedarse como un ejercicio académico, la propuesta terminó convertida en un módulo de madera denominado Organización Modular Lineal (OML), una estructura que hoy ya es utilizada por la comunidad universitaria para descansar, estudiar o elaborar maquetas y que, además, abre el debate sobre una forma distinta de aprovechar los espacios urbanos.
El proyecto forma parte de la materia Proyecto 6, dedicada a la experimentación arquitectónica. Cerca de 45 estudiantes de sexto semestre de la Facultad de Arquitectura, distribuidos en 13 grupos, trabajaron durante todo el semestre bajo la guía de los arquitectos y catedráticos Sebastián Almeida y Aimee Delgado, quienes decidieron convertir la asignatura en un ejercicio que fuera más allá del diseño y enfrentara a los alumnos a los desafíos de una obra real.
Guayaquil
Escalinatas en Guayaquil: El desafío es convertir lugares de paso en espacios vivos
Juan Ponce Merchán
“No queríamos que el prototipo se quedara en un dibujo o un ‘render’. La idea era construirlo y que los estudiantes vivieran todo el proceso. Y eso ha sido lo más gratificante”, le detalla a EXPRESO Almeida, quien además es parte del Grupo de Arquitectura Parasitaria (GAP) y líder del Laboratorio de Construcción de Materiales (COMA).

Una banca que no descansa sobre el suelo: el módulo explora cómo la arquitectura puede adaptarse a construcciones existentes.
Durante varias semanas, cada equipo desarrolló una propuesta bajo un mismo desafío: crear una intervención capaz de aprovechar una estructura existente sin dañarla. Las ideas fueron sometidas a sesiones de crítica con docentes, arquitectos invitados e incluso un ingeniero calculista que evaluó su viabilidad estructural. Finalmente, un jurado eligió el proyecto que sería construido por el equipo ganador, integrado por Valeria Rosado, Juan Alarcón, Adriana Mejía y Alessia Madrid, autores de la propuesta; y Jesús Zúñiga, quien se encargó de guiar el proceso constructivo. Aunque ellos lideraron la ejecución, la etapa de montaje involucró a alumnos de los tres cursos de Proyecto 6.
Cuando una banca se convierte en una idea de ciudad
El resultado fue la Organización Modular Lineal (OML), un módulo pensado para responder a una necesidad cotidiana dentro del campus. “Queríamos tener más espacios dentro de la universidad para realizar actividades, era un ganar-ganar. Este nuevo artefacto beneficiaba mucho a la comunidad universitaria, además de que estéticamente se ve lindo. Es funcional”, explica Madrid, quien anhela ver replicadas estas estructuras en la urbe.
Guayaquil
El centro de Guayaquil ya no se habita: el abandono lo dejó en manos del miedo
Diana Sotomayor
Qué es la arquitectura parasitaria y cómo funciona
Aunque el nombre pueda sonar extraño, la arquitectura parasitaria no busca invadir ni reemplazar edificios existentes. Su principio, explican los docentes, se centra en aprovechar estructuras ya construidas, para incorporar nuevos espacios funcionales sin alterar la edificación principal y a costos más bajos.
“No se trata de construir de cero, sino de reutilizar el potencial de edificios que ya forman parte de la ciudad. Casas, oficinas o espacios comunitarios pueden levantarse sobre, entre o junto a construcciones existentes, aprovechando infraestructura ya instalada y evitando seguir ocupando nuevos terrenos”, resume Almeida.
Este trabajo nos hace ver que en Guayaquil existen muchos espacios para aprovechar, para hacerlos verdes, habitables y funcionales, con vida.
El docente explica que el término proviene de la biología, aunque en arquitectura la relación se acerca más a la simbiosis que al parasitismo. “El edificio aporta la estructura donde el nuevo elemento puede sujetarse, pero sin dañarlo. Si mañana nos dicen que retiremos el módulo, puede desmontarse y el edificio queda intacto”, aclara.

Sebastián Almeida y Aimee Delgado convirtieron la materia Proyecto 6 en un ejercicio práctico donde los alumnos enfrentaron el reto de construir un prototipo real.
Para Delgado, el concepto también representa una alternativa para construir de forma más sostenible. “Al apoyarse en una estructura existente, se reducen el consumo de materiales y el impacto ambiental de nuevas construcciones. Es una estrategia que impulsa una ocupación más eficiente y sostenible del entorno urbano”, especifica.
Ambos coinciden en que este modelo cobra relevancia en ciudades donde el suelo disponible es cada vez más escaso y costoso. En lugar de expandir constantemente la mancha urbana, plantea reutilizar azoteas, terrazas, patios o edificaciones parcialmente desocupadas para responder a nuevas necesidades habitacionales o comunitarias.

Este es el LoftCube construido en Berlín, Alemania.Es un módulo prefabricado diseñado para instalarse sobre las azoteas de edificios.
Más que una corriente arquitectónica, consideran que se trata de una nueva manera de entender el crecimiento de las ciudades: reutilizar antes que demoler y adaptar antes que expandir.

La estructura fue desarrollada por estudiantes de sexto semestre de Arquitectura como parte de un ejercicio de experimentación arquitectónica.
Quito ya puso a prueba una vivienda sobre un edificio existente
Aunque el concepto todavía resulta novedoso en el país, ya existe un antecedente que demuestra su viabilidad.
En 2019, el estudio quiteño El Sindicato Arquitectura construyó la denominada Casa Parásito, una vivienda de apenas 12 metros cuadrados instalada sobre la terraza de un edificio del barrio San Juan, en Quito. El proyecto, publicado entonces por la BBC, incorporó cocina, baño, dormitorio, almacenamiento y un área para trabajar o socializar. La propuesta demostró que las estructuras existentes también pueden convertirse en nuevas oportunidades de ocupación urbana y nació precisamente para evidenciar que muchas ciudades no tienen un problema de falta de espacio, sino de cómo utilizan el que ya poseen.
Guayaquil
Turismo en Guayaquil: los atractivos olvidados más allá del Malecón 2000
Juan Ponce Merchán

La Casa Parásito, construida por el estudio quiteño El Sindicato Arquitectura, es uno de los antecedentes de esta corriente en Ecuador.
¿Puede funcionar en Guayaquil? Para Almeida, la respuesta es sí. Durante el desarrollo del proyecto universitario, el grupo de investigación analizó casos como las Casas Colectivas de la Gómez Rendón y otros conjuntos habitacionales de Guayaquil para estudiar cómo la arquitectura parásita podría convertirse en una alternativa para recuperar espacios hoy desaprovechados.
“Guayaquil podría aprovechar mucho este tipo de arquitectura. Hay espacios pequeños que requieren transformaciones. Si se hace de manera planificada, incluso podrían incorporarse fachadas verdes y recuperar sectores deteriorados”, plantea.
El docente reconoce, sin embargo, que el desafío no depende únicamente del diseño. También requiere estudios estructurales, cambios normativos y un trabajo conjunto con las comunidades que habitan esos espacios.

Uno de los referentes internacionales es Parasite Office, del estudio ruso Za Bor Architects. La propuesta plantea una oficina suspendida sobre la fachada de un edificio existente,
Delgado coincide y considera que este tipo de propuestas podrían representar una oportunidad para ciudades con edificaciones en desuso. “La propuesta plantea una relación de coexistencia entre lo antiguo y lo nuevo, donde ambas partes se complementan. Hoy la idea es aprender dentro del campus y luego, con apoyo de instituciones públicas y privadas, llevar este tipo de proyectos hacia otros espacios urbanos. Sería lo ideal”.

Para el docente Sebastián Almeida, el mayor reto era demostrar que la arquitectura también se aprende construyendo y enfrentando desafíos reales.
El desafío detrás del prototipo
Pero el aprendizaje no estuvo únicamente en el diseño. El reto, aseguran los estudiantes, apareció cuando la propuesta dejó la maqueta y pasó a convertirse en una estructura real.
Muchos nunca habían utilizado herramientas de construcción ni participado en una obra. Durante las últimas semanas del semestre (aproximadamente seis, tras la selección del proyecto ganador) aprendieron sobre cimentación, niveles, ensambles, presupuestos y organización del trabajo. Aunque la propuesta fue elegida entre los proyectos desarrollados por la clase, la etapa de construcción involucró a estudiantes de los tres cursos de Proyecto 6, no solo a los integrantes del equipo ganador.
e linda y todo, pero ya cuando la llevas a la obra es diferente. El desafío es muy grande; pero el aprendizaje, aún mayor. Fue increíble.
La estructura, elaborada principalmente con madera de laurel y caracolillo, permitió probar un sistema modular de uniones y conexiones entre piezas, con apoyo de elementos de fijación entregados por una empresa privada.
Quienes ya tenían experiencia en construcción, como el estudiante Jesús Zúñiga, ayudaron a orientar al resto del equipo durante el montaje. En el proceso surgieron desafíos como ajustar medidas, corregir niveles y lograr que la estructura quedara estable.
La diferencia entre dibujar una idea y construirla terminó siendo una de las principales lecciones del semestre, aseguró Juan Alarcón, uno de los autores del prototipo. “Una cosa era lo que decía la maqueta y otra muy distinta fue llevarla a la realidad”, reconoció.
Guayaquil
Un corredor verde que 'conecta' la Universidad de Guayaquil: detalles de la propuesta
Juan Pablo Pérez Tomalá
El simple hecho de manipular herramientas y llevar lo que estoy proponiendo en maqueta a la realidad fue un gran reto. Un gran salto.

Planos, cálculos, cortes y ensamblaje formaron parte del trabajo que permitió convertir una idea de aula en una estructura. En la imagen, el equipo ganador del prototipo junto a sus docentes.
La estructura finalmente quedó instalada dentro del campus, en una de las edificaciones que apuntan a ser reconocidas como patrimoniales. Su sistema modular y desmontable permite adaptarla a otros espacios con condiciones similares, sin intervenir de manera permanente en la construcción que la recibe.