Independiente del Valle dicta la línea: el resto solo le pone cáscaras en el camino
Mientras los rayados consolidan su hegemonía deportiva y económica, otros clubes buscan ponerle obstáculos en una LigaPro que enfrenta críticas a sus finanzas

Independiente del Valle ganó la LigaPro 2025 y está cerca de conseguir el bicampeonato.
Independiente del Valle maneja la agenda actual del fútbol ecuatoriano. Prácticamente todo lo relacionado con la actividad gira alrededor de esta institución.
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Lo demuestra en la cancha con un dominio aplastante en la competencia local y, además, aportando desde sus canteras la base de la selección nacional. Pero también afirma su superioridad desde lo dirigencial, lo económico e, inclusive, lo mediático.
¿A qué se debe esta situación? A varias razones. La principal es el repliegue de las instituciones históricas: Barcelona y Emelec desempeñan hoy versiones destartaladas de lo que alguna vez fueron.
Atrás también quedan Liga Deportiva Universitaria, que soporta una muy complicada etapa de transición, y El Nacional, reducido a escombros. Hay, entonces, espacio para un nuevo habitante en el trono.
El anterior Consejo de Presidentes de la LigaPro evidenció que Independiente puso a su merced al resto de clubes, que, con el peso de la mayoría, tuvieron que armar -con la anuencia de la organización, vale decir- un sistema de campeonato cuya única finalidad es que el equipo de Sangolquí deje de ganar de calle el torneo local, como lo viene haciendo estos dos últimos años.
El eje de la modificación de las reglas competitivas no fue recuperar el interés de los aficionados ni generar un nivel deportivo superior. No. Simplemente, once clubes, cansados de quedarse atrás e incapaces de equipararse en la cancha, decidieron crear una nueva competencia cuyo exclusivo afán es ponerle cáscaras de plátano en el camino a IDV en forma de play-offs, a la espera de que caiga en una de ellas.
Las patéticas declaraciones del presidente de Delfín, Ariel Graziani, son lo suficientemente claras: “Hay un Independiente que saca una diferencia gigante a todos los demás. En la quinta fecha ya sabes quién es el campeón”. Así de importante es hoy IDV: cambian las reglas solo para evitar que se corone.
Nadie habla de replicar su modelo, de aprender de su camino, de sus errores -que los ha tenido- y de sus virtudes. La cosa termina siendo muy ecuatoriana al igualar todo hacia abajo. Es el ejemplo vivo de aquella analogía del balde de cangrejos, donde el que busca escaparse y ver la luz es sostenido por las tenazas de los que quedan en el fondo.
Barcelona e IDV debieron jugar su partido postergado este pasado miércoles 14 de octubre en el estadio Monumental. Es cierto que no existe una disposición reglamentaria explícita sobre el tema, pero el Juego Limpio y la transparencia exigen que los encuentros pendientes se realicen en el primer día disponible.
¿Por qué no se jugó, entonces? La respuesta es simple: evitar, en el caso de que se le hubieran descontado tres puntos a Macará por el caso Néstor Caicedo, que IDV pudiera dar la vuelta olímpica en Guayaquil e infringir así una afrenta -¡una más!- al dueño de casa. Ese partido, que aún no tiene fecha, seguirá pendiente sin una razón creíble.
Las inseguridades

Los dirigentes de LigaPro decidieron cambiar el formato del campeonato nacional.
IDV no se maneja como una institución vistosa o grandilocuente. Al contrario, el perfil de sus directivos es incluso bajo. Pero cuando alguno de ellos pincha en el lomo es capaz de disparar inseguridades ajenas. Eso pasó durante la semana, cuando Santiago Morales mencionó un par de temas sensibles.
El primero fue el déficit de LigaPro. Morales lo calculó en 3 millones de dólares, lo cual merma la imagen publicitaria de solidez que el ente rector busca mostrar en todo momento. El directivo también criticó lo que considera “malas contabilizaciones” dentro del balance de la entidad y la poca fiabilidad del cumplimiento presupuestario.
Bastó este breve señalamiento para que Miguel Ángel Loor saliera a reconocer públicamente que, efectivamente, existe déficit y especificara su alcance: 2.328 000 dólares.
Obviamente y como corresponde a su estilo, encontró un responsable externo de esta diferencia económica: el pago de los honorarios y la logística arbitral. Todo esto resulta comprensible, pero quedó en evidencia que la realidad de LigaPro depende no de su estado real, sino de lo que quiere proyectar.
Luego, Morales puso el ejemplo de Barcelona y El Nacional entre las instituciones debilitadas -que lo son- y cómo un control económico realmente aplicado pudiera ayudarlas.
La sola mención del cuadro guayaquileño, en un contexto concreto y sin exageraciones, generó reclamos de quienes se sintieron aludidos, tanto dentro del club como de su entorno cercano, más preocupados por guardar las apariencias y no quedar expuestos en su debilidad que por superar su situación.
Todo en el fútbol ecuatoriano termina siendo una cuestión de apariencias falsas y “buen nombre”.
Finalmente, dentro de lo periodístico, los dirigentes de este club también han puesto límites marcadísimos. Un periodista que recogió apuradamente una versión de Luis Zubeldía sobre supuestos vínculos extrafutbolísticos entre el juez Roddy Zambrano y Michel Deller tuvo que, audiencia de conciliación judicial mediante, desdecirse y recular en sus frases para evitar una demanda.
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No se trataba de una opinión, de una crítica válida, mucho menos de una investigación solvente. Simplemente, el comunicador se colgó de dichos ajenos -sobre los que Zubeldía también está imputado en la justicia- para alimentar con escándalo el fuego de una supuesta influencia anormal del club en el fútbol nacional, cosa que no ha sido fehacientemente probada.
IDV llegó al fútbol ecuatoriano y en cosa de una década se puso a pisar callos y a generar incomodidades en un establishment anquilosado que repite fórmulas ya fracasadas.
Su dominio deportivo, que ya es cosa cierta, solamente cierra el círculo de una hegemonía corporativa que el resto parece admirar desde posiciones con tufo a envidia y temor.