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Diario Expreso Ecuador

Cuando todo se derrumba, la tecnología puede alertar, pero es otro humano quien te toma de la mano

Opinión | La IA puede ser clave ante las crisis, pero la empatía, el esfuerzo y la voluntad de levantar a otro siguen siendo capacidades humanas

Personas realizan labores de búsqueda en una zona afectada por un terremoto este viernes, en La Guaira (Venezuela).

Personas realizan labores de búsqueda en una zona afectada por un terremoto este viernes, en La Guaira (Venezuela).Efe

Giannella Espinoza

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Esta semana , mientras las imágenes del terremoto en Venezuela mostraban edificios destruidos, familias buscando a sus seres queridos y comunidades intentando reconstruirse entre los escombros, volvió a aparecer una escena que se repite cada vez que ocurre una tragedia: personas ayudando a personas.

La tecnología estuvo ahí. Las redes sociales permitieron mostrar al mundo lo que estaba ocurriendo. Las imágenes satelitales, los sistemas de comunicación y las plataformas digitales ayudaron a dimensionar la emergencia, pedir ayuda y conectar a quienes podían colaborar.

Humanos que no se rinden

Pero cuando hay que levantar una piedra después de otra buscando a alguien que todavía puede estar con vida, cuando hay que caminar entre el polvo durante horas, cuando el cansancio dice que hay que detenerse pero una familia todavía espera una respuesta, ahí aparece algo que ninguna inteligencia artificial ni ninguna máquina puede entregar.

Aparece otro ser humano. Un vecino. Un hermano. Un rescatista. Un desconocido que llega con agua. Una persona que no conoce tu nombre, pero decide quedarse a ayudarte.

Rescatistas y voluntarios intensifican las labores de búsqueda entre estructuras colapsadas tras el fuerte sismo en Venezuela.

Rescatistas y voluntarios intensifican las labores de búsqueda entre estructuras colapsadas tras el fuerte sismo en Venezuela.efe

Nos hemos acostumbrado a pensar que el futuro estará definido por máquinas cada vez más inteligentes. Y probablemente sea cierto. La IA ha cambiado la forma en que trabajamos, aprendemos y resolvemos problemas. Es una herramienta extraordinaria para anticipar riesgos, organizar información y responder más rápido a los desastres.

Las máquinas no empatizan

Pero hay una parte de la vida donde ningún algoritmo alcanza. La empatía de alguien que se sienta a tu lado cuando todo se ha perdido. La voluntad de quien sigue buscando cuando ya no hay garantías. La solidaridad de quien comparte lo poco que tiene porque entiende que mañana podría necesitar la misma ayuda.

Las grandes tragedias tienen una forma particular de mostrarnos quiénes somos. Sacan a la luz nuestros límites, pero también nuestra capacidad de levantarnos juntos.

Quizás por eso, en esta era de la IA, necesitamos recordar algo básico: la tecnología puede amplificar nuestras capacidades, pero no puede sustituir nuestra humanidad. Porque al final, cuando todo se derrumba, no es una máquina la que te toma de la mano. Es otra persona.

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