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Privatizar
Enemigos de las privatizaciones defienden que el Estado siga manejando lo que llaman “las joyas de la corona”: el IESS y los recursos naturales. Estos campos de acción fueron los más afectados por el gobierno ineficiente, corrupto y demagógico de Correa, que asoló al país durante los últimos años.
Con un peso burocrático que se triplicó en el correato, llegando a los actuales 38.450 empleados; corrupción rampante que llevó a sobreprecios en obras y adquisiciones, incremento de los beneficiarios que no aportan al IESS y aumentos en el monto de pensiones sin estudios o análisis que lo sustenten, el Seguro Social se encuentra en estado crítico. El petróleo fue objeto de un gran festín. Cinco proyectos tuvieron sobreprecios: refinerías de Esmeraldas y del Pacífico, Poliducto Pascuales-Cuenca, Terminal Marítimo Monteverde y la Planta de Licuefacción de Gas Bajo Alto, significaron $2.500 millones que no tienen justificación; y lo peor es que las obras no sirvieron. La Refinería del Pacífico es solo un terreno rellenado y compactado y los otros proyectos requieren inversiones adicionales por más de 200 millones para esperar que funcionen y cumplan el objetivo para el cual fueron construidos. Ni hablar de las hidroeléctricas Coca, Toachi, Manduriacu, etc., todas con problemas y aparentes sobreprecios
¿Se hubiera dado esa situación si estas actividades y obras hubieran estado en manos del sector privado? Estoy seguro que no. Comparemos estas obras en manos del Estado con actividades que se han privatizado como el aeropuerto de Guayaquil y los puertos marítimos de la provincia del Guayas. Allí no hay sobreprecios, ni burocracia excesiva y el servicio que prestan, a diferencia del IESS, es ejemplo de eficiencia. Correa hubiera devaluado una moneda nacional para cumplir con sus demagógicos y ampulosos proyectos cuando el precio del petróleo bajó. La dolarización fue una camisa de fuerza que no le permitió tal desacierto. Si el IESS y el sector energético hubiesen estado en manos privadas, la horda de asaltantes no hubiese podido realizar las fechorías que llevaron a cabo.
Enemigos de las privatizaciones defienden que el Estado siga manejando lo que llaman “las joyas de la corona”: el IESS y los recursos naturales. Estos campos de acción fueron los más afectados por el gobierno ineficiente, corrupto y demagógico de Correa, que asoló al país durante los últimos años.
Con un peso burocrático que se triplicó en el correato, llegando a los actuales 38.450 empleados; corrupción rampante que llevó a sobreprecios en obras y adquisiciones, incremento de los beneficiarios que no aportan al IESS y aumentos en el monto de pensiones sin estudios o análisis que lo sustenten, el Seguro Social se encuentra en estado crítico. El petróleo fue objeto de un gran festín. Cinco proyectos tuvieron sobreprecios: refinerías de Esmeraldas y del Pacífico, Poliducto Pascuales-Cuenca, Terminal Marítimo Monteverde y la Planta de Licuefacción de Gas Bajo Alto, significaron $2.500 millones que no tienen justificación; y lo peor es que las obras no sirvieron. La Refinería del Pacífico es solo un terreno rellenado y compactado y los otros proyectos requieren inversiones adicionales por más de 200 millones para esperar que funcionen y cumplan el objetivo para el cual fueron construidos. Ni hablar de las hidroeléctricas Coca, Toachi, Manduriacu, etc., todas con problemas y aparentes sobreprecios
¿Se hubiera dado esa situación si estas actividades y obras hubieran estado en manos del sector privado? Estoy seguro que no. Comparemos estas obras en manos del Estado con actividades que se han privatizado como el aeropuerto de Guayaquil y los puertos marítimos de la provincia del Guayas. Allí no hay sobreprecios, ni burocracia excesiva y el servicio que prestan, a diferencia del IESS, es ejemplo de eficiencia. Correa hubiera devaluado una moneda nacional para cumplir con sus demagógicos y ampulosos proyectos cuando el precio del petróleo bajó. La dolarización fue una camisa de fuerza que no le permitió tal desacierto. Si el IESS y el sector energético hubiesen estado en manos privadas, la horda de asaltantes no hubiese podido realizar las fechorías que llevaron a cabo.