Hokum, la maldición de la bruja: la cinta de terror que pudo asustar más...
Hokum apuesta por un terror psicológico de ritmo lento, sostenido por su diseño sonoro, iluminación y música. Así es la crítica de Jorge Suárez

Ohm Bauman, interpretado por Adam Scott, enfrenta una pesadilla marcada por el duelo, la culpa y la leyenda de una bruja en Hokum, la maldición de la bruja.
Hokum, la maldición de la bruja se presenta como una propuesta de terror psicológico que privilegia la construcción de atmósfera sobre los sobresaltos tradicionales. La película desarrolla su historia con un ritmo pausado, una decisión que puede dividir opiniones, pero que busca reforzar la sensación de inquietud a lo largo del relato. Esta es la crítica de Jorge Suárez.
El argumento de Hokum, la maldición de la bruja
Ohm Bauman (Adam Scott), escritor de novelas terroríficas, llega a un lejano y sombrío albergue localizado en Irlanda; es el sitio donde sus padres vivieron su luna de miel. Allí esparcirá sus cenizas. Con esta misión busca, no solo enterrar sus emociones, sino sus complejos de culpa y dolor. A medida que va infiltrándose en el misterio, se va profundizando su fatalidad. Es que los empleados del hotel han narrado leyendas sobre una bruja que vive encerrada en la antigua habitación nupcial. Lo que Ohm consideraba tonterías da paso a una serie de fenómenos inexplicables. Aislado, el escritor se ve inmerso en una pesadilla, donde lo sobrenatural se mezcla con emociones psicológicas que reflejan sus traumas y demonios.
La crítica
Esta es una cinta perturbadora y falla porque su director, el irlandés Damian McCarthy, prefiere crear el terror con cierta lentitud y echar al final, de golpe y porrazo, el susto. Primero convierte un trauma personal en pesadilla atmosférica. Prioriza la tensión psicológica sobre los brincos habituales. Por ello, lo mejor de Hokum, la maldición de la bruja es su diseño de producción y, más que nada, su banda sonora, iluminación y música. Allí muestra un verdadero despliegue artístico. Vamos por partes: la BSO es la viga que sostiene el ambiente del terror necesitado, lo cual beneficia al espectador. El sonido es inquietante y la música, creada por Joseph Bisham, impone estridencia, diseminaciones que aumentarán la ansiedad del cinéfilo, pues le añaden composiciones electrónicas de Moby (Richard Melville Hall, sobrino tataranieto del autor de la célebre Moby Dick) para inmediatamente impregnar silencios y golpes para que el espectador salte… en el momento preciso.
La cinta inquieta más por su sonido, iluminación y música que por sus sobresaltos.
Ahora debo hacer hincapié sobre algo en que me extiendo porque estoy seguro nadie sabe la existencia de un superfamoso de los años 20 y 30 del siglo pasado, que, al incluir una de sus canciones, afirman el ambiente buscado y logrado. Me refiero al tenor irlandés de éxito mundial John McCormack (1884-1945), y cuya grabación de Oft in the Stilly Night (A menudo en la noche silenciosa) crea un ambiente de alejamiento, soledad, tan necesario a la ambientación de este largometraje (107 minutos). Esa inclusión gesta un momento perentorio. Si anhela oír la canción, originalmente un poema, viaje a YouTube. Antes de seguir, debo manifestar que, si usted en su infancia escuchó narrar lo que llamaban “penaciones”, cuentos de pavor que se relataban en el viejo Guayaquil, tales como El jinete sin cabeza, La viuda del tamarindo, la mujer que navegaba llorando la muerte de su hijito… sentirá mejor al filme. Si no lo vivió, Hokum pierde una estrella.
También guarda un desbalance: el argumento es breve y el director lo alarga innecesariamente, y esa extensión no aporta mayor cosa. Para quienes buscan sobresaltos continuos, no los esperen tanto; el director más bien los lleva primero por el camino del drama y la paranoia; luego muestra extensiones psicológicas, olvidando que, al imponerle esa lentitud y poca acción, no le permite sumar laureles.
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Loable la actuación de Scott y más aún si se considera que es un comediante, no un actor dramático; por lo tanto, su salto es encomiable y ello sirve para mejorar el contenido total del filme.
Y ALGO MÁS… McCormack grabó 600 melodías y sobre ellas vendió 200 millones de copias, en ese entonces “discos”.
- CALIFICACIÓN: ***