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Diario Expreso Ecuador

Empate técnico

En Perú, si gana Keiko, deberá procurar que su pragmatismo y su visión de mercado aseguren un crecimiento y un desarrollo que alcancen para todos

La incertidumbre y la profunda división social marcan una jornada electoral histórica. Una mitad del país busca el crecimiento y la estabilidad; la otra, una ruptura con el pasado, dejando el futuro de la nación en un hilo absoluto.

La incertidumbre y la profunda división social marcan una jornada electoral histórica. Una mitad del país busca el crecimiento y la estabilidad; la otra, una ruptura con el pasado, dejando el futuro de la nación en un hilo absoluto.Inteligencia Artificial

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Diez años de inestabilidad política, de presidentes defenestrados, encarcelados o llevados al suicidio. Diez años de corrupción, improvisación e ineptitud. Un Perú caotizado, cooptado por zurdos caviares, izquierdistas revolucionarios, la izquierda rural y campesina, emerretistas, montoneros o senderistas, con algún derechista de escasa imaginación en el ínterin.

Luego de cuatro intentos en los últimos quince años, Keiko Fujimori vuelve al balotaje para disputar la presidencia del Perú. Es la principal y única heredera del legado que, treinta años atrás, dejó el ingeniero Alberto Fujimori, un legado que explica buena parte de lo que hoy es el Perú. Con un estilo pragmático, una visión de mercado y respeto por la institucionalidad, Keiko Fujimori lucha por derrotar su propio antivoto.

Un país dividido: voto antifujimorista vs antifujimorismo

El Perú se encuentra dividido. La mitad de su población parece no haber entendido el error de haber elegido a Pedro Castillo hace cinco años. No logra comprender que la fórmula de Sánchez, de la izquierda radical, del estatismo, de la improvisación y de la revolución, no funciona. No ha funcionado nunca. No va a funcionar jamás.

El voto anti-Sánchez, anti-Castillo y antiizquierda recalcitrante compite voto a voto, con un margen muy estrecho, contra el antifujimorismo. Nada está dicho aún. Mientras escribo estas líneas, el conteo parece interminable y la ligera ventaja inicial de Keiko va menguando a cada instante.

De ganar Keiko, el fujimorismo retornaría al poder luego de veintiséis años. Alberto Fujimori gobernó el país desde 1990 hasta el año 2000, período durante el cual logró transformarlo profundamente, estabilizando la economía y derrotando al terrorismo. Sentó así las bases para el crecimiento que ha experimentado el país, a pesar del caos político que aún persiste.

Este crecimiento económico se explica, en gran medida, por la independencia del Banco Central, que ha permitido sostener una sólida estabilidad monetaria y mantener una inflación controlada, así como por la disciplina fiscal, que ha sido uno de los pilares fundamentales del desarrollo peruano. Si gana el fujimorismo, el país podría esperar crecimiento económico sostenido, respeto por la disciplina fiscal, fortalecimiento institucional y una estabilidad económica y jurídica que le permita continuar su progreso hacia el futuro.

De ganar Roberto Sánchez, el panorama se vuelve incierto. Se trata de un candidato que amenaza con cambiar la Constitución, intervenir en el Banco Central, liberar a Castillo y cogobernar con Antauro Humala. En definitiva, sería el retorno de los terrucos al poder. Y ello podría cambiar dramáticamente el rumbo del país, destruyendo en pocos años —o meses— lo que ha tomado casi cuatro décadas construir.

Un país polarizado, dividido entre dos visiones opuestas. Si gana Keiko, deberá gobernar para todo el país. Deberá procurar que su pragmatismo y su visión de mercado aseguren un crecimiento y un desarrollo que alcancen para todos y lleguen a cada rincón del Perú, con el fin de reducir el descontento de esa mitad del país que aún vota por la izquierda terruca.

Si gana Sánchez, que Dios nos coja confesados. Pasaremos algunos lustros preguntándonos, una y otra vez, aquello que Mario Vargas Llosa inmortalizó en su novela Conversación en La Catedral (1969): ¿En qué momento se jodió el Perú?

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