Reposicionar los valores
Ninguna sociedad, premoderna o moderna, del mundo cerrado o del globalizado de hoy, puede existir sin valores que sustenten la vida de las colectividades y sus integrantes. Con razón se dice que los valores son fundamento y sustento de la vida humana, para que sus componentes sepan qué son, hacia dónde van y por qué deben persistir en la búsqueda de mejores días.
Es cierto que ya no vivimos los tiempos de ayer, en los que la familia, el padre o la madre se interesaban por la tarea de formar a sus hijos en valores. O en los que la escuela y los maestros eran los más interesados en que sus estudiantes les reconocieran la importancia de su rol para la cohesión y orientación de su vida social.
Que hombres y mujeres de hoy sean conscientes del profundo significado de palabras como libertad, honestidad, solidaridad, compromiso social, amistad, honradez, etc., no solo prueba que son personas cultas e informadas. Significa mucho más que esta apreciación superficial.
Que los ciudadanos de nuestros días, niños, jóvenes y adultos porten, comprendan y asuman la práctica continua de valores como los mencionados implica que la sociedad, la urbe, los pueblos, las ciudadelas, los barrios, etc., tienen entre sus integrantes a hombres y mujeres que saben que la cohesión social no es compulsiva sino que es una tarea de adhesión, integración e interiorización de un conjunto de valores, éticos y morales, siempre sociales, y de diversa índole.
Frente a un mundo globalizado y tejido en redes, donde la tecnología marca la pauta de acción de los humanos es preciso que ellos comprendan que de nada vale que tengan el mejor celular, vistan la mejor ropa de marca, usen el más sofisticado maquillaje o luzcan en sus cuerpos las mejores galas, si son seres humanos débiles y precarios en valores.
Este es un problema de todas las sociedades modernas actuales. Por eso un filósofo habla de ética líquida y de tiempos líquidos. Ante esto es preciso que los padres de familia, la escuela y la sociedad en general, insistan en la tarea permanente de revisar y reposicionar los valores. Especialmente los éticos y morales, pues estos son el mejor antídoto contra la drogadicción, el narcotráfico, la corrupción, la delincuencia, el embarazo prematuro, etc. No podemos descuidar este compromiso y accionar.