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Diario Expreso Ecuador

Una tarde argentina que no perdió la emoción, aunque se quedó sin campeonato

La comunidad argentina en Guayaquil vivió intensamente el partido final del Mundial de Fútbol 2026 que terminó perdiendo ante España.

Aficionado de Argentina se lamenta durante el partido contra España.

Aficionado de Argentina se lamenta durante el partido contra España.Juan Faustos

Alejandro Puga
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Durante casi cinco horas, la ciudadela Miraflores pareció una pequeña extensión de Argentina. El sonido de los tambores, las cornetas y los cánticos salió del Centro Ecuatoriano Argentino, donde cerca de 400 personas se reunieron para ver la final del Mundial 2026 entre la Albiceleste y España.

Los primeros asistentes llegaron desde las 12:00. Familias, amigos, argentinos residentes en Guayaquil y ecuatorianos cercanos a esa comunidad ocuparon las instalaciones de la institución que tuvo preparada tres pantallas para que nadie se perdiera el partido.

Al ingresar, Diego Maradona y Lionel Messi dominaban el fondo del lugar. Sus figuras cubrían la pared de piso a techo y acompañaban a una hinchada que soñaba con otro campeonato. Afuera estaba Guayaquil; adentro había camisetas albicelestes, choripanes, cerveza Quilmes, vino, mate y alfajores.

Inicio del partido

La cumbia sonó fuerte y claro durante todo el evento. Bombón asesino, fue uno de esos temas que todos bailaban. Después, cuando la pelota comenzó a rodar, el ritmo cedió su lugar a la tensión. Cada pase se sufría y cada recuperación se celebraba. Argentina buscaba el bicampeonato y los asistentes parecían dispuestos a empujarla desde Miraflores.

Al minuto 28, el arquero argentino contuvo un remate de Mikel Oyarzabal. La atajada provocó un grito colectivo: “¡Argentina, Argentina!”. Más tarde, la tarjeta amarilla para Lisandro Martínez generó lamentos, pero el aliento no se detuvo.

“Vamos, vamos, Selección, hoy te vinimos a alentar”, fue uno de los cánticos que más se repitió. Las voces se mezclaron con tambores, cornetas, palmas y abrazos. Por momentos, el salón dejó de parecer un centro social y se convirtió en una tribuna.

El espectáculo del medio tiempo pasó casi desapercibido. Algunos comieron, otros conversaron y varios buscaron algo para beber. Madonna, Ronaldinho, los Muppets, BTS y Justin Bieber aparecieron en pantalla, pero el interés principal seguía estando en el partido. Bieber, con guitarra acústica, sí consiguió algunos gritos entre las asistentes, principalmente de las más jóvenes hinchas.

Segunda parte llena de tensión

El segundo tiempo devolvió la tensión. Los roces entre los jugadores, los tiros libres de España y las acciones defensivas argentinas provocaron reacciones inmediatas. Un despeje podía celebrarse como un gol. Las pausas de hidratación, en cambio, fueron aprovechadas por los hinchas para refrescarse, comer y cantar con más fuerza.

España tuvo oportunidades, pero el entusiasmo no desapareció. Los argentinos parecían conocer bien esa manera de acompañar a su selección: sufrir cada avance rival sin dejar de cantar. La camaradería se veía en los abrazos, las bromas, los vasos compartidos y la cercanía entre quienes llegaron como amigos o terminaron comportándose como tales.

El golpe llegó en el tiempo suplementario. Al minuto 105, España marcó el 1-0. La algarabía se detuvo y el salón quedó en silencio. Las miradas permanecieron fijas en las pantallas hasta que Carlo Rossi levantó la voz: “Vamos, que los chicos nos necesitan”.

Hincha argentino en tensión durante la final del Mundial contra España.

Hincha argentino en tensión durante la final del Mundial contra España.Juan Faustos

Los instrumentos volvieron a sonar. También regresaron los cánticos. Argentina buscó el empate hasta el final, pero España sostuvo la ventaja y se quedó con el Mundial.

La derrota dejó tristeza, aunque no desarmó la reunión. Hubo abrazos, aplausos y camisetas que siguieron puestas. Argentina no consiguió el bicampeonato, pero en Miraflores la emoción resistió hasta el último minuto. Fue una tarde sin copa, aunque llena de fútbol, identidad y orgullo.

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