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Diario Expreso Ecuador

Buenavida

Lillianne Enz de Wright: 30 años de fe, perseverancia y educación

Entre aulas, alianzas y solidaridad, su fundación Niños con Futuro cumple este 2026 tres décadas de impacto social y para celebrarlo lanzará un libro

Su vida ha estado marcada por abrir oportunidades a miles de estudiantes de escasos recursos.

Su vida ha estado marcada por abrir oportunidades a miles de estudiantes de escasos recursos.Foto: Gerardo Menoscal

Gianella Muñoz
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Lo que debes saber 

  • Son 8.342 alumnos de escasos recursos los beneficiados en los 30 años de la fundación.
  • Eventos solidarios sostienen la obra social, entre esos: la ‘Cena de Vida’.
  • ‘30 años Transformando Vidas’ se llama el libro que lanzarán este 2026. 

Conversar con Lillianne Enz es descubrir a una mujer cálida. Habla con serenidad, pero con una convicción firme cuando se refiere a temas de educación.

Directora y fundadora de Fundación Niños con Futuro, su historia está marcada por dos influencias determinantes: la disciplina heredada de su padre suizo y la vocación solidaria de su madre, cuyo ejemplo sembró en ella la necesidad de servir. “La disciplina es la base del éxito”, dice con naturalidad.

Este año la Fundación cumple treinta años después de iniciar con solo tres pizarrones, tres profesoras y 37 alumnos en una sala comunal de la ciudadela Ferroviaria. Con el paso del tiempo el proyecto logró trasladarse a un terreno más grande y consolidarse como la Unidad Educativa Felipe Costa von Buchwald que ha beneficiado a miles de estudiantes y familias.

Lo que comenzó como una escuela primaria hoy cuenta también con secundaria y 13 promociones de bachilleres. “Esto no es solo educación, es abrir caminos”, reconoce Lillianne al mirar en retrospectiva lo que inició con recursos limitados.

La fe también forma parte esencial de su historia. Devota de la Virgen de Guadalupe y de santa Narcisa de Jesús (tradición heredada de su madre) suele encomendar su labor y el bienestar de los estudiantes a sus creencias. Incluso ha peregrinado a Nobol como muestra de gratitud y esperanza.

En diálogo con revista Semana, recuerda los inicios con emoción y la certeza de que el esfuerzo en conjunto ha permitido abrir oportunidades reales para cientos de niños y jóvenes.

Una historia que transforma

Lillianne confiesa que viene de una familia muy disciplinada. Su papá -suizo- tenía una rutina muy estructurada: “Desayunábamos a las ocho de la mañana, almorzábamos a la una y cenábamos a las ocho de la noche. Él practicaba deporte constantemente y nosotros crecimos en ese ambiente activo. Recuerdo que en una época nadábamos diez mil metros diarios”, dice evocando el pasado.

¿Y de dónde nace su vocación por ayudar?

Desde niña vi a mi madre, Rosita Sala de Enz, dedicar su vida al voluntariado en la Cruz Roja. Su ejemplo me marcó. Entendí que quienes hemos tenido oportunidades también tenemos la responsabilidad de compartirlas.

¿Cómo influyó todo eso en su trabajo?

La disciplina marcó mi forma de entender el tiempo y el esfuerzo. Sabía que no podía rendirme o abandonar la Fundación, incluso en los momentos más difíciles. Más aún sabiendo que hay niños que dependen de esto.

¿Imaginó que el proyecto llegaría a tener el impacto que tiene hoy?

Nunca imaginé llegar hasta aquí. Empezamos con primaria, solo hasta sexto grado, y no pensábamos que el proyecto crecería tanto. Hoy hemos educado a 8.342 alumnos. En ese momento parecía un sueño lejano.

¿Cuál ha sido uno de los mayores retos en este camino?

El terreno donde hoy funciona la unidad educativa era un basurero y los cimientos se hundían. Tuvimos que conseguir cascajo y apoyo de muchas personas para poder construir. Fue un proceso de esfuerzo colectivo y mucha perseverancia.

¿Qué la sigue motivando después de 30 años de trabajo social?

Los testimonios. Ver a los jóvenes graduarse, escuchar a una madre decir que su hijo es el primer bachiller en la familia y saber que muchos han llegado a la universidad. Sembrar esa semilla es fundamental, porque la educación cambia familias enteras y finalmente al país.

Sostener el futuro

El compromiso de la Fundación Niños con Futuro se mantiene activo a través de iniciativas que permiten sostener la educación de 460 niños y jóvenes de escasos recursos. Entre las principales acciones destacan la tradicional ‘Cena de Vida’, que cumple 25 años convocando solidaridad y este año será con temática de Estados Unidos, el 28 de mayo en el Club de la Unión. Asimismo, está el programa de donaciones digitales a través de la aplicación Tipti de Corporación La Favorita, el juego ‘Entre amigos’ por el Mundial del Fútbol, carrera ‘Corre por tu Futuro’, el 5 de septiembre, y otras actividades que fortalecen su impacto social.

Para Lillianne, el trabajo implica tocar puertas y generar alianzas que garanticen la continuidad del programa educativo.

Un libro para inspirar 

A tres décadas de su creación, Fundación Niños con Futuro apuesta por dejar huella más allá de las aulas. Este año, el aniversario se celebra también con la presentación del libro '30 años Transformando Vidas' que recoge la historia, los desafíos y los logros de una obra construida con perseverancia.

La publicación reúne testimonios de estudiantes, padres de familia y graduados, así como los momentos más significativos de un camino que empezó con recursos limitados, pero con una convicción firme.

“Sentimos la necesidad de plasmar esta historia, porque es muy valiosa y no puede perderse”, explica Lillianne.

El lanzamiento será el 20 de octubre en el Gran Salón Regente de la UESS.

El camino de Lilliane sigue guiado por la educación.

El camino de Lilliane sigue guiado por la educación.Foto: Gerardo Menoscal

Educar más allá del aula 

En el ámbito tecnológico, el apoyo de Google ha sido clave: la entrega de 500 licencias de herramientas digitales permite que los alumnos accedan a plataformas educativas y desarrollen habilidades acordes a las exigencias actuales.

Pero el acompañamiento va más allá. La Fundación también ha implementado programas de nutrición que incluyen evaluaciones, seguimiento y mejoras en la alimentación de los niños, con el respaldo de instituciones académicas. A esto se suman los huertos educativos, espacios donde los estudiantes aprenden sobre cultivo, alimentación y sostenibilidad.

Una apuesta por formar no solo estudiantes, sino ciudadanos con herramientas para construir su propio futuro.

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