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Diario Expreso Ecuador

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El reto de Tungurahua para vivir del páramo sin destruirlo

En Tungurahua las familias buscan mejorar su producción sin extender la frontera agrícola. Un modelo que lleva 18 años une conservación y economía rural.

Comuneros de Tungurahua recorren y vigilan las zonas de páramo como parte de los acuerdos para proteger las fuentes de agua y conservar el territorio.

Comuneros de Tungurahua recorren y vigilan las zonas de páramo como parte de los acuerdos para proteger las fuentes de agua y conservar el territorio.YADIRA ILLESCAS

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Lo que debes saber

  • 42.000 hectáreas: son parte de las áreas de conservación vinculadas al trabajo del Fondo de Páramo de Tungurahua. 
  • USD 8,7 millones: se han movilizado durante 18 años para iniciativas de conservación y desarrollo comunitario.
  • 600.000 habitantes: según el Fondo de Páramo, las zonas conservadas contribuyen a garantizar agua para consumo humano y riego en Tungurahua.

En Tungurahua, cuidar el páramo también significa encontrar cómo vivir de él sin destruirlo. En Pilahuín, Yatzaputzán y otras comunidades rurales, las familias buscan mantener la producción de leche, la crianza de animales y otras actividades económicas sin extender la frontera agrícola hacia las zonas de conservación.

La idea se sostiene desde hace 18 años a través del Fondo de Páramo de Tungurahua y Lucha contra la Pobreza, un fideicomiso que desde su creación ha movilizado 8,7 millones de dólares para proyectos de conservación y desarrollo comunitario. El modelo busca que proteger las fuentes de agua no signifique dejar de producir.

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Juan José Carrillo, secretario técnico del fondo, explica que la iniciativa nació con la participación del Movimiento Indígena, el Gobierno Provincial, la Empresa Municipal de Agua Potable, la Empresa Eléctrica Ambato y la empresa de generación eléctrica Hidroagoyán. Hoy el trabajo alcanza a ocho organizaciones de segundo grado, 10 gobiernos parroquiales y una mancomunidad, que manejan 19 planes de manejo de páramo.

Producir sin avanzar
sobre el páramo

En las comunidades, los recursos se convierten en proyectos que buscan mejorar la producción sin ampliar las zonas intervenidas. Hay iniciativas para mejorar la producción de leche, criar ovinos y porcinos, impulsar una agricultura sostenible, desarrollar el ecoturismo y crear bioemprendimientos.

En Yatzaputzán, por ejemplo, una organización de indígenas y campesinos de segundo grado cuenta con una planta de acopio y enfriamiento de leche. También mantiene un convenio con la empresa El Ordeño para avanzar en la industrialización del producto.

El acompañamiento no termina con la entrega de recursos. También se vigila qué ocurre con el territorio: la calidad de las vertientes, el estado de las áreas de conservación y la presencia de fauna y flora. El objetivo es reducir la presión de las actividades pecuarias y evitar que las familias necesiten ocupar nuevas áreas del páramo para producir.

En Pilahuín, ese cambio se refleja en la producción de leche. Luis Humberto Matia, dirigente de la comunidad El Lindero, de la Corporación de Organizaciones Campesinas de Segundo Grado, cuenta que antes las familias producían menos. Los proyectos permitieron mejorar los pastos, las razas de ganado y los sistemas de riego.

Su organización reúne a 15 comunidades filiales. Matia insiste en que el cuidado del páramo no puede separarse del agua. “Del páramo nace el líquido vital que es el agua”, sostiene. Por eso, dentro de las comunidades también se busca que los comuneros respeten los límites establecidos y entiendan que ampliar las áreas productivas puede terminar afectando las fuentes.

Las capacitaciones buscan fortalecer los conocimientos de las organizaciones comunitarias para mejorar sus proyectos productivos y sus procesos de conservación.

Las capacitaciones buscan fortalecer los conocimientos de las organizaciones comunitarias para mejorar sus proyectos productivos y sus procesos de conservación.YADIRA ILLESCAS

42.000 hectáreas que
sostienen el agua

El esfuerzo supera a las comunidades y alcanza unas 42.000 hectáreas ubicadas dentro de áreas de conservación que aportan a la protección de las cuencas de los ríos Ambato y Pastaza.

Según el Fondo de Páramo, estas zonas contribuyen a garantizar agua para el consumo humano y el riego de una población cercana a 600.000 habitantes de Tungurahua. El páramo funciona como una reserva natural: almacena agua y ayuda a mantener los caudales durante los períodos secos.

Para Manuela Ainaguano, habitante de Pilahuín, los proyectos han dejado algo más que infraestructura o mejoras en la producción. También han cambiado la forma en que las comunidades entienden el territorio. Cuenta que ahora existe mayor conocimiento sobre el cuidado ambiental y una idea que se repite entre los habitantes: si el páramo se deteriora, el agua también está en riesgo. 

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