Final de Euphoria explicado: qué pasó con Rue y por qué la crítica rechaza el cierre
Tras siete años en emisión, la aclamada serie protagonizada por Zendaya llegó a su fin en medio de duros cuestionamientos por el rumbo de sus personajes

Rue Bennett (Zendaya) en el episodio ocho (y último) de Euphoria 3
Tras la emisión de su último episodio titulado In God We Trust, HBO y su creador, Sam Levinson, confirmaron de manera definitiva que la tercera temporada de Euphoria marca la culminación absoluta de la historia de Rue Bennett.
Sin embargo, lejos de alcanzar una recepción positiva o medianamente aceptable, la crítica especializada y los fanáticos han reaccionado con rotundo descontento, agregando este título a la lista de "los peores finales en la historia de la televisión", al nivel de los polémicos desenlaces de Stranger Things o Game of Thrones.
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Lo cierto es que este "quiebre" narrativo era notable y predecible incluso antes del estreno de esta entrega, ya que la producción arrastraba debilidades críticas tras el desligue de nombres clave como la actriz Barbie Ferreira y el músico Labrinth, cuya identidad sonora definió la atmósfera original del show.
Esto derivó en una propuesta artística radicalmente distinta a la inicial: mientras que "históricamente" la serie se consolidó mediante una estética neón sobre un grupo de adolescentes suburbanos atrapados en crudos conflictos sociales, esta temporada final situó al espectador en un ecosistema hostil, desarticulado y dramáticamente distante a sus raíces.
'In God We Trust': El caótico desenlace de la temporada
El episodio final, concebido como un largometraje de 93 minutos, arranca retomando el clímax de una temporada marcada por la madurez forzada, la violencia y una fuerte alegoría hacia la psicosis religiosa y la fe.

Maddy (Alexa Demie) y Cassie (Sidney Sweeney) empiezan a vivir juntas tras la muerte de Nate (Jacob Elordi)
La trama sitúa a Rue (Zendaya) huyendo de una red de narcotráfico que la acecha entre las figuras de Laurie y Alamo Brown, tras escapar milagrosamente de un violento secuestro en una granja, la protagonista se refugia en su antiguo hogar de la infancia, donde experimenta visiones de su fallecido padre antes de colapsar.
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A mitad del metraje, el episodio rompe el corazón de la audiencia: Rue fallece en la soledad de un sofá a causa de una sobredosis de fentanilo suministrada indirectamente por Alamo. A partir de este vacío, el capítulo salta dos meses en el tiempo y se transforma en un tenso wéstern de crimen y venganza, donde su mentor, Ali (Colman Domingo), decide hacer justicia por mano propia asesinando a Alamo, mientras personajes icónicos como Maddy y Cassie concluyen sus arcos mediante una alianza inesperada y apresurada.
Un quiebre narrativo "sepultado" por la crítica
La desconexión total con la esencia de la serie es la razón principal del desplome crítico de In God We Trust; varios analistas coinciden en que la decisión de Levinson de matar a la protagonista antes de la mitad del metraje dejó un vacío insalvable, restándole fuerza a una producción que dependía enteramente de la perspectiva y la voz en off de Zendaya.
Al eliminarla, el show abandonó la exploración psicológica de la adicción juvenil para priorizar un thriller de acción y disputas de dinero que se sintió ajeno al formato de drama adolescente que enamoró a la audiencia. Además, el abrupto salto temporal privó al espectador de procesar el duelo de los personajes, resolviendo con subtramas de "redención express" años de intensos conflictos emocionales y de identidad entre el elenco principal.
El argumento de Levinson ante la crudeza del final
Frente a la ola de comentarios negativos, Sam Levinson defendió el desenlace argumentando que la crudeza del destino de Rue es el reflejo más real y honesto de la crisis de adicción que sufre el mundo actual. A través de declaraciones en el podcast Popcast de The New York Times, el realizador explicó que no había motivos para "suavizar" las consecuencias definitivas del abuso de sustancias como el fentanilo.

La serie cierra con Rue sentada en la misma mesa que su mentor mientras rezan bendiciendo al espectador
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Desde el punto de vista del creador, la serie nació para retratar las consecuencias destructivas de la dependencia y, bajo esa premisa, un final trágico y anticlimático era la única vía coherente; una justificación que para la crítica no es más que un intento flojo de ocultar los baches de un guion superado por los retrasos de producción y la caótica reescritura de los últimos cuatro años.