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Una victima
La mejor defensa es un buen ataque. Pues no siempre. Para poder aplicar este principio hay que ser ágil, astuto, inteligente. Cualidades que Nicolás Maduro no tiene. Ese piensa que buen ataque es pintarse de rojo en una corrida de toros. Es lo que hizo cuando decidió culpar a Colombia, Ecuador y Perú de la crisis migratoria que lleva su apellido. Ahí están, tratando de resolver cómo abren sus puertas mientras disminuyen su gasto fiscal. Y en plena operación les avisan que van a clavarles una demanda internacional por haber causado la crisis. Según parece nuestra estrategia fue: 1) iniciar una campaña propagandística internacional, donde convencimos a los venezolanos de que existe una crisis humanitaria en su país. Atención: la crisis es inexistente. Los venezolanos no la viven. Si deciden migrar es porque nosotros logramos implantar en ellos esta idea, 2) una vez que conseguimos que dejaran sus países, nos hicimos de mano de obra barata y obtuvimos a los esclavos que queríamos. ¡Ah! Y por si acaso, en este proceso nos quedamos con los miles de dólares que cada venezolano trae cuando cruza la frontera. Hay que ser miserable. Un venezolano frente a las cámaras enseñando un dólar diciendo que si lo tiene es porque un colombiano se lo dio para el viaje. Que en años veía uno. Y cuando creemos que hemos llegado al fin de la indecencia, una noticia más: van a exigir indemnizaciones a la región por el estilo de vida de los venezolanos migrantes. O sea, que a pesar del gasto no planificado que representa esta ola migratoria ¿tenemos que pagar a quien la causó por daños y perjuicios? No descartemos que un gobierno desesperado se aferre a esta situación como justificación para limitar el ingreso del éxodo. Maduro, perjudicando a su gente más allá de las fronteras. Pero, veamos lo positivo, el mensaje que -seguro- no percibió enviaba: si Maduro amenaza con utilizar las cortes internacionales para efectuar su demanda, significa que reconoce su autoridad. Con este antecedente, por favor: apurar el caso contra Nicolás Maduro en la Corte Penal Internacional. Que su cinismo actúe como veneno y que, por esta vez, cobre solo una víctima.