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El pueblo Puruha se enaltece con su reina

¡Yupaychani Mica! (Gracias Mica). Ese era el grito unánime del pueblo de Flores, que se reunió el domingo pasado en el coliseo parroquial para recibir a Micaela Lema Illicachi, electa Reina de Riobamba 2017.

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¡Yupaychani Mica! (Gracias Mica). Ese era el grito unánime del pueblo de Flores, que se reunió el domingo pasado en el coliseo parroquial para recibir a Micaela Lema Illicachi, electa Reina de Riobamba 2017. Es la primera de origen Puruhá en ostentar esa dignidad.

Sus paisanos le prepararon un homenaje y realizaron un ritual para que la soberana se colme de buena energía y poder en el ejercicio de su mandato.

La música entonada por la banda del pueblo dejaba escuchar, daba la bienvenida a cientos de hombres, mujeres y niños que corrían a ganar un puesto para presenciar el programa. Los diferentes diseños sobre los ponchos rojos daban cuenta de la presencia de diversas parroquias y comunidades de Chimborazo.

El sonido de la bocina alertó sobre la llegada a la plaza central de Micaela, cuyo recorrido había iniciado en la comunidad de Puesetug Grande, donde están fijadas sus raíces.

Con su vestimenta tradicional: anaco negro, blusa bordada, faja kawiña, y portando la corona y cinta de reina, la joven ingresó al coliseo acompañada por dos niñas que llevaban un traje similar. En el centro de la cancha se había preparado un círculo de ruda, con puertas a los cuatro shuyos (norte, sur, este y oeste), en los cuales se colocó la representación de los Apu (divinidades).

“Este rito viene desde nuestros ancestros, nuestra cultura no está escrita, sino que está en la cabeza de nuestros taitas y mamas; ahí reposa nuestra ciencia y tecnología, esa es nuestra cosmovisión y filosofía”, aseveró el yachak Cayetano Roldán, quien presidió la ceremonia.

En el norte, se encendió el fuego, que representa al gran Pachacama y al Inti (Sol), fuente de energía y luz en el camino; en el sur, el Yacu (agua), que riega y ayuda a la vida; al este, la representación de un sembrío por la Pachamama (Madre Tierra) que brinda los alimentos; y al oeste el Huayra (viento), representado con un caracol.

Dentro una chacana (cruz andina) formada por habas en vaina y cereales y repleta de frutas y flores, se colocaron dos bateas pequeñas con capulí y mazorcas de maíz. Debajo, en un semicírculo formado por ocas y flores, se ubicó Micaela.

El rito inició cuando el yachak bendijo la chicha (bebida de maíz fermentado), la regó por todo el circuito y luego la dio a beber a Micaela y a los dirigentes. Acto seguido, una mama realizó la limpia con ruda y le profirió consejos en quichua. Después frotó en las manos de la reina un preparado de chaguarmishqui (pulque extraído del penco) y flores silvestres, cuyo olor era dulce y penetrante. “Sirve para la purificación como lo hacían desde hace miles de años los ancestros para ser sinchi runa (guerrero de luz)”, indicó Roldán.

Enseguida se bendijo con fuego una bayeta roja y un tupo (un alfiler de gran tamaño) con varias piedras de colores, con los que se invistió a Micaela. Se le entregó un adorno de flores, en representación del Sisay Pacha (tiempo de floración) como insignia de que su trabajo como soberana florecerá por todo el territorio. El ritual terminó con la limpia de las autoridades acompañantes.

De su lado, a través de sus directivas, las diferentes comunidades de Chimborazo se hicieron presentes con las jochas y felicitaciones a la soberana de 200.000 habitantes aproximadamente que tiene el cantón Riobamba. Todos entregaron bayetas y tupos de diferentes colores y sobres cerrados, para luego dar paso a una gran pambamesa, que es una comida comunitaria.

(F)

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