Hay oficios para los que una pantalla todavía no ofrece respuestas
Opinión | El fin del papel deja al canillita con una fuente menos de ingresos, en un oficio ya golpeado por la delincuencia y las extorsiones

La transición digital deja preguntas sobre el sustento de quienes viven de vender periódicos.
Sé cómo llevar una noticia a diferentes plataformas. Lo que todavía no sé es qué ofrecerle al canillita cuando un periódico deja de imprimirse. Después de la última edición en papel de EXPRESO, esa pregunta me acompaña. Llevo años defendiendo la tecnología, trabajo en el área digital digital y pienso a diario en todas las tareas que se pueden facilitar y potenciar con la inteligencia artificial. Pero sus posibilidades no me alcanzan para responder qué pasa con quien obtenía parte de su sustento de vender nuestros ejemplares.
El canillita era el último tramo de nuestro trabajo y el primero del encuentro con el lector. Mientras en la redacción discutíamos un título o corregíamos una página, al otro lado de la madrugada alguien esperaba los ejemplares para empezar su jornada. Después venían el puesto, los periódicos acomodados, el cliente habitual. Para muchos, comprar el diario incluía un saludo, un comentario sobre la portada, una conversación breve antes de seguir con el día. El canillita nos daba un lugar en la rutina del barrio.
Ecuador
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Giannella Espinoza
Un periódico menos para completar el ingreso del día

Oficio. Rómulo es un canillita longevo, con 53 años de trabajo. Es decir, recuerda perfectamente los inicios de EXPRESO
Ese trabajo ya se había vuelto más difícil. En Ecuador, las extorsiones —las llamadas «vacunas»— también han golpeado a los canillitas. Hay lugares a los que no pueden llegar o donde les exigen pagar para entrar a vender. Antes de ofrecer el primer ejemplar, ya existe una amenaza sobre lo que esperan ganar. La pérdida de un periódico se suma a esas dificultades: podrán seguir voceando otros diarios o vender otros productos, pero tendrán una opción menos para completar el ingreso del día.
Aníbal Vega, vendedor de periódicos en Quito, contó que a su puesto llegan adultos mayores a comprar el diario físico. Algunos no manejan la tecnología. Marina Guadalupe Manosalvas lleva más de 35 años vendiendo periódicos y escucha la pena de quienes perderán una opción de lectura. En sus puestos se encuentran dos pérdidas: la del lector que se queda sin su papel y la del vendedor que tiene un periódico menos que ofrecer.
En redes se repite que la digitalización se comió el papel, como si esa frase explicara cualquier cierre. La transformación del negocio existe, pero no basta para explicar las circunstancias de cada medio. En nuestro caso, tampoco puede borrar las presiones que hemos denunciado. EXPRESO lleva más de quince años en digital, sin embargo, el papel convivía con la web porque atendíamos a públicos distintos y formaba parte de una cadena de trabajo que llegaba hasta la calle.
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Giannella Espinoza
Decir «seguimos en internet» tiene mucho sentido para quienes sabemos llegar. Para algunos lectores mayores, exige un dispositivo, conexión, aprendizaje o la ayuda de alguien. Para el canillita, la dificultad es otra: aunque aprenda a usar nuestra web, eso no reemplaza el ingreso de un ejemplar vendido. Una noticia puede llegar a miles de pantallas sin que él tenga ya un lugar en ese recorrido.
Soy una periodista a la que le gusta buscar posibilidades en la tecnología. Por eso mismo, me importa reconocer lo que queda fuera de la pantalla. La continuidad de un medio en internet no resuelve por sí sola lo que ocurre en el puesto de periódicos. ¿Qué lugar queda para quien durante años nos llevó hasta nuestros lectores? La pregunta merece seguir abierta, aunque nosotros ya estemos publicando la siguiente noticia.
Ciencia y Tecnología
¿Y si hoy fuera la última vez que sostienes un periódico entre tus manos?
Giannella Espinoza