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Viva Quito ... y su futuro
Quito, nuestra hermosa capital, está de fiesta! Le gusta conmemorar sus años de fundación española con el debido alborozo. ¡Y hace bien! Ya son 483 años cumplidos. A mí me gustan más las fiestas de independencia, como el 10 de Agosto o el 9 de Octubre pero, toda oportunidad es válida para celebrar, y ni hablar de que los cumpleaños son fecha propicia.
El domingo recién pasado vi en un canal de televisión un programa donde se deseaba adelantar conceptos sobre el futuro de los ciudadanos quiteños. Da gusto observar a los capitalinos pensando en lo porvenir y en cómo afecta la calidad de la vida de quienes habitan la ciudad.
Se quejaban los panelistas, entre los cuales estaba un exalcalde, de la necesidad de tomar medidas que no son del gusto de todos pero, que resultan imprescindibles. Aludía a la proliferación de vendedores ambulantes que le dan mal aspecto a la urbe y a los que se debe reubicar debidamente. Siempre, por lo demás, será mayor la cantidad de los trabajadores informales, peor dada la actual crisis económica, que la cantidad de locales y mercados donde se los pueda destinar para que desarrollen sus actividades.
Destacaban cómo en ocasiones, desde el Gobierno central, cuando hay alcaldes que lo permiten, se le imponen al Municipio decisiones que atentan contra el desarrollo urbano del futuro. También que en otras oportunidades los burgomaestres asumen modelos aberrantes de desarrollo urbano. En la ubicación de las nuevas ciudadelas, por ejemplo, que cierran las calles al gusto de sus habitantes, sin reparar en que la configuración de la ciudad se convierta en estorbo para el tránsito fluido, mientras crece el número de automotores que congestionan las estrechas vías.
Por el estilo, aunque hay problemas, da gusto apreciar cómo se hace y se recibe crítica y ya se vislumbra un pequeño sabor a campaña electoral para elegir a los nuevos administradores cantonales.
Creo yo, que dada la crisis política nacional, los movimientos loables tienen una buena oportunidad para poner a trabajar la imaginación y proponer soluciones creativas y viables a los viejos males.