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Diario Expreso Ecuador

Las notificaciones del celular pueden ralentizar el procesamiento cognitivo

Un estudio revela que las notificaciones pueden afectar temporalmente la atención y el procesamiento cognitivo. En Ecuador, el 80.1% usa Internet

Las notificaciones del celular pueden interrumpir la atención y afectar temporalmente el procesamiento cognitivo, incluso cuando duran menos de un segundo.

Las notificaciones del celular pueden interrumpir la atención y afectar temporalmente el procesamiento cognitivo, incluso cuando duran menos de un segundo.Imagen generada con IA

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Un sonido, una vibración o una pequeña ventana que aparece en la pantalla pueden durar menos de un segundo. Sus efectos sobre la atención, sin embargo, pueden prolongarse bastante más.

Una investigación publicada en la revista científica Computers in Human Behavior encontró que las notificaciones similares a las utilizadas por las redes sociales provocaron una ralentización temporal del procesamiento cognitivo que se extendió durante aproximadamente siete segundos.

El dato resulta especialmente relevante en un momento en el que el teléfono inteligente ocupa cada vez más espacio en la vida cotidiana. En Ecuador, el 80,1% de las personas de cinco años o más utilizó Internet durante 2025 y el 59,3% tenía un smartphone, según las últimas cifras disponibles del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

El problema ya no consiste únicamente en calcular cuántas horas pasamos frente a una pantalla. La nueva investigación plantea otra pregunta: ¿cuántas veces interrumpimos lo que estamos haciendo porque el celular reclama nuestra atención?

¿Qué ocurre durante los siete segundos posteriores a una notificación?

Los investigadores diseñaron un experimento para analizar qué sucede cuando una persona recibe alertas mientras realiza una tarea que requiere concentración.

Los participantes completaron una prueba cognitiva mientras aparecían notificaciones similares a las que pueden recibirse habitualmente en un smartphone. Los científicos analizaron tanto su desempeño como determinadas respuestas fisiológicas. El resultado mostró una alteración breve, pero detectable.

Después de recibir una alerta, los participantes redujeron temporalmente su velocidad de procesamiento durante aproximadamente siete segundos. Los investigadores observaron, además, cambios en la dilatación de las pupilas, una respuesta fisiológica relacionada con la activación y el procesamiento de estímulos.

Esto no significa que una persona pierda completamente la concentración durante siete segundos cada vez que recibe un mensaje. El estudio habla de una ralentización transitoria del procesamiento, no de una desconexión total.

Sin embargo, el resultado ayuda a explicar por qué una sucesión de pequeños avisos puede resultar especialmente molesta durante actividades que requieren atención continua.

La frecuencia de las notificaciones puede importar más que las horas de pantalla

Uno de los resultados más interesantes de la investigación aparece al analizar los hábitos de los participantes.

La magnitud de la interferencia estaba relacionada con la frecuencia de interacción con el smartphone —incluido el volumen de notificaciones recibidas y el hábito de comprobar el dispositivo— y no simplemente con el tiempo total que una persona pasaba utilizando el teléfono.

La conclusión introduce un matiz importante en el debate sobre bienestar digital. Dos personas pueden acumular exactamente tres horas de uso diario del celular y, sin embargo, tener experiencias muy diferentes.

Una podría concentrar esas tres horas en varios periodos largos; la otra podría mirar la pantalla durante pocos segundos decenas de veces a lo largo del día. En el segundo caso, las interrupciones se distribuyen por toda la jornada.

El teléfono no necesita siquiera desbloquearse para competir por la atención. Un sonido reconocible, una vibración en el bolsillo o la iluminación repentina de la pantalla pueden ser suficientes para señalar que ocurrió algo nuevo.

Los sonidos de las aplicaciones no están ahí por casualidad

Aquí entra en juego el diseño de las interfaces. Una aplicación dispone de diferentes mecanismos para comunicarse con el usuario: imágenes, movimientos, sonidos y vibraciones. Cada uno cumple una función diferente.

Una pantalla necesita estar dentro del campo de visión. Un sonido puede advertir de algo aunque el teléfono esté sobre una mesa o guardado en un bolsillo. Por eso, las señales auditivas se han convertido en una parte importante de la identidad de numerosas aplicaciones.

Un breve tono puede indicar que llegó un mensaje, que se completó un pago o que una acción terminó correctamente. La vibración cumple una función parecida cuando el dispositivo está en silencio.

No todos estos recursos buscan necesariamente distraer. Muchos son útiles porque proporcionan información sin obligar al usuario a observar permanentemente la pantalla. El problema aparece cuando decenas de aplicaciones utilizan simultáneamente esa capacidad para reclamar atención.

Android busca reducir la sobrecarga de alertas

Las propias compañías tecnológicas están modificando sus sistemas operativos para afrontar el exceso de notificaciones.

Android 16 incorporó herramientas destinadas a organizar las alertas. Google introdujo sistemas capaces de agrupar automáticamente notificaciones procedentes de una misma aplicación y mecanismos para reunir o silenciar avisos considerados de menor prioridad, como promociones, noticias y determinados contenidos sociales.

La decisión resulta significativa. Durante años, el reto consistía en conseguir que las aplicaciones pudieran avisar inmediatamente al usuario. Ahora una parte del desarrollo tecnológico está enfocada en resolver el problema contrario: decidir qué avisos realmente merecen interrumpirlo.

La inteligencia artificial también comienza a intervenir en ese proceso mediante sistemas capaces de resumir conversaciones o clasificar alertas antes de mostrarlas.

Del mensaje al entretenimiento: el sonido también genera expectativas

Los mismos principios de diseño aparecen en el entretenimiento digital. Los videojuegos llevan décadas asociando sonidos concretos con acciones determinadas, como conseguir un objeto, completar un nivel, cometer un error o alcanzar un objetivo. Después de utilizar un juego durante un tiempo, el usuario puede interpretar esas señales sin necesidad de leer ningún texto. Ese lenguaje sonoro también aparece en otras experiencias interactivas. En las tragamonedas online en Stake, por ejemplo, cada título puede utilizar música, animaciones y efectos auditivos para acompañar distintas acciones o construir una ambientación determinada.

Existe aquí una diferencia importante frente a un videojuego convencional. Los sonidos y efectos visuales no contienen información capaz de predecir cuál será el resultado de una ronda ni modifican sus probabilidades. Las tragamonedas con dinero real son juegos de azar y existe la posibilidad de perder el dinero apostado.

Su acceso debe quedar restringido exclusivamente a mayores de edad y a aquellos lugares donde la actividad esté legalmente permitida. Establecer límites de tiempo y presupuesto resulta además fundamental, especialmente en productos donde el diseño audiovisual puede hacer que las sesiones resulten muy dinámicas.

Ecuador tiene cada vez más teléfonos inteligentes

El debate sobre las interrupciones digitales adquiere especial dimensión conforme aumenta el acceso a estos dispositivos.

Los datos del INEC muestran que la proporción de ecuatorianos de cinco años o más con teléfono inteligente pasó del 52,2% en 2022 al 59,3% en 2025. En ese mismo periodo, el porcentaje que utiliza Internet aumentó del 69.7% al 80.1%.

El teléfono se ha convertido así en una herramienta permanente para comunicarse, trabajar, informarse, realizar operaciones y acceder al entretenimiento.

Esto significa también que administrar las interrupciones empieza a convertirse en una habilidad digital. No todas las aplicaciones necesitan emitir sonidos. Tampoco todas requieren permiso para mostrar alertas inmediatamente.

Tanto Android como iOS permiten modificar qué aplicaciones pueden enviar notificaciones, desactivar sonidos o vibraciones y utilizar modos de concentración durante determinadas horas.

El desafío ya no es desconectarse, sino decidir qué merece interrumpirnos

La investigación no demuestra que las notificaciones sean perjudiciales en cualquier circunstancia. Muchas cumplen funciones necesarias: alertar de una llamada, informar sobre una operación bancaria o avisar de una situación urgente.

Lo que sí muestra es que una señal aparentemente insignificante puede producir un efecto medible mientras el cerebro está ocupado con otra tarea. Y eso cambia la manera de entender el uso del smartphone.

Las horas de pantalla continúan siendo una referencia útil, pero quizá no cuentan toda la historia. La frecuencia con la que miramos el celular y la cantidad de veces que sus sonidos, vibraciones y ventanas interrumpen otras actividades también forman parte de la ecuación.

En un Ecuador donde ocho de cada diez personas mayores de cinco años ya utilizan Internet, aprender a gestionar esas interrupciones puede convertirse en una cuestión tan cotidiana como administrar el tiempo frente a la pantalla.

Después de todo, ese pequeño sonido que dura una fracción de segundo fue diseñado para que lo escuchemos. La decisión que permanece en manos del usuario es si realmente necesita responder de inmediato.

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