buenavida
Víctor Arauz: mucho más que actor, un papá orgulloso
Por el Día del Padre, el actor repasa los desafíos de criar a Natalia mientras perseguía sus sueños artísticos y revela lo que más atesora de la paternidad

Padre e hija demuestran que la complicidad también puede ser el mejor legado.
Lo que debes saber
- La paternidad llegó cuando apenas tenía 23 años.
- Lejos de abandonar sus sueños cuando se convirtió en padre, Víctor aprendió a reorganizarlos.
- Natalia creció entre camerinos, ensayos y funciones. Eso hoy la acerca al arte.
La entrevista comienza incluso antes de sentarnos a conversar. Víctor Aráuz llega acompañado de Natalia, a quien acaba de recoger en la universidad, donde estudia Artes Escénicas. Él tiene 42 años; ella, 18. Caminan juntos, se ríen, se interrumpen y hablan con la complicidad de quienes han compartido una vida entera. Cuesta creer que aquel joven de 23 años que recibió la noticia de que sería padre sea el mismo hombre que hoy observa orgulloso cómo su hija empieza a construir su propio camino artístico.
Al recordar aquellos primeros años, el actor y comediante admite que no todo fue sencillo. “Había mucho miedo”, confiesa sobre la llegada de Natalia. Mientras perseguía su sueño de actuar, trabajó en bancos, ventas y cobranzas para sostener a su familia, sin abandonar nunca el teatro. “Si el sueño no te da para vivir, busca otra cosa que te dé para financiar el sueño”, asegura.
La niña que creció entre camerinos, ensayos y funciones hoy es una de sus principales cómplices dentro y fuera de las redes sociales. “Creo que siempre se sintió orgullosa de mí”, dice con una mezcla de gratitud y ternura al hablar de la relación que han construido a lo largo de los años.
Y si hubiera que resumir esa historia en una sola frase, probablemente sería la que surge cuando recuerda los constantes viajes que le ha impuesto su carrera. “Los reencuentros con Nati son los que más me mueven el alma”. Basta verlos juntos unos minutos para entender que, detrás de La Michy, de las risas y de películas como Agujero Negro y Sin muertos no hay carnaval, sigue estando ese padre que nunca dejó de volver a los brazos de su hija.
”Los reencuentros con Nati me mueven el alma”
¿Cómo recuerda la llegada de Nati? ¿Hubo nervios?
Sí, mucho. Cuando llegó el embarazo había varios problemas alrededor. No teníamos dónde vivir y terminamos quedándonos en la casa del abuelo materno de Nati. Pero siempre he sido una persona bastante positiva.
¿De dónde viene esa manera de enfrentar las dificultades?
Creo que tiene mucho que ver con mi crianza. Mi mamá y mi abuela me enseñaron a vivir con calma y a entender que las circunstancias cambian. Hubo épocas en las que comíamos arroz con huevo porque no había más, y otras en las que podíamos darnos gustos. Aprendí que siempre hay una forma de salir adelante.
¿La paternidad le hizo replantearse sus sueños?
No. Más bien me obligó a organizarlos mejor. Siempre le digo a Nati que uno tiene sueños, pero también tiene que vivir. Si el sueño no te da para vivir, busca otra cosa que financie ese sueño. A mí me encantaba actuar, pero durante mucho tiempo no me generó ingresos suficientes, así que tuve que trabajar en otras cosas para poder seguir haciendo teatro.

Nati ocupa el lugar más importante en la vida de Víctor.
¿Qué tipo de trabajos hizo mientras perseguía su carrera artística?
Hice de todo. Trabajé en bancos, en cobranzas, en ventas. Hubo trabajos durísimos. Recuerdo especialmente uno en el que tenía que buscar personas que mantenían deudas antiguas con un banco desaparecido. Me tocó enfrentar situaciones muy desagradables, desde insultos hasta amenazas. Fueron meses muy difíciles.
¿Cómo fueron esos primeros años intentando abrirse camino actuando?
Era el típico actor que siempre estaba “preseleccionado”. Me llamaban, me hablaban del presupuesto, de las fechas, y al final elegían a otra persona. Pasó muchísimas veces. Pero nunca me deprimí por eso. Aprendí que cada casting era una oportunidad para actuar y para que alguien me viera.
¿Nati creció entre bambalinas?
Totalmente. Al comienzo no había dónde dejarla, así que prácticamente se crió en el teatro. Mientras yo actuaba, ella estaba ahí, en su coche, viendo ensayos y funciones. Creció rodeada de actores, luces y escenarios.
¿Cree que eso influyó en su personalidad?
Sí. Desde pequeña aprendió a respetar los espectáculos. Cuando íbamos al cine y alguien hablaba, era ella quien mandaba a callar a la gente. Incluso tenía la costumbre de ir al baño antes de que empezara la película porque sabía que no había que levantarse a media función.
Ahora incluso crean contenido juntos y se vuelven virales. ¿Cómo ha sido compartir esa etapa con ella?
Hermoso, pero también raro. Porque para mí sigue siendo mi hija y de repente ya es una adulta con su propia personalidad, sus amigos y su comunidad. Ver que ahora compartimos proyectos y contenido me da muchísimo orgullo.
¿Qué le pone más nervioso: salir ante miles de personas o recibir un mensaje de Nati diciendo “papá, ¿estás?”?
Ese mensaje. Sin duda. El público nunca me ha dado miedo. Pero cuando veo un “papá, ¿estás?” inmediatamente pienso que pasó algo.
¿Cuál fue el sacrificio más difícil?
Perderme su ceremonia de graduación. Estaba grabando en Uruguay y era imposible llegar a ambos eventos. Le dije que eligiera en cuál quería que estuviera y me pidió que fuera a la fiesta. Llegué directo del aeropuerto, me aprendí la coreografía viendo videos que ella me enviaba y pude bailar con ella esa noche.
En estos 18 años, ¿qué es lo que más atesora de su historia con Nati?
Los reencuentros con ella son los que más me mueven el alma.

Las risas son parte del lenguaje que comparten.
Foto: Miguel Canales. Producción: Gianella Muñoz. Locación: Luxva Hotel Boutique (Ig@luxvahotel) Maquillaje y peinado: María José Taiano (Ig@emejota.makeup) Estilismo de moda: Fabrizio (Ig@fzzioza) Looks: Calvin Klein en C.C Mall del Sol.