Entretenimiento
Chef Nino: “El crepe es la excusa perfecta para conectar con los tuyos”
Entre sabores dulces y salados, Crepes del Nino demuestra que el éxito no solo está en el sabor, sino en la conexión que se construye mesa a mesa

Crepe de fresas con chocolate y helado, un clásico que nunca falla.
Lo que debes saber
- Más que crepes, brinda una experiencia que invita a quedarse y volver.
- La recomendación del boca a boca ha sido más fuerte que el algoritmo.
- Además, su menú versátil conecta con todos los momentos del día.
Ese día, en medio de crepes que pasan de lo dulce a lo salado con naturalidad: en Crepes del Nino se celebraban diez años desde que todo comenzó: un abril de 2016 marcado por la incertidumbre… y por la decisión.
Su dueño, Christian Cortez, más conocido como el Chef Nino, repasa una historia que nació sin manual: “la cocina no empezó como una profesión, sino como un hobby”. Hoy, ese impulso doméstico se transformó en uno de los rincones más entrañables del norte de Guayaquil.
El emprendimiento no solo apostó por el sabor, sino por la estrategia. Ingeniero en marketing y con un MBA, Nino entendió desde el inicio que el producto debía adaptarse al ritmo de la ciudad: “buscábamos algo que funcione para desayuno, almuerzo o cena”. Así, el crepe se convirtió en el hilo conductor de una propuesta que ha sabido mantenerse vigente en una ciudad donde las tendencias cambian rápido, pero el boca a boca sigue teniendo peso.
Pero detrás de cada plato hay también una historia de resistencia. Arrancar en el año del terremoto, atravesar la pandemia y sobrevivir a crisis sucesivas no es menor. “Siempre digo, medio en broma, que ya no quiero ser el mejor guerrero de Dios”, comenta entre risas. Y, sin embargo, aquí está: atendiendo mesas, afinando recetas, escuchando a sus clientes. Porque si algo tiene claro es que el éxito no se mide solo en ventas, sino en vínculos: “el cliente puede perdonar muchas cosas, pero no cómo lo hiciste sentir”.
Esa filosofía se nota en cada detalle. En una carta que hoy combina crepes con más platos como waffles, en familias que vuelven generación tras generación, en niños que crecieron pidiendo crepes de Nutella y ahora optan por ensaladas sin dejar de volver. “El crepe es una excusa para conectar con los tuyos”, resume Nino. Quizás ahí está la verdadera magia: en entender que, más allá del plato, es volver siempre a lo esencial.

El ambiente instagrameable, la atención del chef y el sabor son parte de la experiencia.
Donde todo sabe a casa
¿Qué no le perdona un cliente a un restaurante?
El cliente puede perdonar que el plato no esté perfecto, pero no cómo lo hiciste sentir. Nosotros trabajamos muchísimo en la experiencia, en la atención, en los detalles. Eso es lo que fideliza al comensal.
¿Cuál fue el primer hit del menú?
La crepe de pollo en salsa bechamel. Esa nunca se fue del menú, es un clásico.
¿Qué define la esencia del lugar?
La gente se siente como en casa… y cuando alguien se siente así, vuelve.
¿Cómo elige qué platos salen a la mesa?
Si no se lo daría con total confianza al más pequeño de mi familia, ese plato no sale.
¿Qué es realmente un crepe para usted?
Es una pausa… un momento o la excusa perfecta para conectar con los tuyos.
¿Qué papel juega el boca a boca hoy?
Nuestra base se construyó así y hasta hoy sigue siendo nuestro motor más fuerte. Más que las redes sociales.
¿En diez años cuál ha sido el mayor aprendizaje como emprendedor?
Enfocarse en un solo producto es todo. Y también investigar más: desde cosas técnicas, como la estructura de una cocina profesional, hasta la operación diaria. Hoy le diría a cualquier emprendedor: investiga, asesórate, no te lances a ciegas.

Entre lo dulce y lo crujiente, este crepe redefine el antojo perfecto.
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El reto de mantenerse vigente
“Antes hacíamos más televisión, ahora el juego está en redes. Tienes que estar presente, recordarle a la gente que existes”, dice Nino, quien hoy apuesta por una estrategia digital constante con contenido, promociones y activaciones semanales. Para él, la diferencia no está solo en la cocina, sino en la estructura del negocio: “soy ingeniero en marketing y tengo una visión empresarial fuerte”, una base que le permitió construir más allá del producto.

El menú también incluye otros platos como waffle de pollo.
Esa misma lógica guía su presencia fuera del local. Aunque han participado en eventos, la elección no es al azar. “No somos tanto de ferias masivas”, explica. En cambio, prefieren espacios donde el vínculo sea más cercano: colegios, encuentros familiares, comunidades donde el producto se comparte y se disfruta sin prisa. Ahí, incluso, la respuesta es contundente: “podemos vender 600 o 700 crepes en un día”, dice, no como cifra, sino como reflejo de una conexión real.