Un museo light marca Progen
Lo ocurrido con el concurso para elegir el diseño del nuevo Museo Nacional parece ser un pretexto para favorecer a ciertos intereses en negocios inmobiliarios

El edificio del proyecto ganador del concurso para el nuevo Museo Nacional del Ecuador se derrumbó aun antes de ser construido.
Lo primero que se debe decir sobre el concurso de proyectos para elegir el diseño arquitectónico del nuevo Museo Nacional es que ha caído en las peores manos.
Ya es demasiado irritante que el ministro de Progen aparezca ahora al frente de otro negocio de cien millones de dólares, dictando las reglas y diciendo cómo son las cosas. Pero eso es sólo el principio de esta tragedia.
Los criterios que pesarán en la elección del diseño
La idea de elegir al ganador por aclamación popular, con la que se pretende acariciar la autoestima de los inconformes con el resultado del primer y legítimo concurso, es una estupidez sin atenuantes. Añádase el hecho de que el Gobierno controla las redes, pues ha invertido fortunas en su aparato de desinformación, y se comprenderá el alcance real de esta oferta populista. A eso hay que sumar la designación a dedo de un jurado atravesado por el conflicto de interés e integrado por el gran constructor del grupo Nobis, un decorador de interiores y dos arquitectos relacionados con el negocio inmobiliario.
¿Relacionados con el negocio inmobiliario en general o con los proyectos inmobiliarios concretos que se levantarán en los terrenos adyacentes? Es importante saber que, comparado con esos terrenos, el solar del nuevo museo aparece como un pequeño apéndice, apenas lo suficientemente grande para albergar el centro de entretenimiento que revalorizará la inversión de las torres de vivienda que ya fueron anunciadas.
¿En eso están pensando el ministro de Progen y su grupo de amigos? ¿En un proyecto ancla, un ‘Lifestyle Center’ con almacenes, gimnasios, salas de cine, restaurantes de moda…? ¿En un ‘mall’ con museo incorporado?
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La responsabilidad por esta tragedia nacional
Para allanar el camino hacia semejante objetivo, claro, lo primero era prescindir de la única persona en el Gobierno que estaba comprometida con el proyecto de un Museo Nacional digno de ese nombre: la ministra degradada a viceministra Romina Muñoz. Desbrozado el terreno con la eliminación de su equipo técnico, no quedan obstáculos en el horizonte. Porque, ¿a quién piensan nombrar director de la reserva? ¿Al bodeguero de la molinera?
Todo lo cual sea dicho para desmentir la absurda hipótesis de que la culpa de esta tragedia (porque lo es: la tragedia de la cultura nacional expresada en la colección de arte y bienes culturales más magnífica y representativa de la nación, cosa que el ministro de Progen tendría que nacer de nuevo para aprender a valorar debidamente), la culpa de esta tragedia, decía, es de quienes se opusieron al proyecto ganador del primer y legítimo concurso. Nada más equivocado: esto estaba planeado de antemano. Y cuando el Gobierno pretendió imponer al jurado internacional un segundo premio a su medida, cuando intentó desconocer el resultado (estos detalles los contó en Politizados Alejandro Zaera Polo, miembro de ese jurado), era obvio que preparaba ya este desenlace.
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La opinión pública que se opuso al resultado del primer y legítimo concurso no hizo otra cosa que expresarse en su legítimo derecho. Algunos lo hicieron con razones muy bien argumentadas, no sólo por el subjetivo criterio del gusto. No es su culpa que el ministro de Progen y su socios en negocios inmobiliarios los usaran como pretexto.