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Diario Expreso Ecuador

‘El niño probeta’: ciencia ficción ecuatoriana para hablar sobre el racismo y los prejuicios

En su ópera prima, la cineastaCarolina Hernández cuenta la historia de una pareja que diseña genéticamente a su hijo. El filme se estrenó a nivel nacional

El filme fue reconocido como mejor película en el Festival Turicine de Quito recientemente.

El filme fue reconocido como mejor película en el Festival Turicine de Quito recientemente.Cortesía

Mariella Toranzos
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Un filme para ahondar en la identidad

  • El niño probeta, ópera prima de Carolina Hernández, mezcla ciencia ficción y drama familiar para cuestionar la idea de “mejorar la raza”.
  • La película llega a las salas ecuatorianas tras un recorrido por festivales internacionales y reconocimientos en Argentina y Quito.

En la plaza del pueblo, un grupo de niños corre de un lado a otro. Entre el ruido de los juegos, las risas y las conversaciones de quienes pasan, la escena podría confundirse con cualquier tarde en una pequeña comunidad de la Sierra ecuatoriana. Sin embargo, en medio de los chiquillos, uno sobresale de inmediato y, sin proponérselo, atrae las miradas de quienes están alrededor.

Se llama Panchito y su apariencia no es producto del azar. Sus padres, Susana y Miguel, una joven pareja mestiza del remoto y ficticio pueblo de San Fernando, tuvieron la posibilidad de decidir cómo querían que fuera su hijo antes de que naciera. Gracias a un tratamiento genético, escogieron los rasgos que creyeron que podrían facilitarle el camino y brindarle las oportunidades que ellos no tuvieron: piel clara, cabello rubio y ojos claros.

Esa es la premisa de El niño probeta, ópera prima de la directora y guionista ecuatoriana Carolina Hernández, una coproducción entre Ecuador, Perú y España que ya llegó a las salas nacionales. A lo largo de 81 minutos, la película combina drama familiar y ciencia ficción para plantear una pregunta que, pese al componente futurista de la historia, nació de una experiencia bastante cotidiana.

Y es que, hace alrededor de una década, Hernández vivía fuera de Ecuador y había iniciado una relación con un hombre español. Cuando comenzó a hablar de él con familiares y personas cercanas, apareció una frase que conocía bien, tanto que hasta entonces apenas había reparado en lo que implicaba: “mejorar la raza”.

Alejandro Taday interpreta a Miguel, el padre de Panchito, mientras que el pequeño es interpretado por Pablo Antonio Pabón.

Alejandro Taday interpreta a Miguel, el padre de Panchito, mientras que el pequeño es interpretado por Pablo Antonio Pabón.Cortesía

“La gente que yo quería me empezaba a decir que con él iba a mejorar la raza”, cuenta. La expresión le resultaba familiar e incluso reconoce haberla utilizado alguna vez con naturalidad. Fue la distancia la que la llevó a escucharla de otra manera. “Quizás la frase a veces la decimos con inocencia o desde un lugar amable, pero tiene consecuencias”, reflexiona.

La inquietud la acompañó hasta Buenos Aires, donde estudiaba cine. Allí descubrió que la expresión, que forma parte del lenguaje cotidiano en Ecuador, no era común en otros países, y generaba sorpresa e incomodidad.

De ese contraste empezó a surgir la historia y, con ella, una pregunta que terminaría convirtiéndose en el punto de partida del filme: si la ciencia permitiera elegir las características físicas de un hijo, ¿qué escogeríamos?

Mirar al futuro para hablar del presente

Hernández trasladó el dilema a la ciencia ficción. En El niño probeta, Susana y Miguel acceden a un tratamiento de manipulación genética que permite seleccionar los rasgos físicos e incluso la profesión y los intereses de su futuro hijo no solo por una preferencia estética. La pareja piensa en las oportunidades que Panchito podría encontrar en una sociedad donde el apellido, el origen o el color de piel todavía influye en la forma en que una persona es percibida o tratada.

“La ciencia ficción es una excusa para hablar de temas más cercanos, más de nosotros”, explica la cineasta. La tecnología abre la puerta de la historia, pero pronto queda en segundo plano frente a las relaciones familiares, las reacciones del pueblo y la necesidad de Susana y Miguel de explicar por qué su hijo no se parece a ellos.

Para salir del paso, los padres inventan un abuelo francés del que Panchito supuestamente heredó sus características. La explicación funciona durante un tiempo. Pero mientras el niño crece, también aumentan las preguntas y las sospechas en San Fernando.

La directora prefiere que esas situaciones funcionen como detonantes antes que como respuestas. “La película busca plantear preguntas, y poner estos prejuicios que normalizamos sobre la mesa para reflexionar juntos”, dice.

Y algunas de esas interrogantes comenzaron a circular incluso antes del estreno.

La promoción de la película provocó comentarios contrapuestos en redes sociales. Por un lado, hubo quienes cuestionaron por qué sería incorrecto “mejorar la raza”, especialmente en una época en la que la apariencia física y la imagen ocupan un lugar cada vez más importante. Por otro, aparecieron voces que identificaron en la expresión una forma de racismo y clasismo. El debate terminó reproduciendo, fuera de la pantalla, algunas de las preguntas que dieron origen a la película.

Encontrar a la familia

La misma discusión que atraviesa la película apareció durante el proceso de casting. Hernández buscaba intérpretes que permitieran construir una familia mestiza de los Andes ecuatorianos y, según ha explicado, quería apartarse de una representación predominantemente blanca que identificaba en parte de la publicidad y el audiovisual del país.

Para interpretar a Miguel eligió a Alejandro Taday, un actor natural que llegó al proyecto después de responder a una convocatoria en Facebook. Antes de pedirle que interpretara una escena, la producción le planteó la misma pregunta sobre la que se construye el largometraje: si pudiera acceder a un tratamiento genético, ¿qué características escogería para sus hijos? Su respuesta y la manera en que abordó el dilema hicieron que avanzara en el proceso.

Susana quedó en manos de Citlalli Andrango, actriz y productora indígena que en esta ocasión interpreta a una mujer mestiza. Pablo Antonio Pabón encarna a Panchito. La búsqueda, recuerda Hernández, tampoco fue sencilla porque cuando el proyecto empezó a tomar forma, hace aproximadamente diez años, había un acceso más limitado a actores profesionales que reflejaran la diversidad racial y cultural del campo andino.

La película se filmó durante cinco semanas entre Nono y Quito, y tuvo un presupuesto aproximado de 380.000 dólares.

El rodaje de la película se llevó a cabo entre Nono y Quito durante cinco semanas.

El rodaje de la película se llevó a cabo entre Nono y Quito durante cinco semanas.Cortesía

Enfrentarse al público nacional

El niño probeta tuvo su estreno internacional en diciembre de 2025 en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana. En 2026 pasó por el Festival Internacional de Cine de las Alturas, en Jujuy, Argentina, donde recibió una Mención Especial del Jurado y el Premio del Público en su categoría.

También fue reconocida como mejor película en el Festival Turicine de Quito y tiene prevista su participación en el Festival de Cine Latino de Trieste, Italia.

Tras ese recorrido internacional, la película vuelve al país donde nació la pregunta que le dio origen. El niño probeta se proyecta actualmente en salas comerciales de distintas ciudades del Ecuador y, en Quito, también forma parte de la cartelera de espacios independientes como Ocho y Medio y la Sala Sur de Flacso.

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