Robots monjes con inteligencia artificial que ya existen en el mundo
De China a Corea del Sur, varios templos han incorporado robots para recitar sermones, responder preguntas y participar en ceremonias budistas

Un robot con apariencia de monje budista refleja cómo la inteligencia artificial se incorpora a prácticas espirituales en distintos países.
Buddharoid es un robot humanoide con inteligencia artificial desarrollado en Japón para ofrecer orientación espiritual y asistir en actividades budistas. El proyecto fue presentado en 2026 por investigadores de la Universidad de Kioto, quienes entrenaron su sistema con escrituras y textos especializados para que pueda responder preguntas personales y filosóficas.
Aunque su aparición volvió a colocar el tema en el debate público, Buddharoid no es el primer robot incorporado a un entorno religioso. Durante la última década, distintos proyectos desarrollados en China, Japón y Corea del Sur han utilizado máquinas para recitar escrituras, ofrecer sermones, responder consultas espirituales e incluso participar simbólicamente en ceremonias budistas.
Entre los casos más conocidos se encuentran Xian’er, Mindar, Buddharoid y Gabi. Sin embargo, no todos funcionan de la misma manera: algunos reproducen contenidos previamente programados, mientras que los más recientes incorporan inteligencia artificial generativa para sostener conversaciones dinámicas con los creyentes.
Aunque suelen ser llamados “monjes robot”, ninguno ha reemplazado de manera generalizada a los religiosos. Sus funciones se concentran principalmente en divulgar enseñanzas, interactuar con visitantes y explorar nuevas formas de acercar el budismo a las generaciones jóvenes.
Xian’er, el pequeño robot monje de China
Uno de los primeros proyectos que alcanzó notoriedad internacional fue Xian’er, desarrollado por monjes, voluntarios y especialistas tecnológicos del templo Longquan, ubicado en las afueras de Pekín.
El robot fue presentado públicamente en 2015 y adquirió mayor reconocimiento durante 2016. Medía aproximadamente 60 centímetros, vestía una túnica amarilla y tenía una pantalla táctil incorporada en el pecho.
Xian’er podía recitar mantras budistas, desplazarse mediante órdenes de voz y responder alrededor de 20 preguntas sencillas sobre religión y vida cotidiana. Cuando recibía una consulta demasiado compleja, indicaba que debía preguntar a su maestro.
El proyecto buscaba transmitir las enseñanzas budistas a una generación acostumbrada a utilizar teléfonos inteligentes y plataformas digitales. El templo aclaró entonces que no planeaba comercializarlo y que su objetivo era combinar ciencia y budismo
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Mindar ofreció sermones en un templo de Japón
En 2019, el templo Kodaiji de Kioto presentó a Mindar, un androide construido para representar a Kannon, figura budista vinculada con la compasión.
El robot fue desarrollado con la participación de especialistas de la Universidad de Osaka, entre ellos el investigador en robótica Hiroshi Ishiguro. Su estructura combinó aluminio, componentes mecánicos y piel de silicona en el rostro y las manos.
Mindar podía mover los brazos, el torso y la cabeza, además de parpadear y adoptar posturas de oración. Dentro del templo ofrecía un sermón de aproximadamente 25 minutos sobre el Sutra del Corazón, acompañado por proyecciones y subtítulos en otros idiomas.
A diferencia de Buddharoid, Mindar no mantenía conversaciones generadas mediante inteligencia artificial. Su sermón y sus respuestas formaban parte de un guion previamente programado por los religiosos que participaron en el proyecto.
El objetivo era utilizar al androide como una nueva vía para difundir el budismo, no entregarle autonomía religiosa. Estudios posteriores encontraron que algunos visitantes percibían al robot como menos creíble que a los monjes humanos, una de las principales limitaciones de estas tecnologías en entornos espirituales.
Buddharoid incorporó inteligencia artificial generativa
La evolución más avanzada de estos proyectos llegó en 2026 con Buddharoid, desarrollado por un equipo liderado por el investigador Seiji Kumagai, de la Universidad de Kioto, en colaboración con las empresas Terraverse y XNOVA.
El proyecto integró el sistema BuddhaBot-Plus en un robot humanoide Unitree G1. Su base de conocimiento incluye escrituras y textos especializados del budismo, lo que le permite responder preguntas personales, sociales y filosóficas.
Buddharoid puede hablar, caminar, gesticular y adoptar posturas tradicionales de oración. La principal diferencia frente a Mindar es que sus respuestas no dependen únicamente de un sermón cerrado: puede mantener conversaciones dinámicas a partir de las consultas de los usuarios.
Sus desarrolladores estudian su posible uso para brindar orientación espiritual y asistir en determinadas actividades rituales. El proyecto fue presentado como una herramienta de apoyo ante el envejecimiento de la población japonesa y la disminución de religiosos disponibles para atender algunos templos.
La Universidad de Kioto, no obstante, no anunció que el humanoide sustituiría de inmediato a los monjes. El proyecto continúa dentro de una etapa experimental sobre la relación entre inteligencia artificial, presencia física y religión.
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Gabi participó en una ceremonia budista en Corea del Sur
Otro proyecto apareció el 6 de mayo de 2026 en el templo Jogyesa de Seúl. Allí, un robot humanoide llamado Gabi participó en una ceremonia adaptada de preceptos budistas.
El robot vestía túnicas tradicionales, realizó reverencias y respondió a los compromisos pronunciados durante el acto. También recibió una serie de reglas simbólicas, entre ellas obedecer a los humanos, ahorrar energía y convivir pacíficamente con otras máquinas.
Gabi, de aproximadamente 1,30 metros, también utiliza como base la plataforma Unitree G1. A diferencia de Buddharoid, su presentación tuvo una función principalmente ceremonial y de acercamiento a las generaciones jóvenes.
La Orden Jogye lo incorporó como una especie de monje honorario y planteó su participación en actividades por el cumpleaños de Buda y el Festival de los Faroles de Loto. La ceremonia no significó que el robot adquiriera la misma condición espiritual que un monje humano.
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Los cuatro proyectos muestran cómo evolucionó la tecnología religiosa: Xian’er respondió preguntas básicas, Mindar reprodujo sermones programados, Buddharoid incorporó conversaciones mediante IA y Gabi participó simbólicamente en una ceremonia.
A pesar de esos avances, los robots todavía carecen de experiencia humana, conciencia espiritual y autoridad doctrinal propia. Sus respuestas dependen de los textos, modelos y reglas incorporados por investigadores y religiosos.
Por ahora, estas máquinas funcionan como recursos educativos, experimentos tecnológicos o herramientas de divulgación. Más que sustituir a los monjes, abrieron un debate sobre los límites de la inteligencia artificial en espacios vinculados con la fe, la confianza y la orientación personal.