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Diario Expreso Ecuador

Cómo Catalina Avilés transformó una tragedia en ayuda para 7.000 familias

Durante 25 años, Fundación Jonathan ha sostenido programas de ayuda para niños, adultos mayores y personas vulnerables en la capital

Catalina Avilés recuerda que, tras la tragedia que marcó su vida, empezó a ejercer la ayuda social dando alimentos a las familias necesitadas.

Catalina Avilés recuerda que, tras la tragedia que marcó su vida, empezó a ejercer la ayuda social dando alimentos a las familias necesitadas.ANGELO CHAMBA

Mariella Toranzos
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Una labor de amor

  • Catalina Avilés transformó el dolor por la pérdida de su hijo Jonathan en una labor social que dio origen a la Fundación Jonathan.
  • La fundación pasó de entregar alimentos a ofrecer atención médica, psicológica, educativa y terapéutica a cientos de personas.

“Mi hijo hoy tendría 33 años”, señala Catalina Avilés, mientras mira con una sonrisa la fotografía de Jonathan Zambrano, ataviado con el uniforme del colegio militar Eloy Alfaro. El retrato es lo primero que se ve al entrar en su oficina, en la fundación que dirige desde hace 25 años y que lleva el nombre de su único hijo.

Y es que el 24 de septiembre de 2002 su vida dio un giro inesperado hacia el horror, cuando el pequeño de apenas 8 años fue secuestrado y asesinado. “Sentí que mi vida se acababa con él, pero por él, por su legado, por el amor que le tenía a los demás, por sus ganas de ayudar a la gente, yo seguí”, señala.

A partir de esa pérdida, Avilés, conocida también como Katty, inició un trabajo social que con el tiempo se transformó en la Fundación Jonathan. Lo que empezó como una iniciativa pequeña hoy sostiene una red de atención para niños, adolescentes, adultos mayores y personas con discapacidad en Quito, beneficiando a cerca de 7.000 familias.

El proyecto comenzó con alrededor de 50 usuarios, en una apuesta que puso en marcha para rendir tributo a su pequeño. “Al principio, lo que podía hacer era ayudar a las familias con alimentación, y preparábamos desayunos y almuerzos. No pensé en abarcara nada más en ese momento, pero las necesidades eran abrumadoras. Por eso fuimos avanzando con atención médica y fisioterapia. Teníamos pediatría y medicina general, ahora tenemos fisioterapia, talleres ocupacionales, odontología, psicología y nutrición”, detalla.

Con el paso del tiempo, la fundación incorporó también apoyo educativo y acompañamiento a familias completas.

Reinventarse continuamente

En veinticinco años de labores, Avilés señala que la recursividad ha sido una de sus herramientas más importantes. La sostenibilidad del proyecto depende en gran medida de la autogestión y de las donaciones, lo que ha obligado a mantener la operación con distintas actividades para recaudar fondos, entre ellas rifas, venta de alimentos de temporada como fanesca y colada morada, conciertos, bingos y otras iniciativas solidarias.

Aunque reconoce que ha sido un proceso complejo, asegura que darse por vencida nunca ha sido una opción, no solo por las familias que dependen de su labor, sino también por el vínculo personal que la sostiene. “Hemos pasado por etapas muy duras para poder sostener este trabajo. Sí han habido momentos en los que quise darme por vencida, en los que he llorado de impotencia, pero este es el legado de mi hijo, y rendirme sería como perderlo una vez más”, afirma.

Por ello, señala que no tiene reparos en tocar puertas para conseguir el apoyo que financia sus programas. “Si hay que golpear puertas, hablar con amistades, empresas, gente que en algún momento ayudó, lo hago. Siempre estamos en esa lucha y no pararé”, concluye.

La fundación ofrece numerosos programas de ayuda para niños y adultos mayores en la capital.

La fundación ofrece numerosos programas de ayuda para niños y adultos mayores en la capital.ANGELO CHAMBA

La mamá de todos

Para Avilés, ver el progreso de las familias beneficiarias es una de las principales satisfacciones que le deja su labor en la fundación. “He tenido el privilegio de ver a muchos niños crecer, graduarse, empezar a trabajar, y siempre me da mucha emoción ver que se han podido superar, y que están sanos y felices”, cuenta. Añade que, para muchos de ellos, ella se ha convertido en “la mamá de todos”.

También recuerda cómo la experiencia de su hijo marcó el inicio de su labor social. “Cuando Jonathan tenía 4 años hacíamos este trabajo de ayudar a la gente con desayunos, dando juguetes en la Navidad. Y cuando veo lo que he logrado pienso que, a pesar de la terrible pena que fue perderlo, él me dejó el legado de llevar alegría y esperanza”, señala.

De cara al futuro, Avilés explica que su objetivo es consolidar un espacio integral con áreas verdes, que permita ampliar la atención a más familias y fortalecer los programas con una visión de largo plazo.

Creer en el prójimo

Avilés añade que la pandemia generó un cambio en la mirada hacia el trabajo de las fundaciones, tanto a nivel local como internacional, así como una reducción considerable en los aportes y ayudas que estas reciben.

Es una suma de temas económicos, de pérdidas y recortes, pero se dejó de priorizar a las fundaciones. Y eso se ha trasladado también a lo social, a que haya menos gente dispuesta a poner sus recursos y su tiempo por los demás. Es algo que preocupa y que debemos repensar”, dice.

Cree que humanizar a quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad es clave para construir una sociedad más empática. “Hay que ver por quien se tiene al lado”, concluye.

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