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Diario Expreso Ecuador

futuro económico

Ecuador 2040: El mapa del tesoro

La agenda oficial apuesta por la inversión privada para impulsar el crecimiento, pero enfrenta trabas como inseguridad, burocracia y altos costos

La Agenda Ecuador 2040 plantea a la inversión privada como motor del crecimiento.

La Agenda Ecuador 2040 plantea a la inversión privada como motor del crecimiento.Imagen elaborada con IA.

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El Gobierno ha puesto sobre la mesa la Agenda de Crecimiento Ecuador 2040 (ACE 2040), un ambicioso plan que pretende ser el acta de defunción de un modelo agotado que dependía del gasto público y de altos precios del petróleo. La propuesta es clara: en una economía dolarizada donde el estado tiene escaso espacio fiscal, la única balsa de salvación es la inversión privada. Sin embargo, mientras el papel aguanta visiones de largo plazo, el país tropieza día a día con los problemas de siempre y otros más recientes, entre ellos la inseguridad y la violencia.

La Agenda se sostiene en pilares que suenan a manual de buen gobierno y del difunto Doing Business: institucionalidad, seguridad jurídica y competitividad. El diagnóstico oficial es que Ecuador tiene una enorme oportunidad para entrar en una nueva etapa de crecimiento gracias a su estabilidad macroeconómica, potencial energético, amplia disponibilidad de su fuerza laboral, y un espacio enorme para ganancias en productividad laboral. La promesa es que, si logramos que las reglas del juego no cambien, un importante flujo de capitales llegará para transformar sectores estratégicos como minería, hidrocarburos, electricidad, agroindustria, manufactura, turismo y vivienda.

Costos, inseguridad y burocracia: las barreras pendientes

Sin embargo, aquí es donde el optimismo oficial choca con la realidad. El documento celebra una “oportunidad histórica” apoyada en una caída del riesgo país —que efectivamente rompió la barrera de los 400 puntos varios días en junio— y un repunte de la inversión extranjera directa del 191% en 2025. Pero la calle cuenta otra historia. Mientras el plan habla de captar inversionistas de largo plazo, el sistema productivo actual se asfixia con costos logísticos elevados, que representan casi el 18% de las ventas, uno de los porcentajes más altos de Latinoamérica. Resulta difícil la tarea de convencer a alguien de invertir en infraestructura cuando mover carga por nuestras carreteras hoy es un lujo que pocos pueden costear, sin mencionar los riesgos de robo, extorsión, o incluso contaminación para aquellos dedicados a la exportación.

La ACE es un ejercicio necesario. Planificar es siempre mejor que improvisar. Pero el riesgo es que esta hoja de ruta termine siendo otra pieza decorativa en la biblioteca de las buenas intenciones

El sector estratégico, que debería ser el motor de este plan, ya muestra señales de fatiga antes de que la agenda despegue. Mientras la ACE 2040 propone modernizar marcos contractuales y atraer IED, en la práctica vimos hasta hace poco a empresas mineras vendiendo sus concesiones y abandonando el país porque se les impuso una tasa de fiscalización minera, que en algunos casos era superior a su presupuesto anual de operación o incluso su capitalización de mercado (afortunadamente esa medida fue ya revisada en junio). La seguridad jurídica que el plan promete para el 2040 se ve comprometida hoy por una tramitología que sigue operando con criterios discrecionales y arbitrarios.

Sin reformas inmediatas, el 2040 seguirá lejos

Por favor, que no se malinterprete. La ACE 2040 es un ejercicio necesario; planificar es siempre mejor que improvisar. Pero el riesgo es que esta hoja de ruta termine siendo otra pieza decorativa en la biblioteca de las buenas intenciones. Un país con el 40% de sus jóvenes desempleados y más de la mitad de su fuerza laboral en la informalidad no puede esperar para que las “ganancias rápidas” aparezcan. Sin una aplicación que resuelva el laberinto de permisos y los costos de producir hoy, el 2040 seguirá siendo un espejismo en el horizonte de un país que todavía no sabe cómo llegar al próximo año.

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