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Seducidas por la violencia
Cada vez más adolescentes, apenas salidas de la infancia, se unen a las filas del grupo Estado Islámico (EI), atraídas por su propaganda extremista, un fenómeno que antes era casi exclusivamente masculino.
Cada vez más adolescentes, apenas salidas de la infancia, se unen a las filas del grupo Estado Islámico (EI), atraídas por su propaganda extremista, un fenómeno que antes era casi exclusivamente masculino.
“En la categoría de menores de edad hay una alta representación femenina, en una proporción de aproximadamente 55 %”, indica un alto oficial de la lucha antiterrorista que pide no ser identificado. Más de 5.000 europeos, en especial jóvenes, se han unido a grupos terroristas fuera de la UE, en su mayoría al EI, según un informe comunitario de 2015.
¿Qué lleva a jovencitas, algunas apenas salidas de la infancia, a unirse a una organización tan radical, a intentarlo o a soñar con hacerlo?
El sociólogo Farhad Khosrokhavar, director de estudios de la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales (EHESS), que entrevistó a varias de ellas y estudió su recorrido, tiene elementos de respuesta.
En primer lugar “estamos ante la primera generación de chicas que pueden estar fascinadas por la violencia así como los muchachos. Antes, era un fenómeno casi exclusivamente masculino. Esta nueva generación ha cambiado de perspectiva”, dice. “Muchachas me han dicho: ‘mi ideal es Kouachi” (los hermanos Kouachi, autores de la matanza de Charlie Hebdo). No ser su mujer o su novia: su sueño es ser el propio Kouachi. Directamente la violencia”, explica.
En los fenómenos de radicalización, a menudo complejos, con chicas de perfiles distintos y de medios sociales diferentes, entra en juego otro fenómeno.
“Es lo que yo llamaría la fatiga ante los muchachos inmaduros que ellas frecuentan. Hay un culto nuevo. El joven yihadista se convierte en un ideal masculino para esas adolescentes, que piensan que pueden confiar en él. Su seriedad se mide a través de la voluntad de exponerse al peligro de muerte. Se trata de un posfeminismo antifeminista: el culto de la virilidad, es decir que quieren un hombre que tenga virtudes masculinas tradicionales”, sostiene.
La adolescencia es la edad del entusiasmo, de los ideales, de los entusiasmos más o menos racionales: los reclutadores del EI, expertos en materia de propaganda y de utilización de las redes sociales, lo han comprendido perfectamente.
La investigadora británica Erin Marie Saltman, coautora del informe ‘Till martyrdom do us part’ (‘Hasta que el martirio nos separe’) sobre el papel de las mujeres en el EI, estima que el gancho de la acción humanitaria funciona sumamente con las adolescentes. “Sería falso considerar a esas jóvenes solo como mujeres de yihadistas. Muchas piensan que el régimen sirio y las fuerzas internacionales persiguen a los musulmanes, y uniéndose al califato, creen participar en la creación de un Estado que dará un futuro y seguridad a los musulmanes de todo el mundo”.
Finalmente, la adolescencia es también la edad de la rebelión, que tomará en el caso de esas menores un giro extremo.
“Hay una voluntad evidente de transgresión”, afirma Khosrokhavar. “Esa forma de rebelión adolescente y post-adolescente estaba antes reservada a los varones. Ahora, también las chicas se rebelan de esa manera: parten, toman un billete de avión hacia Turquía. Saben que la sociedad detesta el yihadismo, y esa es la mejor manera de romper con la sociedad”.