Entretenimiento
Juan y Alejandro Ortega: los hermanos detrás de Guilty Treat
Desde el garaje de su casa, convirtieron su gusto por la repostería en un emprendimiento de galletas artesanales y una comunidad a la que llaman “corazones”

Su marca nació entre recetas, pruebas y espíritu emprendedor.
Lo que debes saber
- Los hermanos Ortega convirtieron una afición por la repostería en un emprendimiento con identidad propia.
- La marca apuesta por galletas artesanales en las que la masa tiene tanto protagonismo como el relleno.
- Conectan con sus clientes, a quienes llaman “corazones”, mediante sabores como matcha entre otros.
Hay algo de culpa en abrir una caja de Guilty Treat y decir “solo voy a probar una”. La promesa dura poco. Grandes, con sabores que van de lo familiar a combinaciones menos predecibles, las galletas de Alejandro y Juan Ortega nacieron sin una gran cocina industrial detrás, sino entre pruebas, recetas y el garaje de una casa en Samborondón convertido en el punto de partida de un emprendimiento entre hermanos.
Alejandro, el menor, comenzó haciendo galletas mientras estaba en la universidad; Juan, el mayor, regresó con una mirada distinta después de estudiar Marketing en Australia. De ese cruce surgió una marca en la que uno puede inclinarse por sabores de inspiración asiática y también propuestas más americanas. El matcha, el apple pie o el miso toffee pueden convivir en su universo porque, más que perseguir cada tendencia, buscan tener algo propio.
Antes de grandes equipos hubo una batidora de cinco o seis litros, un horno, muchas horas aprendiendo sobre proveedores, producción y clientes. Hoy el equipo ha crecido, pero los Ortega siguen viendo el emprendimiento como una construcción paciente: probar, ajustar y volver a hornear. Después de todo, la receta de Guilty Treat también tiene un ingrediente que no se compra por kilos: dos hermanos haciendo negocios sin dejar de ser hermanos.
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De la masa al negocio
Juan, ¿qué aportó su experiencia en Australia al proyecto?
Fui a Australia, donde estudié Marketing. Estar allá me permitió conocer otras propuestas, sabores y formas de ver este tipo de productos. Cuando regresé pude sumar esa experiencia a lo que Alejandro ya venía haciendo y comenzar a pensar la marca en grande.
¿Cada cuánto sienten que tienen que sorprender al cliente con algo nuevo?
Alejandro: Aproximadamente cada tres meses buscamos lanzar algo o innovar. Las redes sociales también funcionan como una vitrina y hacen que el cliente esté esperando novedades constantemente. No puedes quedarte haciendo exactamente lo mismo todo el tiempo.
¿El matcha fue una de esas apuestas que terminó sorprendiéndolos?
Juan: Sí. Creemos que fuimos de los primeros en impulsar y viralizar una galleta de matcha dentro de este tipo de propuesta. También hemos jugado con otros ingredientes y texturas de inspiración asiática. Esa búsqueda nos permite diferenciarnos.
Hoy hay una tendencia de hacer galletas enormes y cargarlas de rellenos. Ustedes, en cambio, hablan mucho de la importancia de la masa. ¿Por qué?
Alejandro: Porque para nosotros la galleta tiene que saber bien por sí sola. No creemos que todo dependa de ponerle cada vez más relleno. Puedes tener una galleta que visualmente sea muy llamativa, pero al final lo importante es el sabor, la textura y todo el trabajo que hay detrás de la masa. Ahí está gran parte de la diferencia.

Sus galletas combinan procesos artesanales, ingredientes cuidados y sabores que van de lo clásico al matcha.
Una galleta puede rondar los seis dólares. ¿Qué hay detrás de ese precio que el cliente no ve?
Alejandro: Hay bastante trabajo detrás. Tenemos tiempos de reposo y procesos de elaboración que pueden tomar mínimo ocho horas. Usamos mantequilla real, no margarina, vainilla real y elaboramos todo de manera artesanal. Contamos también con proveedores extranjeros. No es solamente mezclar ingredientes y hornear.
¿Cómo es emprender con tu propio hermano?
Juan: Tiene sus retos porque somos hermanos, pero al mismo tiempo somos socios. Hay que aprender a diferenciar cuándo el otro te está diciendo algo como hermano y cuándo se trata de una decisión de trabajo. También hemos aprendido a reconocer las fortalezas de cada uno y a repartirnos las funciones.
Corazones en rojo
Si la galleta es el producto, el corazón es el código de Guilty Treat. El rojo domina las cajas y el logo, mientras que a sus clientes Alejandro y Juan Ortega los llaman, simplemente, “corazones”. Alejandro cuenta que nació como un recurso para conectar con quienes los seguían y terminó convirtiéndose en parte natural del lenguaje de la marca.

Los hermanos Ortega están detrás de una propuesta que apuesta por sabores atrevidos
Ese tono fresco tampoco está desconectado de quienes más los consumen: su público es principalmente joven, con una fuerte presencia de universitarios. De ahí una comunicación relajada, visual y constantemente alimentada por nuevos sabores. Para los hermanos, las redes sociales y ferias gastronómica funcionan casi como otra vitrina del negocio y por eso procuran renovar la propuesta periódicamente, sorprendiendo a esos “corazones”.