De ropa olvidada a un nuevo look: así puede ayudar la inteligencia artificial
En lugar de comprar ropa nueva para una fiesta, usé ChatGPT para rediseñar dos prendas que ya tenía. La idea generada con IA la hizo realidad una costurera

Con ayuda de la IA, una idea comienza a tomar forma: probar, ajustar y visualizar cómo transformar prendas que ya estaban en el clóset antes de llevar el diseño a la costurera
La inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta para rediseñar y reutilizar ropa que ya tenemos, al permitir visualizar cambios de cortes, mangas, cuellos o combinaciones antes de llevar una prenda a la costurera. En este proceso, la IA no reemplaza el trabajo artesanal, sino que ayuda a transformar una idea en una referencia visual que facilita su ejecución y abre nuevas posibilidades para dar una segunda vida a la ropa.
Este fin de semana tengo una fiesta y, aunque la ocasión lo amerita, no quería gastar en ropa nueva para usarla probablemente una sola noche. Así que antes de abrir una tienda en Instagram, abrí ChatGPT.
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Le mostré una blusa blanca y un pantalón negro que ya tenía y empezamos a jugar. ¿Qué pasa si cortamos la blusa a la cintura? ¿Si cambiamos las mangas? ¿Si usamos la tela sobrante para hacer la pretina del pantalón? Le pedí cambios, me arrepentí, volví atrás, probé otra opción. Hasta que apareció en la pantalla lo que tenía en mi cabeza.
Entonces hice algo menos tecnológico: busqué una costurera.

Primer diseño de la blusa con IA. Solo necesitas tener claro lo que quieres y contárselo, incluso por voz, para empezar a darle forma a la idea.
De las revistas a la inteligencia artificial
Cuando era niña, mucho antes de Pinterest y de tener Internet al alcance de la mano, veía a mi mamá hacer algo parecido. Recortaba vestidos de revistas, dibujaba sus ideas y llevaba todo donde una costurera intentando explicarle qué quería. Durante años esa fue nuestra manera de traducir una idea en ropa: dibujarla, encontrar una referencia parecida o recurrir al clásico “quiero algo así, pero no exactamente así”.
La IA acortó esa distancia. Sin saber dibujar ni coser, pude conversar con ella hasta acercarme a lo que imaginaba: cambiar una manga, probar otro cuello, cortar, alargar... No me convirtió en diseñadora, pero sí me permitió transformar una idea abstracta en algo que otra persona podía ejecutar.
Reutilizar ropa tampoco es una revolución. Las costureras llevan décadas transformando prendas y hoy existen tiendas de segunda mano y talleres dedicados a eso. Lo distinto fue poder involucrarme directamente en el proceso creativo.
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Y ahí encontré una de esas paradojas que me gustan de esta era de inteligencia artificial: una máquina terminó llevándome de vuelta a un oficio artesanal. ChatGPT no cortó la tela, no hizo una puntada ni reemplazó a la costurera. Me ayudó a imaginar y ella hará posible lo imaginado. De paso, ocurrió algo que contradice la idea de que toda innovación tecnológica nos empuja a consumir más.
Quizás estamos pensando demasiado en todo lo nuevo que la IA puede crear y muy poco en lo que puede ayudarnos a mirar de nuevo lo que ya existe. Porque la mejor versión de algo no siempre está en una tienda. Podemos tenerla y solo necesitamos una nueva forma de verla.
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