El rutinario ‘bachaqueo’

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El rutinario ‘bachaqueo’

El Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela (TSJ) divulgó una sentencia que prohíbe las manifestaciones en los alrededores de las sedes del Poder Electoral, tras una solicitud de trabajadores de esa institución.

Filas. Un grupo de personas hace cola ante un supermercado, entre ellos se encuentran los ‘bachaqueros’, quienes luego revenden los productos.

Las oscuras y solitarias calles de Caracas no son a las cuatro de la mañana el mejor escenario para pasear, si es que lo son para algo. A esa hora, Daniela, de 27 años, con una hija de 7 y otra de 11, inicia su particular jornada laboral junto con seis “compañeras”; amigas las llama a veces. Durante tres horas recorren seis o siete locales de venta de comida y distintos mercados. Hay gente ya apostada en las filas, pero Daniela sabe que se la va a saltar, que se va a ‘colar’. Desde hace año y medio han tejido una red que les permite saltarse la ley, situación que en Venezuela hace tiempo se convirtió solo en algo que se sugiere cumplir. Daniela es una ‘bachaquera’, una revendedora de productos por los que puede obtener 100 veces más de lo gastado. El negocio más rentable de una Venezuela camino al Guinness de la inflación. El clímax de la ilegalidad. La supervivencia convertida en rutina.

“Yo no soy mala”. La obsesión de esta chica, que como el resto de los consultados pide ocultar su nombre real por seguridad, es argumentar que no le ha quedado otra solución. “Yo no soy mala”, insiste una y otra vez, sin ocultar tampoco una sonrisa pícara cuando explica: “Es plata fácil, ahora ya ni buscas trabajo ni te lo pueden dar. Y la gente necesita los productos”.

Daniela y sus amigas trabajan de martes a viernes. Cuando abren los supermercados, a eso de las 07:30, ya tienen todo su circuito preparado. Los responsables de los locales y de los mercados les han avisado por WhatsApp de qué productos regulados -los básicos, el arroz, la leche, la harina, los de aseo personal, los que escasean- han llegado. La Policía ya las conoce y las cuela ante el enfado, cada vez más descontrolado, del resto. “Dicen que somos sus familiares y que tenemos prioridad, pero no es verdad”, cuenta Daniela. Ya dentro de los locales, la anarquía continúa.

Después de hacer acopio, sobre las 10:00, Daniela se retira a descansar y a sus tareas domésticas. En torno a las 12:00 manda un mensaje a su red de clientes y hasta las 14:00 se dedica a revender los productos. Es la hora del almuerzo para mucha gente que no ha podido ni querido hacer cola y que está dispuesta a pagar un sobreprecio. A veces, hasta 100 veces superior al valor del mercado. Algunos lo vuelven a revender, ya con menos beneficio.

Con una memoria de contable infalible, Daniela desgrana los beneficios: “Un paquete de arroz, de 450 bolívares, lo vendo a 1.500; la leche, de 800, a 3.000; los pañales, de 100, a 1.500”.

A principios de la pasada semana, a una amiga de Daniela la detuvieron mientras compraba productos para luego revenderlos. Puso su huella más veces de lo permitido. La Guardia Nacional Bolivariana, ante la inacción de la Policía, está cada vez más presente en las colas de los mercados. La tensión va a más. “Esto se está poniendo feo”, dice la mujer.

La Ley de Precios Justos establece precios regulados para los productos de primera necesidad, los que suelen mover los ‘bachaqueros’. Quienes revenden esos productos se arriesgan a una pena de entre tres y cinco años de cárcel. Daniela es consciente en algunos momentos. “Yo los únicos días que no salgo es cuando mi hija, la mayor, que se entera ya de todo a los 11 años me dice: ‘Mami, te van a llevar presa’. Ese presentimiento me da miedo”.

Hay otro temor cada vez más tangible entre los venezolanos: el miedo a compartir el ‘bachaquero’. Cada vez son más los casos de personas que no quieren dar el teléfono de su proveedor para no quedarse, por ejemplo, sin papel higiénico. Por si algún día, quizás no tan lejano, el escenario es todavía más crudo.

El ‘bachaqueo’, sobre todo el contrabando de gasolina, era una práctica tradicional en la frontera entre Colombia y Venezuela. El ‘bachaco’, el origen del nombre, es una hormiga culona típica de la zona que se caracteriza por cargar sus alimentos encima. Cuando se prende un fósforo y la tierra comienza a arder, los ‘bachacos’ salen disparados para cualquier lado. Como Daniela a las cuatro de la mañana.