Elecciones. Alejandro Domínguez ocupaba el cargo interino en el organismo por Napout. Ayer en los sufragios fue respaldado.

El reto es ofrecer productos novedosos

Amante del café antes que del mate; motivador, que cree en un Ecuador “lleno de oportunidades”; algo filósofo y bastante entregado al trabajo y al orden. Hablamos de Jorge Rovelli, un corredor y consultor de bienes raíces para quien la disciplina lo es todo, o al menos, la clave del éxito de toda actividad.

Hace siete años dejó su natal Argentina para echar raíces en Guayaquil. Le ha ido bien en lo personal y lo profesional, y considera que acá, sectores como el inmobiliario, deberían aplicar ciertos cambios para un rápido desarrollo. “Si Ecuador comenzase a explotar toda la riqueza que tiene, con empleados disciplinados dentro de las empresas, el país podría fácilmente ser una potencia inmobiliaria, al menos en Sudamérica”, reflexiona.

No es una quimera ni mucho menos. El mismo Rovelli ha podido descubrir el potencial de vendedores y asesores inmobiliarios ecuatorianos a su cargo, como aquella divorciada con hijos pequeños que superó las adversidades y logró salir adelante en este negocio. “Verla crecer laboralmente me hacía sentir que mi trabajo con los equipos de ventas valían la pena”, recuerda el consultor.

Tras haber pasado por todos los peldaños laborales dentro de esta actividad, hasta llegar a ser gerente comercial en algunas firmas, Rovelli, quien también es rematador al martillo, tiene actualmente una ocupación vinculada al rubro informático y otra a la consultoría inmobiliaria independiente. No importa si trabaja cuatro, cinco o veinte horas al día. Para él lo que importa es la calidad del trabajo.

A no confundir tiempo de trabajo con jornada laboral-aclara el promotor de 33 años-. Mi cabeza funciona desde que se levanta hasta que se duerme, pensando en todo aquello que concierne a mi trabajo.

¿Y de la recesión que vivimos hoy? Rovelli dice que eso “es casi una especialidad” en su país. Luego recuerda que su madre, quien es comerciante, siempre le decía que en momentos así se tiene dos caminos: quejarse y perderlo todo, o enfrentar el destino y empezar a crear. Él optó por lo segundo: empezó a crear y a ofrecer servicios novedosos y al alcance de cualquier bolsillo o clase social.

“Si un cliente ve que todos los productos ofrecen lo mismo, elegirá el más barato, sin importar lo que le digas...”, advierte el profesional graduado en la Universidad Católica de Cuyo, en su natal provincia de San Juan. “El reto del promotor es buscar lo que su proyecto ofrece además de vivienda. Este plus que todo producto tiene y que el cliente desconoce o le es indiferente, es lo que permitirá a cada empresa poder competir de igual a igual”.