El show. Incluyó actos musicales y también la entrega de reconocimientos a personajes que han aportado al desarrollo del centro.

Un reencuentro con amigos de la tercera edad

El centro gerontológico Arsenio de la Torre Marcillo cumplió 12 años. Alrededor de 1.300 adultos mayores acudieron al agasajo.

Cuando Marcela Alfaro, hoy de 71 años, ingresó al centro gerontológico municipal Arsenio de la Torre Marcillo, jamás pensó que reviviría una de las épocas más bonitas de su vida, la del colegio. En el lugar, que este martes 27 de agosto celebró su aniversario número doce, se reencontró con ocho amigas que estudiaron con ella en el colegio Dolores Baquerizo. Y la sorpresa fue grande.

“Un gran premio. La más linda coincidencia”. Uno de los mejores y más satisfactorios reencuentros que, precisa, le está permitiendo vivir sus años dorados acompañada de las que considera sus hermanas.

“Es como haber vuelto al pasado”, piensa. Y mejor aún, porque en el centro, al que llegó hace ocho años, ha logrado conocer nuevas amigas con las que no solo comparte de los talleres que les permiten descubrir incluso nuevas destrezas (ella, por ejemplo, practica yoga y hace origamis); sino de nuevos momentos: paseos, salidas a las cafeterías, restaurantes. “He aprendido a vivir con gente de la misma edad y estoy maravillada”, acota.

María Calero Martínez, quien llegó hace tres años a esta institución que es administrada por la Universidad Católica Santiago de Guayaquil y ayer (martes) se encontraba en el sitio, celebrando con sus casi 800 compañeros, dice estar igual de contenta.

Asegura que fueron varios años los que se resistió a acudir al lugar y ahora se arrepiente. “Aquí aprendí a aceptarme y a aceptar también que aunque somos independientes, los años pasan y tenemos falencias. Aprendí a cuidarme y aceptar la ayuda del resto. Aprendí a vivir a plenitud”, manifiesta, mientras no deja de abrazar a sus compañeros, quienes tampoco dejan de hacer bromas.

“La sociedad debe saber que somos lúcidas, que bailamos, hacemos gimnasia. Que prácticamente unas quinceañeras”, le expuso entre risas Alfaro, también su amiga; unos segundos antes de hacerse una foto, que fue precisamente una de las actividades favoritas entre los integrantes.

Antonieta Plaza, de 73 años y quien desde hace seis años se moviliza desde el sur de la ciudad hacia el lugar, por ejemplo posó para algunas tomas, pero también fue una de las que a viva voz coreó las canciones que interpretó la Orquesta Filarmónica Municipal, allí presente.

“Canto porque me encanta. No me canso, juro que no me canso de hacerlo...”, sentencia desde las gradas, mientras escucha el sonido del violín.

Plaza, quien sonríe al recordar que para ejercitar su memoria al ingresar a la entidad tuvo que aprenderse -otra vez- las tablas de multiplicar, al igual que Alfaro, se reencontró con una “gran amiga”. Su compañera Julia Espinosa, con quien trabajó en La Universal por 29 años.

“Hoy con ella hago todo y no tiene ni idea lo emocionante que es. Son aventuras y nada más que eso”, reflexiona, asegurando que cuando la vio, sintió un gran alivio. “No sabía cómo sería estar con personas que no conocía, que es algo que a más de uno le preocupa. Su presencia hizo que todo sea más cálido”, reconoce.

Para la psicóloga Inés Bautista, directora de los centros gerontológicos municipales de Guayaquil, a lo largo de estos doce años el instituto ha logrado fomentar la participación del adulto mayor en la sociedad y asimismo ha fortalecido su autoestima. “Ellos y cada vez con más frecuencia, ponen en práctica sus derechos y se hacen escuchar. Eso me enorgullece”. Evidencia que los miembros del Arsenio de la Torre Marcillo luchan por sus sueños y porque sus emociones jamás se pierdan, manifiesta.