Histeria: de Charcot a Freud, cómo la mente puede transformar el conflicto en síntomas físicos
Durante décadas, este diagnóstico desconcertó a la medicina al mostrar que experiencias emocionales profundas pueden manifestarse en el organismo

La somatización: cuando el síntoma se toma el cuerpo
La histeria es un diagnóstico que conocemos gracias a Charcot y a Freud. Jean-Marie Charcot fue un gran psiquiatra francés que estudió la histeria, describiendo las fases de lo que llamó el gran ataque histérico, toda una serie de síntomas que imitaban ciertos estados emocionales en manifestaciones corporales llamativas: estado epileptoide (convulsiones), clownismo (movimientos acrobáticos, arcos, contorsiones), actitudes pasionales (expresión de emociones fuertes) y delirio terminal (alucinaciones, risa, llanto y regreso a la normalidad).
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Para el maestro francés, estos eran causados por lesiones orgánicas, que nunca fueron descubiertas. Charcot retomó el término histeria utilizado por los griegos, que viene de la palabra útero, pues el cuadro clínico afectaba principalmente a mujeres.
Freud, que estudió con Charcot, planteó la hipótesis de una causa psicológica que confirmó cuando trató a una joven de diecinueve años que sufría de parálisis en un brazo y de problemas para caminar sin que ninguna lesión se lo impidiera.
El cuerpo como escenario del conflicto psíquico
En los tratamientos psicológicos que realizaba, fue descubriendo que los síntomas desaparecían cuando la joven lograba contar el momento en que se formó el síntoma: por ejemplo, el brazo paralizado era la forma en que recordaba la muerte de su padre, pues era la postura en la que dormía mientras lo cuidaba en su convalecencia.
Había así un fenómeno de conversión: un afecto psíquico era desplazado al cuerpo. Un síntoma histérico tomaba literalmente posesión de un cuerpo.
La histeria sigue cuestionando al saber médico. La relación del cuerpo con las representaciones psíquicas no termina de sorprender. Se estudia aún la forma en que las creencias de intervención a distancia, como el vudú o la santería, pueden producir efectos sobre una persona.
Se han constatado casos en los que una persona puede morir por creerse aquejada de un diagnóstico terminal que una autopsia desmiente. Este tipo de anécdotas es una confirmación de la incidencia del psiquismo sobre el cuerpo.
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Las creencias, las representaciones que tenemos sobre el cuerpo, pasan por el psiquismo. Esto apoya la noción de que existe un cuerpo psíquico, un cuerpo que se imprime y puede incidir sobre el cuerpo físico.
En los manuales de neurología actuales todavía se encuentra una distinción de síntomas que sirve a modo de advertencia: hay personas que no pueden mover el brazo porque tienen una lesión cerebral, y hay personas que no lo pueden mover porque algo psíquico lo impide.