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Salvando vidas ‘al vuelo’
Los bomberos aeronáuticos están preparados para atender las emergencias que puedan darse en aeronaves y aeropuertos. Ellos deben actuar con rapidez.

La mañana transcurre tranquila para el personal del Servicio de Salvamento y Extinción de Incendios de la Dirección General de Aviación Civil (DGAC). De repente una alarma sobre una posible emergencia en una aeronave los pone a correr. Los socorristas activan rápidamente el plan de contingencia, encienden un sofisticado vehículo parecido a un tanque de guerra sin cañón, al tiempo que se despojan de sus sencillas vestimentas para enfundarse pesados trajes que soportarán durante la acción.
El equipo de la central de alarma confirma el hecho y la torre de control notifica al personal de socorro. En contados segundos se explica el auxilio y su magnitud; la aeronave coordina desde el aire y los socorristas en tierra.
Es un incendio en el tren de aterrizaje de la nave. El peligro es inminente y hay que evitar que las llamas alcancen el tanque donde lleva el combustible. Salvar las 120 vidas que lleva la aeronave es el objetivo.
Con esta imaginaria emergencia o simulacro, el turno de la mañana de los bomberos aeronáuticos muestra su arriesgado trabajo en el aeropuerto Eloy Alfaro de Manta.
Adriano Zambrano, administrador del aeropuerto, recuerda que estos ejercicios representan la capacidad operativa de una estación aeroportuaria. “Los simulacros se los realiza con seriedad y sirven para medir el tiempo de respuesta y observar la agilidad del bombero. Obviamente, la adrenalina no va a ser la misma que en una emergencia real”, recalca el funcionario.
Manuel Chávez, de profesión abogado y experto en seguridad de terminales aéreas, es el supervisor (e) de la estación de bomberos del aeropuerto de Manta. Él indica que existe una diferencia entre los socorristas que apagan el fuego dentro de las terminales aéreas y los que cubren el resto de la ciudad.
“Desde que se declara una emergencia en la pista o en la nave debemos actuar de manera rápida. Lo hacemos porque el componente de una aeronave es más rápido. En aviación son límites que tenemos porque a partir de esos dos minutos comienza la nave a botar gases tóxicos que afectan a la vida del pasajero y a la tripulación”, explica el experto.
Chávez aclara que a diferencia de los bomberos aeronáuticos, los otros bomberos deben esperar una alerta del sistema ECU-911 y que las emergencias que atienden son diferentes y, en pocos casos, relacionados con combustible de aviación.
El mecanismo del personal de auxilio en los aeropuertos utiliza una vestimenta especial y sofisticada. Está compuesta en su equipo autónomo de respiración por efecto de los gases tóxicos que emana la aeronave. Esto les permite avanzar a las áreas donde se concentra el humo y realizar la evacuación.
Para estas urgencias no solo el rescatista debe ser ágil, sino también los componentes químicos que utiliza para disuadir el fuego. En caso de que el siniestro se expanda entran a operar refuerzos con los miembros de la Fuerza Aérea Ecuatoriana. Aunque las emergencias extremas que se han presentado en el Eloy Alfaro son pocas, el personal de socorro siempre está activo y listo para responder a ellas.
Esta base aérea cuenta con dos vehículos con un sistema de bombeo a un alcance de 70 metros y es de capacidad de 4.500 galones de agua manejado con 630 galones de espuma y 500 libras de polvo químico que permiten disuadir el fuego en segundos.
Eddie Holguín, coordinador del Servicio de Salvamento y Extinción de la Regional II de la DGAC, recuerda que todos los aeropuertos del país administrados por esta institución tienen personal y equipamiento como el aeropuerto de Manta.
Agrega que ahora todos cuentan con nuevos equipos para atender las urgencias. “Se ha conseguido la renovación de un parque automotor, vehículos electrónicos, en conjunto con iluminación, equipos de ventilación de rescate”.