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Lo que el pueblo anhela
La segunda vuelta electoral es de gran transcendencia para la historia nacional. Mediante este proceso el pueblo ecuatoriano decidirá si quiere continuar “con lo mismo” o si es conveniente “un cambio”. Por esta razón, todo el país exige mayor transparencia y claridad en las elecciones que se avecinan.
El Consejo Nacional Electoral está obligado a acatar las observaciones que hizo la misión de observadores de la OEA, que presenció las elecciones del 19 de febrero. Estas observaciones fueron las siguientes: que se use una tinta indeleble para cada uno de los electores; que se aumenten dos actas de escrutinio, una para cada binomio; eliminar el marcador rojo para llenar los borradores en los resúmenes de actas; modificar los diseños de urnas y de biombos que se usaron en la primera vuelta; capacitar mejor a los miembros de las juntas receptoras de voto.
Todos los partidos y movimientos políticos deben vigilar para que estas sugerencias se pongan en práctica y así se garantice la transparencia. Tan vital como esto es que dada la difícil situación económica, política y ética que atraviesa el país, se produzca lo que la población entera anhela: la unidad de todos los sectores políticos que de una o de otra manera coinciden en puntos importantes, como los de luchar denodadamente contra la corrupción, devolver la institucionalidad al país, mejorar las condiciones de trabajo de los ecuatorianos, luchar eficazmente en contra de las drogas. Por lo que se deben posponer intranscendentes intereses para poner la mirada en el futuro de la patria.
El pueblo anhela, asimismo, que en esta segunda vuelta se debatan ideas y propuestas y no se acuda a la campaña sucia que avergüenza a sus actores, y primordialmente al pueblo ecuatoriano.
No olvidemos que los ciudadanos somos los que decidimos el rumbo de la sociedad. Por eso debemos escoger bien a los futuros mandatarios, luego de haber analizado sus propuestas y sus opciones para gobernar. La opinión nacional no quiere escuchar frases que dividan a los ecuatorianos entre buenos y malos.
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