Roban hasta 200 piezas del mobiliario publico al mes

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Roban hasta 200 piezas del mobiliario publico al mes

Delincuentes sustraen los tachos de basura y cubiertas para extraer el metal. Por la incontrolable frecuencia, Fundación Siglo XXI ha limitado su reposición.

Secuela. A lo largo de la calle García Goyena, en el suroeste, se evidencia la sustracción de tachos de basura.

Las repusieron una, dos y tres veces, pero no hubo cuarta ocasión. Tapas de hierro del suministro eléctrico soterrado fueron robadas en reiteradas ocasiones en los exteriores del estadio George Capwell. Tras los atracos, Wilfrido Matamoros, titular de la Fundación Siglo XXI, entidad municipal a cargo de las obras de regeneración urbana, decidió no instalarlas nuevamente.

El funcionario recalca que esas tapas no son las únicas piezas del mobiliario urbano que los delincuentes roban. A la lista se suman los tachos de basura y, en menor cantidad, los asientos metálicos. “Son más difícil de robarse, pero sí ha habido casos”, afirma.

Pero, ¿quiénes y para qué sustraen las piezas? La respuesta la da Matamoros: “Los recicladores las venden para cubrir sus vicios. Para poder fundir las tapas de las alcantarillas se requiere de un proceso más tecnificado, el hierro es más difícil de sacarlo”.

Este problema se evidencia en diversos sectores y cada vez se incrementa. Matamoros manifiesta que algunas cubiertas metálicas han sido encontradas en otras ciudades ajenas a Guayaquil, entre ellas, Manta.

Las cifras son elocuentes. Hasta cincuenta tapas son reportadas como robadas en la ciudad cada semana. O, lo que es igual, hasta 200 al mes.

Enrique Medina, gerente operativo de la Fundación Siglo XXI, asegura que ante ello han realizado diferentes gestiones. “No tenemos guardias que controlen. Se han enviado cartas a la Policía, al alcalde y también a las recicladoras para que verifiquen”, manifiesta.

Las calles del centro son las preferidas para los atracos a las cubiertas. Medina recalca que ellos han optado por sustituir las tapas de metal por otros materiales. Sin embargo los robos continúan.

“Las hemos reemplazado por tapas de hormigón y otros componentes que no se pueden fundir, que no les sirve, pero igual se las llevan”, lamenta.

Las de hormigón también son llamativas para los atracos. El funcionario explica que, con estas, en cambio, rompen el cemento para sustraer las varillas de hierro que contienen.

En las calles Venezuela y Coronel, cerca del parque España, hacia el sur de Guayaquil, se han registrado en reiteradas ocasiones denuncias de robo de las tapas.

Roberto Suárez, residente desde hace más de 14 años en este sector, dice haber sido testigo de ello: “Aprovechan la noche y madrugada. Roban los cables y los queman para sacar el cobre. También se roban las rejillas de las tapas”.

Esta es una situación que se replica en diversas partes de la ciudad, sobre todo porque, como publicara EXPRESO el pasado 2 de enero, ese cobre es el ‘oro’ de delincuentes y chamberos, ya que es el material usado por el que más les pagan en las recicladoras.

Cerca de la zona citada se levanta una Unidad de Policía Comunitaria (UPC) donde, según los moradores, también se han sustraído las cubiertas.

Igual ocurrió con las letras de la fachada exterior del Instituto de Diplomacia y Ciencias Internacionales de la Universidad de Guayaquil. Según vecinos, eran de bronce.

Los tachos cilíndricos de basura también han sido objeto de la delincuencia. Las calles largas del sur son las que registran más robos de los basureros, entre ellas, las avenidas Quito, Machala, Portete y la 29.

Matamoros también estima que hay responsabilidad de los ciudadanos: “A mucha gente no le gusta que les pongan los tachos porque es un lugar de concentración de basura; los mismos moradores los dañan. Si reinciden los robos, no los ponemos”, sentencia.

A través de un recorrido que hizo este Diario se observó que algunos tachos de basura municipales tienen fundas; otros, por el contrario, no las tienen y lucen deteriorados.

A lo largo de las calles Capitán Nájera y García Goyena, hacia el suroeste, se evidencia que algunos tachos han sido desprendidos de sus puestos. Solo quedan los pedestales oxidados donde alguna vez se sostenían.