Piero Hincapié: así era de niño el finalista ecuatoriano de Champions League
EXPRESO recorrió las instalaciones de la escuela y la cancha donde el defensa dio sus primeros pasos en el fútbol. Se escapaba de clases, dice maestro

En la Escuela Refinería (i) coincidentemente los uniformes son blanco y rojo, como el Arsenal de Hincapié.
La escuela que forjó a la joya
- Piero Hincapié pasó de escaparse a jugar fútbol en Esmeraldas a disputar la Champions League.
- Exprofesor recuerda la disciplina y carácter competitivo de Hincapié en la Escuela Refinería.
- El ecuatoriano enfrentará con Arsenal al PSG de Willian Pacho en la final europea.
En la memoria de Oswaldo Batallas, exprofesor de educación física de la Escuela Refinería, en Esmeraldas, hay una imagen que se repite con claridad: la de un niño inquieto que se escapaba de las aulas para correr detrás de una pelota. Ese niño era Piero Hincapié, hoy convertido en una de las principales figuras del fútbol ecuatoriano y finalista de la Champions League.
Antes de brillar en el fútbol europeo, Hincapié creció entre canchas de tierra, disciplina deportiva y sueños de grandeza. Este sábado 30 de mayo disputará la final de la Champions League con el Arsenal frente al PSG de otro ecuatoriano y esmeraldeño: Willian Pacho.
La Escuela Refinería nació como parte de la compensación social por el impacto de la planta petrolera en Esmeraldas. Estudiar allí era considerado un privilegio: tenía seguridad privada, transporte escolar y amplias instalaciones deportivas. Entre más de 500 estudiantes, Hincapié destacaba por algo muy distinto a las calificaciones: su obsesión por el fútbol.
“El peor castigo que se le podía dar era dejarlo fuera de un partido”, recuerda Batallas. En esa institución existían selecciones de atletismo, natación, básquet y tenis de mesa, pero Piero Hincapié siempre encontraba la manera de terminar en una cancha de fútbol.
El niño inquieto que soñaba con ser futbolista

Oswaldo Batallas, exprofesor de la Escuela Refinería, donde Hincapié estudio toda su niñes y juventud, muestra parte de las instalaciones.
Batallas lo define como un estudiante “terrible e inquieto”, siempre corriendo y molestando a sus compañeros. Sin embargo, detrás de esa rebeldía había una pasión evidente: el fútbol.
Junto a sus amigos escapaba hacia la cancha superior donde entrenaba el club Esmeraldas Petrolero, escenario en el que incluso jugó Alexander Domínguez. Allí, Hincapié participaba en partidos improvisados y buscaba destacar como delantero, posición en la que inició su carrera.
Desde pequeño mostraba un carácter competitivo. No toleraba perder y reclamaba cuando sus compañeros no daban el máximo esfuerzo. Esa intensidad es una de las características que hoy lo distinguen en el fútbol internacional.
Los profesores reconocían su talento, aunque también debían corregirlo. En ocasiones le negaban minutos en los partidos por mala conducta, pero sabían que era un jugador capaz de resolver encuentros importantes.
“Sabías que te iba a resolver el partido”, admite Batallas.
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El apoyo que impulsó la carrera de Piero Hincapié
Tras la salida de Batallas de la institución en 2013, el futbolista continuó formándose con Silvio Urbano y Fausto Matamba, exarquero de Esmeraldas Petrolero.
Fausto Matamba llevaba a Piero Hincapié a entrenar incluso cuando las dificultades económicas eran evidentes, acompañándolo en prácticas de playa y motivándolo constantemente. Ese respaldo fue determinante para que el defensor mantuviera vivo su sueño de convertirse en profesional.
Para Batallas, el hambre de superación fue clave en el éxito del ecuatoriano: “El jugador que no tiene hambre no llega a ningún lado”.
Piero Hincapié también brillaba en atletismo

Piero (segundo desde la derecha) coronado como campeón de la Premier League el sábado 23 de mayo.
Aunque el balón era su prioridad, Hincapié también competía en pruebas de velocidad. Participaba en carreras de 60 y 80 metros, donde destacaba por su potencia física.
Según Batallas, el atletismo ayudó a formar la velocidad y resistencia que hoy convierten a Piero Hincapié en uno de los defensores más completos del fútbol ecuatoriano.
La historia del jugador en la Escuela Refinería refleja la de un niño que nunca se conformó con permanecer sentado en un pupitre. Su necesidad de correr, competir y perseguir la pelota terminó convirtiéndose en el motor de una carrera internacional.
Hoy, mientras el mundo del fútbol observa su presencia en la final de la Champions League con el Arsenal, Oswaldo Batallas todavía recuerda al niño que corría detrás del bus escolar y lloraba cuando lo dejaban fuera de un partido.
Ese niño transformó su hambre de fútbol en un sueño cumplido.