Revolución tecnológica, tradición humanista
¿Es la inteligencia artificial solamente una herramienta, neutra en sí misma, y debemos preocuparnos únicamente por sus aplicaciones?

José María Aznar habló sobre el impacto de la inteligencia artificial durante la presentación de su libro en la UEES.
Durante la reciente presentación de su libro Orden y libertad. Principios y tareas irrenunciables en defensa de la democracia liberal, en la Universidad Espíritu Santo (UEES), el expresidente del Gobierno español José María Aznar habló sobre la inteligencia artificial y su impacto en las sociedades contemporáneas. Su posición no fue demonizarla, sino advertir sobre los riesgos que enfrenta la humanidad y, particularmente Occidente en la coyuntura actual.
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Citando el último libro de Henry Kissinger, Génesis, Aznar planteó ante la IA un optimismo sobrio, que combina confianza y cautela, y en el que la dignidad humana y la claridad moral deben ser pautas orientadoras. Paradójicamente, estas pautas provienen de un ámbito menospreciado en los espacios científico, académico y cultural: las humanidades.
Todo cambio social genera turbulencias, trastornos y daños que las novedades introducidas buscan compensar. De ahí la expresión ‘destrucción creativa’, utilizada por Schumpeter para describir los complejos procesos asociados a transformaciones como la Revolución Francesa o la Revolución Industrial.
El papel de las humanidades frente a la IA
¿Es la inteligencia artificial solamente una herramienta, neutra en sí misma, y debemos preocuparnos únicamente por sus aplicaciones? Para Aznar, la definición más aceptable por ahora es la de la Unión Europea: “sistemas que muestran un comportamiento inteligente al analizar su entorno y tomar medidas, con cierto grado de autonomía, para lograr objetivos específicos”. Según Aznar, el valor del mercado global de la IA podría superar los 300.000 millones de dólares en 2026.
Sin embargo, concebir la IA solo como una herramienta y atender exclusivamente a sus efectos parece insuficiente. El ser humano, su entorno social, su capacidad de conocer y su manera de habitar el mundo también se transforman bajo el impacto de las nuevas tecnologías. “El medio es el mensaje”, decía McLuhan.
Por ello, y reafirmando la importancia de las humanidades, estas no deberían limitarse a analizar las consecuencias de la revolución tecnológica, sino contribuir a formular el nuevo tipo de ser humano que está gestándose con ella. Como afirma Aznar, aunque hoy sea arriesgado definir la naturaleza humana, necesitamos más que nunca orientación. Su libro nos impele, precisamente, a volver a las humanidades para encontrarla.