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Que nos toca hacer ante esto
No nos sorprende. Sabíamos que el correismo traía esa cantidad de corrupción y atracos a la fe pública y a los recursos del Estado. Un círculo que nos espiaba y se espiaba. El comportamiento mafioso no se disfrazó jamás. Lo que sí producía algo de gracia era atestiguar cómo se “rasgaban las vestiduras” aclamando que tenían manos limpias. Me he puesto a pensar que, tal vez, internamente, realizaron algunas ceremonias simulando una de esas majestuosas entregas del Óscar. Les salió bien el show ¿verdad?
Por ejemplo, la cara de Fernando Cordero al preguntarle por qué militares disparaban dentro las viviendas en una zona de la Sierra ecuatoriana. Se desencajó por completo al terminarle de hacer la pregunta exhibiendo las imágenes de esos hechos.
Otro ejemplo fue la demanda de Pedro Delgado ante la justicia ordinaria porque habíamos dañado su honorabilidad. Delgado dijo que le habían mansillado el honor y que necesitaba casi medio millón de dólares para repararlo. Lo que nunca entendí es que alegaba, a la vez, que el daño era irreparable; es decir, que no se podía reparar. Pero, pretendía miles. Cosas, ¿no?
Jimmy Jairala también se molestó e interpuso una denuncia ante Carlos Ochoa, otro servidor de Correa, porque en mi entrevista el excontralor Pólit dijo que había presentado ante la Fiscalía 33 informes con responsabilidad penal por su primer periodo como prefecto. Indagación que nunca prosperó en manos de Galo Chiriboga, ex fiscal general y Paul Ponce, ex fiscal provincial. ¡Es que estos informes de Contraloría tienen una habilidad de desaparecer y aparecer! ¿Serán mágicos?
La pocos modales de la asambleísta Viviana Bonilla cuando no supo responder lo que era el método de cooptación y estaba hablando de “cambiar” la justicia; las malas maneras de la asambleísta Aguiñaga ante preguntas que cuestionaban su gestión con relación al tema minero. La actual vicepresidenta tampoco desaprovechó en mostrar sus malos modales al proponerle un diálogo cuando defendía la reelección indefinida.
Hombres ebrios de poder y mujeres que se hacían llamar defensoras de mujeres, insultando a los hijos de sus opositoras. ¡Vergüenza histórica! Los audios de estos últimos días deberían ser suficientes para que renuncien Serrano y Baca. Pero sobre todo para que Lenín revise no solo el compromiso ético con el pueblo, sino que no olvide que Correa se beneficiaría enormemente si su gobierno fracasa. Será el camino político más fácil para hacerlo quedar como tonto y de “eliminar”, por traidores, a quienes se pelean hoy.