ELLAS PARA ELLAS
Katherin Miño: del negocio de internet a los centros de datos
La gerenta general de PuntoNet le pidió el mando al fundador y llevó a la empresa de telecomunicaciones de $12 millones a casi $100 millones

Katherin Miño dirige PuntoNet desde 2016 y lleva 25 años en la empresa de telecomunicaciones.
Katherin Miño ya era gerenta general de PuntoNet, pero el fundador todavía no le entregaba por completo el mando. Por lo que ella le puso una condición: o le daba el control o volvía a la gerencia comercial, el cargo que tenía antes.
“Es como cuando uno tiene las riendas de un caballo, hay una sola persona que tiene las riendas”, le dijo.
Él le contestó que era verdad y la dejó dirigir. La empresa que recibió facturaba cerca de $12 millones y hoy factura cerca de $100 millones, opera en más de 37 ciudades y emplea a 1.248 personas.
Miño no las cuenta como empleados sino como “más de 1.200 familias”.
¿Por qué dejó una empresa grande por otra que nadie conocía?
Había llegado a PuntoNet por instinto, cuando era una compañía pequeña que casi nadie conocía, y para eso dejó una empresa de telecomunicaciones mucho más grande que con los años desapareció.
En su casa le preguntaron cómo iba a cambiar una empresa que nadie conocía. “Yo soy muy arriesgada”, explicó.
Se quedó, y lleva 25 años ahí. Salió a tocar puertas en el segmento corporativo cuando los cafés net eran el cliente fuerte, y acompañó el salto de proveedor de internet a portador de telecomunicaciones, que exigía músculo financiero para comprar fibra óptica.
“Fueron épocas muy bonitas de mucha siembra”, dijo.
Cuando el fundador abrió el proceso para nombrar gerente general, le pidió participar solo para completar el requerimiento de la firma cazatalentos, y Miño ganó a candidatos que ya habían dirigido empresas porque conocía el negocio por dentro.
¿Qué la preparó para dirigir una empresa de telecomunicaciones?
Para sostener ese cargo venía entrenada, y no solo por la universidad. Fue madre a los 18 años, se casó muy joven y dos años después nació su hija, sin el orden que todos recomiendan, primero el carro y la casa y después los hijos. “Yo hice todo al revés”, explicó.
Su padre pagaba una universidad privada y dejó de hacerlo cuando ella se casó.
Miño se matriculó en la pública y siguió estudiando y trabajando mientras su familia le ayudaba a cuidar a los niños, y aun así el matrimonio terminó en divorcio porque no pudo sostenerlo todo a la vez.
Ahí aprendió que ante cada golpe hay dos opciones: víctima o protagonista.
¿Cómo enfrentó PuntoNet la pandemia y los apagones en el Ecuador?
Con esa misma cabeza enfrentó los golpes de la empresa. El terremoto de 2016 la encontró recién llegada al cargo y, cuatro años después, la pandemia la puso al frente de un servicio declarado esencial.
El día que el Gobierno mandó cerrar las oficinas, Miño reunió a su equipo técnico guardando distancia y escuchó el reclamo. “Tú estás en casa, nosotros estamos en la zona de contagio”, le dijeron.
Les prometió reducir ese riesgo con equipos de protección y con rutas decididas según los mapas de contagio.
Después vino el problema de la caja. El Gobierno prohibió cortar el servicio por falta de pago y permitió reducir sueldos, y Miño montó una campaña para explicarles a los clientes que de sus pagos dependía la nómina. “Fue el mejor año”, aseguró.
En el estiaje de 2024 hubo cortes de hasta 14 horas. Sus nodos tenían energía, pero los clientes no, así que sus técnicos salieron a entregarles equipos de respaldo mientras subían los costos de diésel y de movilización.
Para este estiaje ejecutó en ocho meses el presupuesto eléctrico planificado para doce.
Dirigir todo eso la obligó a cambiar de estilo. Cuenta con una sonrisa que dejó de ser “la mamá de los pollitos” para volverse una líder situacional, directiva en la pandemia, consultiva frente a un cliente y humana frente a alguien vulnerable.
A la inteligencia artificial le dio un lugar fijo: copiloto, nunca la que piensa.

Katherin Miño junto a la maqueta de Epicentro, el centro de datos de $100 millones que PuntoNet levanta en cuatro etapas.
¿Cuánto invierte PuntoNet en su centro de datos de Quito?
Con ese estilo empuja el negocio hacia donde no estaba. PuntoNet pasó de la conectividad a la nube y a la ciberseguridad, y ahora construye su propio centro de datos.
Miño se define curiosa y ávida de conocimiento, con media hora de lectura al día y un programa ejecutivo cada año.
En un podcast europeo que escuchó hace unos tres años le quedó grabada una idea: los datos crecen sin parar y hay que acercarlos, porque la inteligencia artificial vive en los centros de datos.
Se la compartió al fundador y al director de tecnología, y de ahí salió el proyecto que cuesta hoy $100 millones en cuatro etapas, con la primera en producción en diciembre.
La obra ocupa a más de 160 personas a la vez y lo que le falta ahora es talento: ingenieros eléctricos, mecánicos y especialistas en climatización y ciberseguridad.
Por eso la empresa los forma en su propio semillero, desde el contact center.
También le falta energía. Miño calificó al Ecuador como el país más retrasado de la región en centros de datos y apuntó a la matriz eléctrica como el cuello de botella.
¿Qué les dice a las mujeres que llegan a un cargo directivo?
De su propia historia no hace un relato de desgracia sino de aprendizaje, y con ese material habla a las mujeres que llegan a un cargo ejecutivo. Les cuenta lo que ella misma tardó años en soltar.
“Cargamos con mucha culpa: la culpa de no estar con los hijos, la culpa de no estar con el marido, la culpa de que la casa no está perfecta”, dijo.
La soltó cuando entendió que todo se negocia: sus hijos no la tuvieron todos los días, pero las vacaciones eran suyas y siguen siéndolo.
Después buscó cuánta gente consulta en internet la palabra balance y cuánta la palabra desbalance, y concluyó que no existe.
“Abraza el desbalance, porque el desbalance es lo que te permite valorar espacios”, afirmó.
¿Dónde están las mujeres en una empresa de fibra óptica?
Con la misma franqueza entra en un terreno incómodo. El 65 % de su personal trabaja en la calle, subiendo fibra óptica a los postes, y por ahí va su objeción a los discursos de paridad que no miran el oficio.
“Las mujeres no podemos subir fibra óptica. Yo lo he intentado, mi equipo lo ha intentado”, afirmó.
Lo que hace es abrirles las otras puertas, en administración, finanzas, ciberseguridad y desarrollo de software.
Y agregó que la maternidad limita por un tiempo la productividad que las empresas exigen, aunque a cambio le dé a la madre una motivación nueva.
El prejuicio empieza antes del empleo. La semana pasada, en una junta en el exterior, Miño volvió a ser la única mujer en la sala.
La empresa reporta un aumento del 12 % en la participación femenina y entrega becas en desarrollo web y programación para mujeres migrantes, pero ella insiste en que la herramienta decisiva es individual.
“Poder demostrar que tú estás allí porque tienes una formación”, explicó.
Su día empieza a las 5:30 con una hora de ejercicio y un desayuno con su esposo que no negocia, y dos veces al año se va a bucear.
Años después de haber pedido las riendas, dirige consultando, delegando y cambiando de registro según el caso, y de aquella reunión conserva una idea. “Hay que ser valientes en esta vida”, dijo.