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Diario Expreso Ecuador

Donald Trump y la superinteligencia: qué implica cambiar el nombre de la IA

Trump ordenó llamar superinteligencia a la IA en el Gobierno de EE. UU., pero el cambio de nombre no demuestra capacidades superiores a las humanas

El presidente de EE.UU., Donald J. Trump, habla con los medios de comunicación mientras el 5 de octubre de 2026.

El presidente de EE.UU., Donald J. Trump, habla con los medios de comunicación mientras el 5 de octubre de 2026.EFE

Valeria Alvear
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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, impulsa el uso de “superinteligencia” para referirse a la inteligencia artificial en el Gobierno federal. La decisión modifica la terminología oficial, pero plantea una diferencia fundamental: cambiar el nombre de una tecnología no demuestra que haya alcanzado capacidades superiores a las humanas.

La medida quedó formalizada en una orden ejecutiva firmada el 29 de septiembre de 2026. El documento dispone sustituir “inteligencia artificial” e “IA” por “superinteligencia” y “SI” en las comunicaciones del Ejecutivo, dentro de los límites permitidos por la ley.

El anuncio incorpora al discurso político una expresión que ya tiene un significado técnico: describe una inteligencia hipotética que superaría ampliamente las capacidades intelectuales humanas. Esa definición difiere del uso administrativo promovido por Trump.

Trump endureció su mensaje sobre el uso del término IA

El 8 de octubre de 2026, Trump elevó el tono de su campaña para extender la nueva denominación. En Truth Social afirmó que la Casa Blanca consideraría “enemigo” a quien utilizara “inteligencia artificial” en lugar de “superinteligencia”, según recogió The Independent.

El mandatario ya había defendido el cambio durante su intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 22 de septiembre de 2026. Allí sostuvo que la palabra “artificial” hacía parecer falsa a la inteligencia y que la nueva expresión “suena mucho mejor”.

Sus declaraciones reflejan un intento por asociar la tecnología con capacidades y oportunidades extraordinarias. Sin embargo, el alcance de una herramienta se determina mediante evaluaciones de su funcionamiento, no por la denominación que adopte una administración.

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Qué cambia la orden y a quiénes alcanza

La instrucción comprende correspondencia, comunicaciones públicas, sitios web, informes y documentos de política del Ejecutivo. No exige modificar contratos, regulaciones ni otros documentos históricos ya emitidos.

Además, la propia orden mantiene, para su aplicación, la definición legal vigente de inteligencia artificial. También solicita una propuesta de definición federal de superinteligencia en un plazo de 60 días. La obligación establecida en el documento se dirige a los departamentos y agencias del Ejecutivo, sin imponer ese cambio de vocabulario al sector privado.

Así, la medida permite utilizar una nueva etiqueta para tecnologías que ya estaban comprendidas bajo el término IA. Esa equivalencia administrativa no constituye una certificación de capacidades superhumanas.

Qué hará la Fuerza de la Superinteligencia

El 4 de octubre de 2026, Trump anunció la creación de la Fuerza de la Superinteligencia, un grupo encargado de coordinar los esfuerzos federales y relacionarse con empresas, consumidores y organizaciones de interés público.

Según AP, lo encabezará el director de Inteligencia Nacional, Jay Clayton, junto con Andrew Ferguson, Emil Michael y Scott Kupor. El equipo rendirá cuentas a Trump y a su jefa de gabinete, Susie Wiles.

El grupo tendrá 120 días para informar sobre los riesgos, las oportunidades y la responsabilidad del Gobierno frente a esta tecnología, según The Wall Street Journal.

Por qué llamar superinteligencia a la IA puede generar confusión

La inteligencia artificial abarca sistemas que analizan información, reconocen patrones, generan contenido o ejecutan tareas. La superinteligencia artificial plantea un alcance distinto: capacidades intelectuales superiores a las humanas en numerosos ámbitos, incluidos el razonamiento y la resolución de problemas.

IBM describe esta última como un escenario hipotético. Por ello, emplear el término para todas las herramientas disponibles mezcla aplicaciones existentes con una categoría cuyo desarrollo todavía presenta interrogantes.

Un sistema puede sobresalir en una actividad específica sin demostrar un rendimiento equivalente en otras. Asimismo, producir textos, imágenes o código no basta para acreditar una inteligencia ampliamente superior a la humana.

Un marco de investigación de Google DeepMind propone evaluar por separado el desempeño, la amplitud de las capacidades y la autonomía. Estas dimensiones permiten examinar qué puede hacer un modelo y bajo qué condiciones.

El cambio de nombre no acredita un avance tecnológico

La diferencia entre ambos usos resulta clave para interpretar el anuncio. En la orden de Trump, “superinteligencia” funciona como una nueva denominación oficial para la IA. En el ámbito técnico, implica un umbral de capacidades mucho más exigente.

Por tanto, presentar toda la IA actual como superinteligencia sería impreciso desde esa definición técnica. La orden modifica el lenguaje gubernamental; demostrar que un sistema pertenece a esa categoría requeriría evidencia de sus capacidades, más allá del nombre utilizado para describirlo.

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