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Resultados electorales. El rechazo de la mediocridad en las urnas
Una década fuimos espectadores de una representación al más puro estilo populista, para un pueblo que no le enseñaron a razonar. Solo a aplaudir, reír y seguir la corriente. Hoy no andamos lejos de eso. Tuvimos una presidenta de la Asamblea Nacional que lo único que sabía era un poco de dicción, sin saber lo que decía; actores que lo único que aprendieron fue a obedecer, ser consecuentes y aprobar lo que se les decía. Todo eso llevó a reducir los estándares de los funcionarios públicos. Estaban allí para firmar papeles que facilitaban atracos. Algunos candidatos afines al gobierno de esa década ni siquiera conocen nombres y apellidos de personajes históricos. Se jactan de victoria cuando los porcentajes alcanzados no otorgan legitimidad: salir electos con 20, 21 o 22 % es no representar ni a la cuarta parte del electorado, y eso que se calcula sobre votos válidos (otra artimaña), ¡imaginemos si calculamos el porcentaje sobre votación total o total de votantes habilitados! Solo una mentalidad mediocre puede asimilar el concepto de democracia a la mediocridad, donde “participan todos y se pueden elegir todos”. Alcanzar un par de prefecturas y casi una alcaldía envalentona al guía principal que sale a perorar: “si vuelvo, les gano”. Afortunadamente un alto porcentaje de la población sí razona. Los resultados, una evidente decadencia: de 70 % en un principio (sobre votos totales) ahora a máximo 23 % de votos válidos. La mediocridad se evidencia y el pueblo la rechaza.
Ing. José M. Jalil