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La viga en el ojo
La noticia reciente de la paliza propinada a un diputado opositor a la “dictadura” de Maduro, por grupos afines a la “revolución chavista” en Venezuela, ha causado rechazo y críticas. No podía ser de otra manera; sin embargo, hace más o menos 8 años, hechos similares fueron generados en nuestro país por grupos afines a la “revolución ciudadana”, quienes irrumpieron en los bajos del Parlamento, para apalear a los diputados despectivamente denominados como de la “partidocracia”. Me pregunto, ¿qué nos sorprende?
De igual forma, llaman fuertemente la atención las muertes originadas en México y Colombia por los carteles de la droga. No obstante, desde la expulsión del personal norteamericano del Centro Operativo de Avanzada de lucha contra el narcotráfico en la Base Aérea de Manta, el Ecuador ha pasado a ser país de reposo de guerrilleros vinculados con las FARC y con el narcotráfico, convirtiéndonos en territorio de paso de sustancias estupefacientes y padeciendo los efectos colaterales, tales como el incremento de sicariato entre grupos de narcotráfico y consumo por parte de la población estudiantil, gracias a la legalización de dicho consumo. Por eso una vez más, me pregunto: ¿de qué nos sorprendemos?
Criticamos el manejo político y económico en Venezuela por parte del Gobierno fascista-socialista revolucionario de Maduro. Repudiamos la situación de desempleo, escasez y corrupción que tiene postrado al pueblo venezolano en la miseria, así como también recriminamos la represión de Maduro contra ciudadanos que ejercen su derecho a la protesta social, sin explicarnos cómo es posible que siga en el poder. Sin embargo, caminamos por la misma senda, padecemos los mismos males y tenemos similares resultados. Por eso me pregunto: ¿con qué derecho criticamos?
Es que pareciera que somos buenos para criticar o para aconsejar a otros, pero pésimos para aplicar aquello que aconsejamos, o para combatir aquello que criticamos. Pareciera que nos fijamos en la paja en ojo ajeno y no sacamos la viga del propio.
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