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Diario Expreso Ecuador

El lado ‘B’ de la vergüenza

Agresiones en estadios y destrozos al espacio público en México: escenas que no son ajenas a Ecuador, donde la tolerancia al daño convive con la impunidad

Ante las agresiones, homofobia y racismo que mancharon la imagen de México en el Mundial, la presidenta Sheinbaum actúa como si poner cara de palo y una sonrisa ensayada fuera a desaparecer la verdad.

Ante las agresiones, homofobia y racismo que mancharon la imagen de México en el Mundial, la presidenta Sheinbaum actúa como si poner cara de palo y una sonrisa ensayada fuera a desaparecer la verdad.Archivo Expreso

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Que alrededor del fútbol hay fanáticos violentos no es novedad; que pueden contagiar a una masa de gente irreflexiva, tampoco. Lo que no es usual es que esto suceda durante un Mundial, momento en el cual los anfitriones buscan presentar su mejor rostro y promocionar, sobre todo, las bondades de su gente. Lo de México fue la excepción, con lamentables episodios de agresiones, homofobia y racismo que mancharon la imagen de un país que necesitaba, con urgencia, presentar titulares distintos a los habituales de violencia. La gran vitrina para revalidar su historia, cultura o gastronomía quedó opacada por las acciones de unos pocos y el silencio cómplice de muchos, especialmente de la presidenta Sheinbaum, que actúa como si el poner cara de palo y una sonrisa ensayada fuera a desaparecer la verdad.

De la homofobia en el Mundial a las calles de Ecuador

Pasó allí, pero estas escenas no son ajenas a nuestra realidad. Hay un evidente cambio de conductas sociales que se cruzan o producen por otros fenómenos: la tolerancia al daño a los bienes ajenos, la convivencia con la impunidad, la ansiedad por ser notorios, la sensación de irrelevancia por fuera del grupo. Aquí también vemos agresiones en partidos de fútbol, destrozos al espacio público en manifestaciones o jaurías recorriendo en motocicletas, sin que termine en sanciones ejemplares. Pocos tienen el valor de ir a contracorriente de quienes faltan a la ley y muchos prefieren justificar ese deterioro moral con la excusa de que son hechos que no nos representan a todos. Pues, lamentablemente, sí lo hacen, porque una sociedad debe ser medida tanto por cómo tratamos a los más débiles como por el nivel de cumplimiento de las normas de los más fuertes.

La buena noticia es que la vergüenza que se instala no es una tonada única. Tiene un lado ‘B’, positivo: reflejarnos en ella como un espejo que finalmente nos muestra aquello que nos hemos negado a ver. Puede convertirse en un catalizador de reformas, un llamado a los padres para enderezar los valores que transmiten a los hijos, una chispa que encienda la conciencia cívica. Si se canaliza de manera correcta, es un piso desde el cual propulsarse hacia ser mejores.

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