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Diario Expreso Ecuador

Rawayana en Guayaquil: el after encontró su pista

Rawayana reunió a unas 6.000 personas el sábado 29 de agosto en el Coliseo Voltaire Paladines Polo. El concierto pasó de un lounge caribeño a una discoteca

Los integrantes de Rawayana en la consola de música del escenario B.

Los integrantes de Rawayana en la consola de música del escenario B.Omar Hidalgo// Cortesía

Alejandro Puga
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Lo que debes saber

  • Rawayana reunió a unas 6.000 personas el 29 de agosto en el Voltaire de Guayaquil.

Los abanicos de cartón naranja comenzaron a moverse antes de que los músicos aparecieran. Llevaban impresa la pregunta “¿Dónde es el after?”, nombre de la gira de Rawayana, y cumplían una función práctica dentro de un coliseo donde el calor se acumulaba entre los cuerpos. En las gradas y la pista aparecieron camisetas de Venezuela, banderas y símbolos de un país que también viaja mediante sus canciones.

El escenario compartía el naranja de los abanicos. Una sala con muebles y elementos de descanso recordaba al lounge de una discoteca de la isla de Margarita. La farra del Caribe venezolano se sentía, se veía y se escuchaba antes de que Rawayana interpretara la primera canción.

A las 20:40, un cortometraje habló de la música y de la pasión del Caribe mediante imágenes de lluvia, volcanes y sol. Luego cayó un velo sobre la sala construida en el escenario. Detrás, Beto terminó de prepararse para salir descalzo y con ropa que parecía haber sobrevivido a una gran farra, como si la noche hubiera comenzado muchas horas antes.

La escenografía no funcionaba únicamente como fondo. Cada espacio representaba un momento de la celebración. La habitación era el despertar después de la farra; el escenario B sería la discoteca y, más adelante, el escenario principal se convertiría en un salón de baile.

Rawayana convirtió el Voltaire en una discoteca

Rawayana habló poco durante la primera parte. La banda prefirió sostener el ritmo mediante una sucesión de canciones, visuales y cambios de ambiente. Una de las intervenciones de Beto permitió comprender el propósito del espectáculo.

“Últimamente hemos escrito muchas canciones y todo se ha cumplido. Por eso queremos que ahora manifiesten cosas buenas para ustedes y el mundo. Para eso es este show”, dijo ante un público dispuesto a seguir las reglas de la fiesta.

Durante ‘Dame un break’, el confeti cayó sobre las primeras localidades. En ‘Cimarrón’, colaboración grabada con Joaquina, tres integrantes tomaron sus guitarras y tocaron como un trío de rock. Durante unos minutos, el pulso caribeño cedió espacio a un sonido sostenido por las cuerdas.

Beto al cantar Tonada por ella en las gradas.

Beto al cantar Tonada por ella en las gradas.Omar Hidalgo// Cortesía

‘Binikini’ encendió el lado sensual de los asistentes. La música avanzaba con la fluidez de una sesión de DJ: pocas pausas, discursos breves y una canción enlazada con la siguiente.

El cambio emocional llegó con ‘Tonada por ella’. Las sonoridades tradicionales venezolanas hicieron que varias lágrimas recorrieran los rostros de quienes escuchaban lejos de su país. Las banderas que minutos antes acompañaban el baile adquirieron otro significado.

Entonces, el centro del coliseo tomó el control. El escenario B convirtió la pista en una discoteca con reguetón, electrónica y mezclas. Alberto “Beto” Montenegro, Antonio “Tony” Casas, Andrés “Fofo” Story y Alejandro “Abeja” Abeijón ocuparon las consolas, mientras varias personas del público fueron invitadas a bailar junto a ellos.

El punto central llegó con ‘Veneka’, colaboración con Akapellah que ganó el Latin Grammy 2025 a mejor interpretación de música electrónica latina. La canción resignifica un término empleado para discriminar a migrantes venezolanos y lo transforma en una declaración de identidad. Beto bailó durante el tema sosteniendo la estatuilla original del galardón. La imagen reunió el premio, la canción y a una comunidad que respondió desde todos los sectores del Voltaire.

El escenario naranja de Rawayana.

El escenario naranja de Rawayana.Omar Hidalgo// Cortesía

Un salón de salsa para cerrar el concierto de Rawayana

Después de la discoteca, Rawayana regresó al escenario principal, transformado en un salón de salsa. Los integrantes aparecieron con ropa formal y las bailarinas lucieron trajes de flecos al ritmo de ‘Otra noche (Another Night)’, de Proyecto Uno; ‘Inglés en Miami’ y ‘Se vienen cositas’. Beto intervino poco y dejó que la música y la puesta en escena condujeran la celebración. “Nunca se olviden que los buenos somos mayoría”, expresó ante venezolanos con banderas, ecuatorianos y desconocidos que terminaron bailando juntos.

Dos días después de reunir a cerca de 10.000 personas en Quito, Rawayana llegó a Guayaquil con una asistencia menor, pero con un ambiente marcado por el calor, la ropa playera, los abanicos, el sudor y una pista en movimiento. Este no fue un concierto común, sino una fiesta con música en vivo, el desenfreno de una discoteca y la continuidad de un DJ. El after no quedó para después: ocurrió allí, entre el confeti, las banderas y un público dispuesto a dejar sus penas sobre la pista de baile.

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